El nuevo libro de Iain Reid ‘We Spread’: un thriller sobre el envejecimiento

Alrededor de dos tercios de “We Spread”, la tercera novela del escritor de Ottawa Iain Reid, la protagonista, Penny, expone su teoría del arte. “(A) medida que crecí, comencé a pensar que el arte se trata de diferentes formas de ver”, dice ella. “Nunca me inspiré en algo completo. Siempre fue un fragmento, una migaja, un pedazo de un momento, una impresión medio olvidada, un lado de una persona”.

La explicación de Penny cumple una doble función, articulando su propia estética como pintora y brindando una especie de descripción en miniatura del enfoque estilístico de Reid para su novela.

La historia se desarrolla principalmente en el centro de cuidado de ancianos Six Cedars, donde un cuarteto de residentes, además de Penny, están Hilbert, un matemático; Peter, violinista; y Ruth, una experta en francés, son atendidos por un par de cuidadores, Shelley y Jack. Los dos administradores de la residencia son un poco demasiado atentos: se duchan con sus protegidos y obsesivamente les cortan el pelo y las uñas a los mayores. La comida es abundante, aunque el té es algo fangoso, solo uno de los muchos detalles que comienzan a acumularse para convencer a Penny de que no todo es lo que parece ser en Six Cedars.

En su trayectoria básica, “We Spread” se parece superficialmente a “Suspiria” de Dario Argento o “Get Out” de Jordan Peele: thrillers de paranoia sobre personas normales que se encuentran atrapadas en un entorno cerrado donde llegan a sospechar que los propietarios albergan motivos nefastos hacia sus invitados. . Pero las sensibilidades literarias de Reid van más allá de esta presentación superficial y, en “We Spread”, amplía su enfoque más allá de sus novelas anteriores, “I’m Thinking of Ending Things” y “Foe”.

Penny es surrealista, a diferencia de su difunto esposo, que pintaba paisajes. Su elección de modo artístico es deliberada: Reid esboza su trama utilizando el mismo tipo de enfoque fragmentario e inconexo que prefieren los pintores antirrealistas como Picasso o Klee. Esto se extiende a la presentación del tipo en la página; los párrafos están separados por espacios de una sola línea y abundan los espacios en blanco, incluidas varias secciones discretas que comprenden solo una oración que flota en una página en blanco.

Las lagunas y el espacio vacío en la página reflejan la experiencia psíquica de Penny en Six Cedars: cuanto más tiempo está allí, más extraño le parece su entorno y más parece estar olvidando. Jack y Shelley suelen ser condescendientes en sus explicaciones de fenómenos que a Penny le parecen inexplicables o siniestros; a nivel temático, la superposición entre el surrealismo y la discontinuidad de la demencia progresiva es muy sutil y discreta.

El uso de un formato de suspenso también sirve para transmitir las preocupaciones más profundas de Reid, que implican una meditación sobre el envejecimiento y la mortalidad. ¿Cuál, pregunta la novela, es el propósito de la vida si todos vamos a morir? ¿Hasta dónde están dispuestas a llegar algunas personas en un intento de engañar o diferir la muerte? ¿Y si la muerte no es, después de todo, un castigo ontológico o metafísico, sino una especie de regalo, un bálsamo para una vida bien vivida y una oportunidad para dejar de lado todos los dolores y tribulaciones de una vida laboral y finalmente descansar?

Estos son temas embriagadores, pero es para crédito de Reid que la novela nunca se siente lúgubre o sermoneadora. Por el contrario, su enfoque técnico —la prosa se presenta en oraciones breves y declarativas prácticamente desprovistas de cláusulas subordinadas u otros adornos— pasa como un relámpago a un ritmo que se vuelve cada vez más ligero a medida que se aclara la verdadera naturaleza de Six Cedars y sus habitantes.

El nombre de la casa hace referencia al frondoso bosque que Penny puede ver desde su ventana, pero que tiene prohibido experimentar directamente, ya que los residentes no pueden salir. La incapacidad de Penny para adivinar los contornos del bosque fuera de su ventana se refleja en un rompecabezas del paisaje en el que ella y Hilbert trabajan juntos: más fragmentos, comentarios más sutiles sobre la naturaleza de una vida individual en el contexto de una comunidad, y lo que significa cuando esos fragmentos finalmente encajan en un todo coherente.

Steven W. Beattie dirige el sitio web literario That Shakespearean Rag

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