La OMM advierte de un fenómeno ‘El Niño’ con un 90% de probabilidad para finales de 2026. El evento podría provocar sequías, incendios y temperaturas récord en varias regiones, incluyendo España.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha emitido una advertencia contundente: existe un 90% de probabilidad de que entre octubre de 2026 y principios de 2027 se desarrolle un episodio de ‘El Niño’ de intensidad excepcional. Los expertos señalan que el calentamiento acelerado de las aguas subsuperficiales del Pacífico podría desencadenar un ‘Súper Niño’, con consecuencias directas sobre el clima global y efectos notables en España.
Según los datos de la OMM, este fenómeno podría provocar un aumento significativo de sequías, incendios forestales y olas de calor en distintas partes del mundo. En América del Sur, el sur de Estados Unidos, el cuerno de África y Asia central se prevén lluvias más intensas, mientras que Centroamérica, el norte de Sudamérica, el Caribe, Australia, Indonesia y zonas del sur de Asia enfrentarían sequías prolongadas. Aunque Europa suele quedar al margen, los modelos actuales no descartan impactos en el continente.
En España, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) advierte que, aunque los efectos no serán tan directos como en otras regiones, el calentamiento global podría amplificar las consecuencias. Se espera un incremento de las temperaturas y una mayor probabilidad de fenómenos extremos, como lluvias intensas a finales de otoño o inicios de invierno. Los especialistas no descartan que 2026 y 2027 se sitúen entre los años más cálidos registrados en el país.
El origen de este fenómeno está vinculado a la alteración de los patrones de viento en el Pacífico, que favorecen la expansión de aguas cálidas hacia el este y modifican la circulación atmosférica. Este proceso interrumpe el afloramiento de aguas frías y reduce la disponibilidad de nutrientes en los ecosistemas marinos, afectando a la cadena alimentaria y a la pesca. Además, la energía y humedad adicionales en la atmósfera aumentan la frecuencia de eventos extremos, como olas de calor y precipitaciones torrenciales.
La OMM subraya que la detección temprana de ‘El Niño’ es clave para mitigar sus efectos. Las previsiones estacionales y las alertas anticipadas permiten a gobiernos y sectores sensibles al clima prepararse ante posibles crisis. Sin embargo, la incertidumbre persiste, ya que nunca antes se ha registrado un episodio de ‘El Niño’ en un contexto de calentamiento global tan acusado como el actual.
El impacto económico y social de fenómenos similares en el pasado ha sido considerable. El episodio de 1997/1998 provocó la muerte del 16% de los arrecifes de coral, pérdidas económicas de 30.000 millones de dólares y cerca de 24.000 víctimas mortales. Las alteraciones en la producción agrícola y el comercio global han derivado en alzas de precios y crisis alimentarias, especialmente en regiones vulnerables.
La OMM y organismos internacionales han iniciado una movilización para coordinar respuestas y apoyar a los países más expuestos. Las recomendaciones incluyen reforzar los sistemas de alerta temprana, acelerar la transición energética y proteger a las comunidades más vulnerables. El contexto actual de cambio climático, según los expertos, puede intensificar los efectos de ‘El Niño’, aunque no se ha demostrado que aumente su frecuencia o intensidad.
Como referencia, ‘El Niño’ es un fenómeno natural que suele repetirse cada dos a siete años y dura entre nueve y doce meses. Su desarrollo depende de la interacción entre el océano y la atmósfera, y su máxima intensidad suele alcanzarse entre noviembre y febrero. En el caso de un ‘Súper Niño’, el aumento de la temperatura superficial del mar puede triplicar los umbrales habituales, generando impactos globales. La vigilancia y la preparación serán determinantes para reducir los daños en los próximos meses.
En contexto, ‘El Niño’ es uno de los principales moduladores del clima mundial y su influencia se extiende a la agricultura, la economía y la salud pública. España, aunque menos expuesta que otras regiones, podría experimentar episodios de calor extremo y lluvias anómalas. La coordinación internacional y la adaptación a los nuevos escenarios climáticos serán esenciales para afrontar los desafíos que plantea este fenómeno en un planeta cada vez más cálido.