Para Anabel Pantoja, lo más difícil de mudarse a Sevilla no ha sido el traslado en sí, sino la sensación de vacío que la acompaña desde que llegó. Acostumbrada a la vida en Canarias, admite que el cambio la ha dejado desbordada y más sola de lo que esperaba. "Ellos no sienten el cambio y no tienen tanto vacío como yo", confiesa, dejando claro que la adaptación no está siendo igual para todos en casa.
Dejar atrás siete años en Arguineguín no fue una decisión fácil. Anabel se mudó a Sevilla con su hija Alma para estar más cerca de su pareja, David Rodríguez, y de sus familias. Pero empezar de cero está resultando más duro de lo previsto. El piso al que han llegado está casi vacío: solo hay un sofá y la televisión en el suelo, una imagen muy distinta a la organización que solía buscar antes de instalarse en un nuevo hogar.
El traslado a Sevilla se produjo de forma más rápida de lo previsto, lo que obligó a Anabel a buscar vivienda en cuestión de días y aumentó el estrés del proceso.
La rutina diaria se ha vuelto un reto. Entre horarios nuevos, noches de insomnio, parques y natación para Alma, Anabel apenas encuentra tiempo para sí misma. "No me da para coger el móvil, y hablar con seguros, instaladores, repartidores y poco más", reconoce. Ha tenido que reducir su actividad en redes sociales, improvisando publicaciones entre siestas y ratos libres, lejos de la creatividad que la caracteriza.
Convertir un piso vacío en un hogar tampoco está siendo sencillo. Siguiendo el consejo de su madre, Merchi Bernal, Anabel ha optado por alquilar ante los precios de compra, que considera "disparados". La vivienda, pequeña y aún sin amueblar, está cerca de la casa materna, pero la sensación de provisionalidad pesa. Para no precipitarse, ha recurrido a una profesional del interiorismo que le ayude a aprovechar el espacio y evitar compras impulsivas. "Yo soy simétrica, rítmica a la hora de decoración", explica, decidida a no repetir errores del pasado.
El contraste con su vida anterior es inevitable. A veces, Anabel se despierta pensando que sigue en su casa de Arguineguín, un hogar que ahora solo existe en la memoria. El esfuerzo por crear un nuevo refugio en Sevilla es constante, pero la nostalgia aparece en los detalles más cotidianos. "Será cuestión de tiempo", se repite, mientras intenta que a su familia no le falte de nada.
Según datos recientes, el mercado inmobiliario en Sevilla ha experimentado un fuerte incremento de precios, lo que ha llevado a muchas familias a optar por el alquiler como solución temporal. Esta tendencia ha sido confirmada por varios medios y organismos oficiales en España.
Estos días, Anabel admira aún más a quienes gestionan familias numerosas o viven lejos de los abuelos. Reconoce que la logística de la maternidad se complica cuando todo es nuevo y el entorno todavía no se siente propio. No es la única que ha compartido públicamente el vértigo de los grandes cambios: otras figuras mediáticas, como se ha visto en casos recientes, también han mostrado cómo la independencia y la mudanza pueden remover más de lo esperado.
En medio de la vorágine, Anabel se aferra a pequeños rituales para cerrar el día, como una ducha de quince minutos para intentar relajarse antes de afrontar el siguiente lunes. Aunque Sevilla es ahora su centro, Canarias sigue siendo parte de su vida y volverá siempre que pueda. La mudanza de Anabel Pantoja no es solo un cambio de dirección: es una prueba de resistencia emocional y de reinvención, donde la imagen pública convive con la vulnerabilidad privada. Detrás de cada foto y cada historia en redes, hay una realidad más compleja y menos glamurosa de lo que parece. En el caso de Anabel, mostrar ese lado menos luminoso es, quizá, el gesto más honesto de su nueva etapa.
La situación de Anabel ha sido recogida por medios nacionales y locales. Según información de Heraldo, la propia influencer ha manifestado su intención de regresar a Canarias siempre que sea posible, subrayando que el vínculo con las islas sigue siendo fundamental para su familia.