Un lote de 881 cartuchos de Atari, sacados de un vertedero en Alamogordo, Nuevo México, se subastó por 107.930,15 dólares. Lo que durante años fue visto como basura tecnológica terminó convertido en uno de los episodios más extraños y rentables del coleccionismo digital.
Todo empezó el 26 de septiembre de 1983. Atari mandó 14 camiones llenos de videojuegos, consolas y material diverso a un vertedero municipal en Alamogordo. La empresa tomó esta decisión por el exceso de inventario tras cerrar su planta en El Paso y por la acumulación de productos no vendidos y devoluciones. El suceso se volvió una de las historias más conocidas del colapso del mercado de videojuegos en Estados Unidos a principios de los 80, según medios como El País y la agencia EFE.
Las excavaciones de 2014 confirmaron que, además de E.T., se enterraron otros títulos emblemáticos como Pac-Man, Centipede, Defender y Asteroids.
La excavación de 2014 desmontó parte del mito. Bajo tierra no solo estaban copias de E.T., sino también títulos como Pac-Man, Centipede, Warlords, Baseball y Yars’ Revenge. Se recuperaron unos 1.300 cartuchos, una cifra muy lejos de la leyenda popular que hablaba de millones de unidades. Solo se excavó una pequeña parte del terreno, así que el número exacto de cartuchos que siguen enterrados es desconocido. Según estimaciones documentales, el total rondaría los 728.000 cartuchos, lejos de los "millones" que decía la leyenda urbana.
El caso de E.T. para Atari 2600 muestra la presión comercial de la época. Howard Scott Warshaw, el desarrollador, tuvo solo cinco semanas y media para terminar el juego, cuando lo normal era dedicar entre seis y ocho meses a un proyecto así. Atari apostó fuerte por la licencia y esperaba vender al menos cuatro millones de copias para cubrir gastos. Pero las ventas apenas pasaron del millón y las devoluciones se acumularon, lo que ayudó al colapso del sector.
El valor de los cartuchos rescatados subió rápido en las subastas. En noviembre de 2014, casi cien unidades sumaron 36.500 dólares. Las copias completas de E.T. con caja llegaron a venderse por hasta 1.537 dólares tras decenas de pujas. El precio medio final fue de 122,50 dólares por cartucho, aunque la cifra cambió según el estado y el título. El Ayuntamiento de Alamogordo recibió más de 65.000 dólares de la recaudación. Otras piezas acabaron en museos e instituciones, como el Museo Nacional de Historia Americana del Smithsonian, que guarda una copia de E.T. con procedencia documentada del vertedero. Según información publicada en El País, la venta de estos lotes fue autorizada oficialmente por el ayuntamiento local.
La media de ingresos por lote vendido fue de unos 122,5 dólares, pero los ejemplares con caja e instrucciones alcanzaron precios mucho más altos, impulsados por su valor arqueológico y de colección.
La operación no solo confirmó que el vertido existió, sino que cambió la historia: Atari no enterró solo E.T., ni fueron millones de copias, sino un inventario variado y limitado. El fenómeno encaja con el auge del coleccionismo de videojuegos clásicos y objetos vintage, donde la procedencia y la historia pesan tanto como el producto. Los certificados de autenticidad entregados en las subastas sumaron valor simbólico a lo que antes era simple residuo industrial.
El caso de Alamogordo muestra cómo un fracaso comercial puede, con el tiempo, convertirse en un activo inesperado. La subida de valor de estos cartuchos no solo se explica por la nostalgia, sino por la búsqueda de piezas únicas con historia comprobada. En un mercado donde el coleccionismo de cartas, consolas y videojuegos antiguos sigue creciendo, la basura de ayer puede ser el tesoro de hoy para quienes saben mirar más allá del polvo y el cemento.