El plan para construir una planta de amoniaco verde en Castellón enfrenta fuerte oposición local. Colectivos y partidos denuncian riesgos industriales y falta de beneficios para la provincia. El Consell estudia alegaciones técnicas.
El proyecto de una macroplanta de amoniaco verde en el polígono industrial de El Serrallo, Castellón, ha desatado una intensa controversia. Una plataforma formada por asociaciones vecinales, grupos ecologistas y partidos como Compromís exige al Consell que detenga la iniciativa, impulsada por Armonia Green Castellón, filial del grupo Ignis, en alianza con el fondo estadounidense KKR. Los opositores consideran que la planta, prevista sobre 200.000 metros cuadrados y con una inversión de 1.656 millones de euros, supone un riesgo excesivo para la seguridad y el medio ambiente local.
La factoría proyecta producir más de 500.000 toneladas anuales de amoniaco verde entre 2025 y 2033, destinado íntegramente a la exportación. Según la empresa, la infraestructura consolidaría a Castellón como nodo energético internacional y evitaría la emisión de 1,2 millones de toneladas de CO2. Sin embargo, los detractores critican que la provincia asumiría los riesgos de una sustancia tóxica y peligrosa, mientras los beneficios ecológicos y económicos se trasladarían fuera, sin impacto en la descarbonización de la industria local.
Informes técnicos de los ayuntamientos de Almassora y Castellón respaldan parte de las preocupaciones. El consistorio de Almassora solicita mediciones continuas de ruido y olores, y el de Castellón advierte del riesgo de "efecto dominó" en una zona con alta concentración de instalaciones peligrosas, como la refinería de BP y plantas químicas de UBE Corporation. Además, el informe municipal señala que la planta ocuparía más del 30% de un área reservada para logística estratégica, limitando el desarrollo urbanístico previsto.
Las alegaciones presentadas por la plataforma No Armonia Green subrayan el peligro de explosión e incendio de los tanques de almacenamiento, con capacidad conjunta de 56.000 toneladas de amoniaco. Se alerta de que una fuga grave podría afectar a núcleos urbanos cercanos, con un radio de daños de hasta cuatro kilómetros. También se denuncia la falta de transparencia en los planes de seguridad, que no han sido sometidos a información pública, y el riesgo de fugas durante el transporte del amoniaco al puerto.
Un reciente informe de la Agencia de Seguridad y Emergencias de la Generalitat, fechado en julio de 2025, es desfavorable al proyecto. El documento concluye que las medidas de protección propuestas no garantizan la mitigación de un posible accidente y exige a la empresa rediseñar el plan con mayores garantías de seguridad.
Otro punto de conflicto es el consumo energético de la planta, que requeriría hasta 850 megavatios, equivalente a una de las centrales de ciclo combinado de El Serrallo. El consumo anual estimado representaría cerca de una cuarta parte de toda la energía eléctrica de la Comunitat Valenciana. Aunque la promotora asegura que la electricidad será de origen renovable, los colectivos advierten que en periodos de baja generación renovable se recurriría a energía de origen fósil. Además, se prevé el vertido anual de cuatro millones de metros cúbicos de salmuera y aguas residuales al puerto, con posible impacto en el entorno marino y zonas protegidas.
La plataforma ciudadana insiste en que no rechaza la producción de amoniaco ni la transición energética, pero considera que la escala y ubicación del proyecto son inadecuadas. Se recuerda que alternativas más pequeñas y orientadas al autoconsumo local, como la impulsada por BP, serían más aceptables para la zona. Los promotores estudiaron previamente otras ubicaciones, como Tarragona y Sagunto, pero finalmente optaron por Castellón.
En contexto, la industria cerámica de Castellón afronta el reto de descarbonizarse, pero la planta no suministrará amoniaco a nivel local. La inversión generaría alrededor de un centenar de empleos estables, cifra considerada insuficiente por los colectivos críticos. El debate sobre la macroplanta refleja la tensión entre la apuesta por energías renovables y la gestión de riesgos industriales en zonas densamente industrializadas. Según datos de la Agencia Internacional de Energía, el amoniaco verde es clave para la descarbonización global, pero su producción y transporte plantean desafíos técnicos y de seguridad que requieren regulación y consenso social.