Ministro y diputado del PSOE ayudaron a conseguir la nacionalidad a implicado en un caso de extorsión. Santos Cerdán y el ministro Félix Bolaños se vieron implicados en el proceso para otorgar la nacionalidad española a Nervis Villalobos. Esta decisión podría haber influido en su posible extradición a Estados Unidos y está relacionada con presiones ejercidas sobre el fiscal anticorrupción.
En España estalla un nuevo escándalo político y judicial: se ha revelado que el diputado Santos Cerdán y el ministro Félix Bolaños desempeñaron un papel clave en el proceso de concesión de la nacionalidad española al exviceministro venezolano Nervis Villalobos. Según la investigación, la nacionalización de Villalobos fue parte de un complejo esquema de presión sobre el fiscal anticorrupción José Grinda.
Según los informes de la Guardia Civil, en diciembre de 2024 el abogado de Villalobos, Ismael Oliver, discutía con Leire Díez la solicitud de ciudadanía para su cliente. Díez intentaba contactar con “Félix” —presuntamente el ministro Bolaños— para acelerar el proceso. Ya al día siguiente, Cerdán informó que Bolaños había explicado la demora por un caso penal relacionado con “Duro Felguera”, en el que Villalobos se enfrentaba a hasta 9 años de prisión por blanqueo de capitales vinculados a la petrolera venezolana PDVSA.
Según la investigación, Villalobos no solo estaba implicado en casos de corrupción, sino que también era una pieza clave en los intentos de presionar al fiscal Grinda. A través de Leire Díez y su entorno, en el que figuraban el exdirector de la SEPI Vicente Fernández y el empresario Anxón Alonso, se discutían proyectos empresariales conjuntos e incluso la organización de una reunión con el presidente del Banco de España. Sin embargo, el objetivo principal seguía siendo proteger a Villalobos de una posible extradición a Estados Unidos, algo que fue posible tras obtener la ciudadanía mediante la Ley de Memoria.
En los materiales del caso figuran otros episodios: Leire Díez buscaba activamente información comprometedora sobre Grinda, recurriendo tanto a intentos de soborno como a presiones a través de terceros. En concreto, según la investigación, el periodista Pere Rusiñol ofreció al fiscal no solo dinero, sino también perspectivas profesionales a cambio de colaboración en el cierre de casos de alto perfil. Tras la negativa de Grinda, el esquema pasó a intentar ejercer presión mediante demandas civiles, en las que participaba la vecina de Jaén Miriam Serrano. Su encuentro con Serdán y otros miembros del grupo tuvo lugar en Madrid, y los contactos posteriores estuvieron acompañados de promesas de empleo y apoyo financiero.
Un detalle importante fue la confesión del ministro Bolaños de que la ciudadanía efectivamente se concedió a Villalobos según la Ley de Memoria, pese a su condición de acusado. Esta decisión despertó el interés de la UCO, que solicitó la documentación pertinente para comprobar la legalidad del procedimiento. El propio Villalobos afirma que inicialmente se le denegó la solicitud debido al proceso penal, pero que según la Ley de Memoria bastaba con acreditar el origen español de sus antepasados.
El escándalo con la participación de altos cargos y protagonistas de casos de corrupción vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de la transparencia de los procedimientos y la influencia de las relaciones personales en las decisiones del poder. Estas historias no son raras en la política española: anteriormente, como se indicó en el reportaje sobre el caso Azud, las investigaciones por corrupción ya condujeron a dimisiones y sonoros procesos judiciales (más sobre las consecuencias para los funcionarios).
Para referencia: la ley de memoria históricamente permitía a los descendientes de españoles obtener la ciudadanía, incluso si estaban bajo investigación, siempre que se cumplierсьen los requisitos formales. En los últimos años, España ha endurecido el control sobre la concesión de ciudadanía, especialmente en casos relacionados con corrupción e investigaciones internacionales. Sin embargo, la práctica demuestra que las conexiones políticas y personales siguen pudiendo desempeñar un papel decisivo en el destino de determinados solicitantes.