En Madrid, París y Berlín, la situación es clara: más del 65% de los habitantes no pueden permitirse alquilar ni siquiera un estudio de 50 metros cuadrados destinando un tercio de su salario. El acceso a la vivienda se ha vuelto un problema que afecta tanto a grandes capitales como a ciudades medianas. El último estudio de la TU Wien, publicado en Journal of Maps, pone cifras a una tendencia que ya se nota en la calle: el 44% de la población urbana europea vive en ciudades donde el sueldo medio solo alcanza para comprar menos de 50 metros cuadrados.
El análisis se basa en más de 21 millones de anuncios inmobiliarios publicados entre marzo de 2024 y marzo de 2025 en 31 países. Los investigadores cruzaron precios de venta y alquiler con los ingresos medios regionales para calcular cuántos metros puede permitirse realmente un ciudadano medio. El resultado es un mapa de Europa donde la vivienda pequeña, lejos de ser una opción de entrada, se ha convertido en un lujo para muchos.
Más del 70% de los europeos vive en regiones donde el salario medio no permite comprar una vivienda de más de 75 metros cuadrados, lo que afecta especialmente a familias.
El problema no se limita a la compra. El 39% de los europeos no puede alquilar una vivienda de 50 metros cuadrados con su salario medio. La dificultad es mayor en las grandes capitales, pero también se extiende a ciudades como Dublín, Lisboa, Varsovia, Praga y Budapest. En estos lugares, aunque el salario local es más alto que la media nacional, no basta para acceder a más metros. El patrón se repite: los sueldos suben, pero los precios de la vivienda suben aún más rápido.
Mercados tensionados y diferencias regionales
Portugal, Países Bajos y Suiza destacan como mercados donde la vivienda resulta sistemáticamente inaccesible para quienes tienen ingresos medios. Polonia y Hungría, a pesar de sus rentas más bajas, también muestran un encarecimiento rápido. En Irlanda e Italia, el alquiler ha llegado a superar proporcionalmente el coste de una hipoteca, dejando a muchos atrapados entre dos opciones igual de inalcanzables. Solo los países nórdicos y bálticos —Suecia, Noruega, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania— mantienen mejores niveles de asequibilidad, aunque sus capitales tampoco escapan a la presión.Según Eurostat, los gastos de vivienda representan una de las principales cargas para los hogares europeos, y en varios países una parte significativa de la población destina más del 40% de sus ingresos al pago de la vivienda.
El estudio advierte que los datos parten de promedios regionales, lo que significa que una minoría con ingresos altos eleva la media y oculta la gravedad real para la mayoría. Además, la presión sobre el mercado no es igual en todas partes: las áreas metropolitanas y las zonas costeras sufren mucho más que el interior rural.
Hipotecas largas y espacio limitado
Ni siquiera una hipoteca a 30 años garantiza una vivienda de tamaño familiar. Más del 70% de los europeos vive en regiones donde, con el ingreso medio, solo se puede aspirar a comprar hasta 75 metros cuadrados. Esta cifra no equivale a una oferta bancaria concreta, pero sí marca el techo realista para la mayoría de los hogares. El impacto es especialmente duro para jóvenes y familias que buscan su primera vivienda o se ven obligados a mudarse por trabajo.El efecto desbordamiento ya se nota: los precios de los centros urbanos empujan la demanda hacia municipios periféricos, encareciendo también esas zonas y reduciendo las alternativas asequibles. El fenómeno recuerda a lo que ocurre en el mercado rural, donde propiedades como la oferta gallega de casas de piedra con terreno parecen cada vez más excepcionales frente a la presión de la demanda urbana.
Costas y turismo agravan la escasez
Las regiones costeras y turísticas, especialmente en España, Francia, Portugal, Grecia y Croacia, sufren una presión añadida por la proliferación de segundas residencias y alquileres turísticos de corta duración. Esta dinámica reduce la oferta de vivienda habitual y dificulta que los residentes puedan quedarse en su zona. Los autores del estudio proponen regular las plataformas de alquiler turístico y limitar el uso de segundas viviendas en las áreas más tensionadas, aunque reconocen que se trata de recomendaciones y no de políticas ya aplicadas.En España, las ayudas al alquiler previstas para 2026 pueden aliviar a quienes cumplen los requisitos, pero la demanda supera con creces la oferta y los límites de renta dejan fuera a muchos afectados. El contexto europeo muestra que la crisis de acceso a la vivienda no es un fenómeno aislado, sino una consecuencia directa de la falta de políticas coordinadas y de la presión especulativa sobre el mercado inmobiliario. Según El Mundo, la situación en España refleja la tendencia europea, con grandes diferencias entre regiones y una presión creciente en las zonas urbanas.
El diagnóstico es claro: la vivienda asequible se ha convertido en una excepción en las grandes ciudades europeas. Mientras los precios sigan creciendo por encima de los salarios y la regulación no frene el uso especulativo de los inmuebles, acceder a un piso digno seguirá siendo un privilegio para una minoría. La urgencia de respuestas estructurales ya no es solo una cuestión social, sino también un reto económico y político para la próxima década.