La Guardia Urbana y Mossos d’Esquadra han desalojado un asentamiento en Montjuïc. El Ayuntamiento alega problemas de seguridad y salubridad. Se ofrecieron plazas en albergue, pero la mayoría rechaza esta opción.
La mañana de este viernes, la Guardia Urbana de Barcelona, con apoyo de los Mossos d’Esquadra, ejecutó el desalojo de uno de los asentamientos de personas sin hogar más visibles de Montjuïc, situado en la calle Josep Carner, cerca de la carretera de Miramar y la ronda del Litoral. La intervención, que comenzó a las ocho, se centró en una zona de tiendas de campaña donde vivían varias decenas de personas en condiciones de extrema vulnerabilidad, muchas de ellas con problemas de salud y exclusión social.
El operativo incluyó la participación de servicios sociales, equipos de limpieza y la Agencia de Salud Pública de Barcelona. Según el Ayuntamiento, la medida responde a los “graves problemas de seguridad, salubridad y convivencia” generados en la zona, donde la combinación de sinhogarismo, adicciones y pequeños delitos ha deteriorado la convivencia y las condiciones higiénicas. Aunque no se ha precisado el número exacto de personas desalojadas, entidades sociales estiman que podrían ser alrededor de medio centenar. Habitualmente, en el asentamiento pernoctaban unas 70 personas, pero muchas ya habían abandonado el lugar tras ser avisadas del desalojo.
El Ayuntamiento ofreció a los afectados alojamiento temporal en el Centro de Urgencias y Emergencias Sociales de Barcelona (CUESB), aunque la experiencia muestra que la mayoría de estos colectivos desconfía de los albergues y suele rechazar este tipo de recursos. El asentamiento desalojado es solo uno de los varios núcleos de infravivienda detectados en Montjuïc, donde en mayo se contabilizaban más de 200 personas durmiendo al aire libre. La situación ha generado debate político, especialmente después de que el líder del PP en Barcelona, Daniel Sirera, reclamara el jueves el desmantelamiento de todos los asentamientos de la montaña.
La presencia de campamentos improvisados en Montjuïc refleja una problemática social persistente en Barcelona, donde la falta de alternativas habitacionales y la desconfianza hacia los recursos municipales dificultan la reintegración de las personas sin hogar. La intervención de este viernes se suma a otras actuaciones recientes en la ciudad, donde la convivencia entre residentes y colectivos vulnerables sigue siendo un reto para las administraciones. En contextos similares, como ocurrió tras un incendio forestal en la M-501 que obligó a medidas de emergencia en Pelayos de la Presa, las autoridades han tenido que coordinar dispositivos de urgencia para proteger a los más expuestos (ver cómo se gestionó otro operativo de emergencia).
En Barcelona, la gestión de los asentamientos de sintecho sigue siendo un desafío estructural. Según datos municipales, la ciudad ha visto aumentar el número de personas viviendo en la calle en los últimos años, especialmente en zonas periféricas y espacios públicos de difícil acceso. Los recursos de emergencia, como el CUESB, ofrecen soluciones temporales, pero no abordan el fondo del problema: la falta de vivienda asequible y la atención integral a quienes sufren exclusión social y problemas de salud mental. La presión política y social sobre el Ayuntamiento para encontrar respuestas más eficaces se mantiene, mientras los asentamientos se desplazan o reaparecen en otros puntos de la ciudad.