Triana se despide para siempre con la muerte de Eduardo Rodríguez Rodway. El guitarrista, último guardián de la formación original, falleció este sábado en el Hospital Universitario de Puerto Real a los 81 años. Su muerte no solo cierra una vida, también pone fin a una de las historias más reconocidas del rock español. La familia confirmó la noticia, que difundió la Agencia EFE. Andalucía pierde a uno de sus músicos más influyentes. Para los seguidores del grupo, se apaga la última luz de una generación única.
Rodway nació en Sevilla en 1945. Creció entre arte y tradición, pero la guitarra marcó su camino desde los 16 años. Accedió a discos de rock y psicodelia gracias a las bases estadounidenses de San Pablo y Rota. Aquella música apenas llegaba a España en esos años. Antes de Triana, pasó por Los Payos y triunfó con ‘María Isabel’. Pero fue su encuentro con Jesús de la Rosa en Madrid lo que cambió su rumbo y el de la música nacional.
Con la muerte de Eduardo Rodríguez Rodway, desaparece el último miembro vivo de la formación original de Triana, cerrando así la etapa fundacional del rock andaluz.
Triana nació en Madrid, cuando Rodway y De la Rosa empezaron a experimentar juntos. Luego llegó Juan José Palacios ‘Tele’ a la batería. Dolores Montoya y Manuel Molina estuvieron un tiempo, pero pronto el grupo quedó reducido al trío definitivo. Su mezcla de raíces andaluzas con rock progresivo y psicodelia de Pink Floyd, The Doors o King Crimson rompió esquemas. El primer disco, ‘El patio’ (1975), pasó desapercibido al principio, pero el boca a boca lo hizo clásico. ‘Hijos del agobio’ y ‘Sombra y luz’ consolidaron el mito.
Triana ganó popularidad con cada disco. Pero en 1983, la muerte de Jesús de la Rosa en un accidente de tráfico lo cambió todo. Para Rodway, ese golpe fue definitivo. Existía un pacto entre los tres músicos: si uno faltaba, Triana debía terminar. Así lo explicó años después. Para él, la esencia del grupo no podía seguir sin uno de sus pilares. Aun así, Tele intentó revivir el nombre con otros músicos. Eso llevó a un enfrentamiento legal con Rodway que duró hasta la muerte del batería en 2002.
Rodway se alejó de los focos y de la vida pública. Eligió Los Caños de Meca como refugio. Allí, según contaba, encontró la calma y la rutina que necesitaba tras décadas de música. En una entrevista con ABC, recordó cómo los primeros ensayos con De la Rosa en Madrid le sorprendieron por su originalidad: “No sonaba como nada que hubiéramos escuchado”. También habló de la importancia de las bases americanas en su formación y de cómo los militares les conseguían discos imposibles de encontrar en la España de entonces.
El legado de Triana y de Rodway sigue vivo en quienes descubren sus discos. Las historias de pactos, rupturas y reconciliaciones en la música española son conocidas, como en otros casos reportados antes, pero pocos grupos marcaron tanto una época. Rodway decidió retirarse junto al mar, lejos de escenarios y disputas. Fue el último gesto de un músico que supo cuándo parar y dejar que la leyenda hablara sola. El final de Triana no es solo el cierre de una banda, es el eco de una generación que eligió la autenticidad antes que la nostalgia.
La muerte de Eduardo Rodríguez Rodway fue recogida por medios nacionales y confirmada en la nota oficial de la Agencia EFE. Su legado sigue pesando en la historia del rock español.