Aisha El Bannoudi murió tras meses de lucha en el hospital. La investigación apunta a un plan premeditado, con su marido y dos sicarios detenidos. El caso deja tres huérfanos y expone nuevas aristas de la violencia de género.
La muerte de Aisha El Bannoudi en Sevilla la Nueva (Madrid) ha sacudido a la comunidad y ha puesto de relieve la complejidad y la brutalidad de algunos crímenes de violencia de género en España. La mujer, de 30 años y madre de tres hijos, falleció el 17 de julio tras no superar las graves secuelas de un ataque sufrido cinco meses antes en su propio domicilio. La investigación de la Guardia Civil apunta a un plan meticulosamente preparado, en el que su marido, Ibrahim B., habría contratado a dos sicarios para acabar con su vida.
El ataque ocurrió el 2 de febrero, cuando Aisha fue sorprendida en su casa por dos hombres vestidos de negro. Mientras su bebé dormía en la cuna, la rociaron con un líquido inflamable y le prendieron fuego, provocándole quemaduras en la mitad de su cuerpo. A pesar de la gravedad de las heridas, la víctima logró llamar a emergencias y a su suegro antes de perder el conocimiento. Durante los meses siguientes, fue sometida a cerca de cincuenta intervenciones quirúrgicas, pero finalmente no pudo recuperarse.
Las pruebas recabadas por la Guardia Civil han sido determinantes. Cámaras de tráfico captaron los movimientos de Aisha la mañana del ataque y registraron la presencia de un Citroen blanco, propiedad de su marido, en las inmediaciones de la vivienda. Según la reconstrucción policial, Ibrahim B. habría facilitado las llaves de la casa a los sicarios, Anderson M. y Julio M., y los habría guiado hasta la puerta antes de dirigirse a su trabajo. Tras la agresión, el propio Ibrahim regresó al domicilio y, según los sanitarios, mostró una actitud inusualmente tranquila ante la escena.
La investigación también reveló que, solo nueve días antes del ataque, Ibrahim había contratado un seguro del hogar, del que cobró más de 3.000 euros tras el incendio provocado. Además, los agentes descubrieron que el marido intentó organizar un nuevo atentado contra Aisha mientras ella permanecía ingresada en el hospital, llegando a conversar con una mujer sobre la posibilidad de rematarla durante sus curas.
El entorno familiar de Aisha fue clave para enfocar la investigación. Sus hermanos, alertados por rumores de infidelidad, tendieron una trampa a Ibrahim y confirmaron sus sospechas. Poco después, Aisha le comunicó su intención de separarse, lo que, según el abogado de la familia, habría sido un detonante para el crimen. La víctima nunca había presentado denuncias previas por malos tratos, aunque sí manifestó sentirse en peligro y llegó a grabar a su marido en situaciones comprometedoras.
El 18 de marzo, la Guardia Civil detuvo a Ibrahim B. y a los dos presuntos sicarios. La familia de Aisha, devastada por la pérdida, se ha volcado en el cuidado de los tres menores huérfanos, mientras el caso sigue su curso judicial. La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género ha reconocido a Aisha como la víctima número 29 en lo que va de año.
España mantiene desde hace años un sistema de protección y seguimiento de los casos de violencia de género, con protocolos de actuación policial y judicial. Sin embargo, la ausencia de denuncias previas y la sofisticación de algunos crímenes dificultan la prevención. El caso de Aisha pone de relieve la importancia de la detección temprana y el apoyo a las víctimas, así como la necesidad de reforzar los mecanismos de protección en situaciones de riesgo. Según datos oficiales, la violencia de género sigue siendo una de las principales preocupaciones sociales y políticas en el país, con medidas en constante revisión para mejorar la respuesta institucional y la atención a los menores afectados.