El piruétano sobrevive a duras penas en Doñana. Un estudio de la EBD-CSIC, publicado en Biological Conservation, ha seguido durante veinte años el impacto de ciervos y jabalíes en el Parque Nacional. El resultado es claro: apenas hay regeneración y la mortalidad de los árboles adultos supera el 60% en zonas como Matasgordas.
La ley prohíbe la caza deportiva y comercial en los parques nacionales, pero sí permite controles de población por gestión. Aun así, la protección legal no basta para asegurar el futuro del piruétano. El trabajo de campo apunta a la herbivoría como la causa principal de muerte de plántulas: en Matasgordas, el 75% de las muertes identificadas se deben a animales que comen o destruyen los brotes jóvenes. En Reserva, la cifra es del 51,6%.
En Rocina, fuera del parque, la mortalidad de árboles adultos fue solo del 3,8% en tres años, frente al 40,4% registrado en Matasgordas dentro del parque.
Presión animal y sequía
El equipo de investigación contó más de 350 plántulas y cerca de 2.540 brinzales en cinco poblaciones, dos dentro del parque y tres fuera. Los datos muestran que la presión de ramoneo es mucho mayor dentro del parque, con valores entre el 23% y el 40%, frente al 14% y 27% fuera. Ciervos y jabalíes no solo dañan los brotes, también comen o destruyen los frutos, lo que reduce las semillas para nuevas generaciones.
La falta de agua empeora la situación. En Matasgordas, más del 60% de los árboles reproductores han muerto en veinte años. Los autores lo relacionan con la sobreexplotación del acuífero y las sequías largas. Así, la herbivoría explica el fracaso en la regeneración, pero no es la única causa del declive.
Las autoridades españolas han intensificado el cierre de pozos ilegales y la reducción del uso del acuífero en Doñana, en respuesta a la crisis hídrica que afecta tanto a la biodiversidad como a la agricultura de la región.
Gestión activa y paradoja de conservación
El estudio deja claro que la protección jurídica impide cambios de uso del suelo, pero no arregla los desequilibrios ecológicos. La densidad de ciervos ha subido: en 2023, la EBD-CSIC midió un Índice Kilométrico de Abundancia de 4,69 contactos por kilómetro, cuando la media entre 2004 y 2022 era de 2,74. La población ronda los 4.000 ciervos desde 2014, según los datos disponibles.
Los científicos piden gestionar de forma activa las densidades de ungulados, restaurar el equilibrio entre depredadores y presas y proteger a los dispersores de semillas. También ven necesario un uso sostenible del agua subterránea y vigilar la recarga del acuífero. Ninguna de estas medidas implica volver a la caza deportiva: la ley ya permite controles técnicos de población cuando la conservación lo exige.
Un reto para la conservación
El caso del piruétano en Doñana muestra una paradoja: proteger un espacio natural no garantiza la supervivencia de todas sus especies si no se actúa sobre los factores que frenan su regeneración. Los autores proponen revisar la situación del piruétano en la Lista Roja de la UICN, donde figura como Preocupación Menor, porque el riesgo en Doñana es especialmente alto.
La gestión activa de la fauna no es nueva en España. Iniciativas como el modelo extremeño para proteger al conejo silvestre demuestran que la intervención técnica puede ser clave para evitar la desaparición de especies en espacios protegidos.
La situación del piruétano en Doñana pide una respuesta basada en datos y gestión adaptativa. La experiencia enseña que conservar de verdad va mucho más allá de prohibir la caza: hay que actuar sobre las causas concretas del declive, ajustar las densidades animales y asegurar agua suficiente. Solo así la protección legal no se convertirá en una trampa para las especies más vulnerables del parque.
Las cifras y propuestas de este estudio han sido recogidas y debatidas en medios como Diario de Sevilla, y han despertado el interés de organismos como el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y la Agencia EFE.