Apagar el aire acondicionado cada vez que baja la temperatura puede aumentar el consumo y el desgaste del equipo. Los expertos recomiendan ajustar el termostato antes de desconectarlo, salvo si la vivienda queda vacía durante horas.
Apagar el aire acondicionado en cuanto se percibe una ligera sensación de frío parece una solución lógica para ahorrar energía, pero la realidad es más compleja. Según especialistas en climatización, este hábito puede provocar justo el efecto contrario: un mayor consumo eléctrico y un desgaste prematuro del aparato.
El motivo principal está en el funcionamiento del compresor, el componente que más energía demanda en el sistema. Cada vez que el equipo se apaga y vuelve a encenderse, el compresor debe arrancar desde cero, generando picos de consumo y forzando el mecanismo. Si este ciclo se repite varias veces en poco tiempo, la eficiencia global del sistema se reduce y la factura eléctrica puede aumentar.
La empresa JJ Aires Acondicionados advierte que los equipos con tecnología inverter, cada vez más presentes en los hogares españoles, están diseñados para mantener una temperatura estable ajustando la potencia de manera progresiva. En lugar de funcionar siempre al máximo o detenerse por completo, el inverter modula la velocidad del compresor según la demanda térmica de la estancia. Así, se evitan los arranques bruscos y se logra un ambiente más confortable con menos gasto.
Por eso, los expertos recomiendan que, si la habitación sigue ocupada, es preferible subir uno o dos grados el termostato antes que apagar el aire acondicionado por completo. De este modo, el equipo reduce su potencia y mantiene el confort sin incurrir en ciclos de encendido y apagado que penalizan la eficiencia. Solo cuando la vivienda va a quedar vacía durante varias horas, tiene sentido desconectar el aparato para evitar un consumo innecesario.
La temperatura ideal para equilibrar confort y ahorro depende de varios factores, como la ropa que se lleva en casa o la orientación de la vivienda. JJ Aires Acondicionados sugiere programar entre 23 y 24 grados, aunque el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía considera que 26 grados pueden ser suficientes si se utiliza ropa ligera. Cada grado que se eleva el termostato puede suponer un ahorro de hasta el 7% en climatización.
Además, mantener puertas y ventanas cerradas, limpiar los filtros regularmente y aprovechar toldos o persianas en las horas de más sol ayuda a reducir la carga térmica y el consumo del aire acondicionado. El uso de termostatos programables también permite adaptar el funcionamiento del sistema a los horarios reales del hogar, evitando que el equipo trabaje cuando no es necesario.
El debate sobre cómo gestionar el aire acondicionado se intensifica en los meses de calor, cuando el gasto energético se dispara y las noches apenas refrescan. En este contexto, la gestión eficiente de la climatización se vuelve clave para el bolsillo y el confort. De hecho, la AEMET ya ha advertido sobre cómo las altas temperaturas nocturnas obligan a repensar los hábitos de ventilación en casa, lo que refuerza la importancia de ajustar el uso del aire acondicionado a las nuevas condiciones climáticas.
En definitiva, apagar y encender el aire acondicionado de forma constante no es la mejor estrategia para ahorrar. Ajustar la temperatura y aprovechar las funciones automáticas del equipo permite mantener el confort y reducir el gasto, siempre que se adapte el uso a las necesidades reales de cada hogar.