El coste real de estudiar lejos de casa va mucho más allá de la matrícula y los libros. Para Joan Marqués Pascual, menorquín de 20 años, la independencia universitaria en Manresa solo fue posible gracias a un verano de trabajo intenso y al apoyo económico de sus padres, que asumieron los 200 euros mensuales correspondientes a su parte del alquiler. Sin esa ayuda, mudarse habría resultado imposible.
El piso donde residía Joan costaba 800 euros al mes, repartidos entre cuatro estudiantes. A los 200 euros de alquiler se sumaban 10 euros de wifi y gastos trimestrales de suministros, además de la compra y productos de limpieza, que se pagaban entre todos y se ajustaban por Bizum. Solo el alojamiento suponía al menos 1.800 euros por curso, calculados sobre nueve meses, sin incluir comida, suministros ni gastos personales.
En agosto de 2026, el precio medio del alquiler en España alcanzó los 14,36 €/m² al mes, con un incremento anual del 2,4%.
Joan trabajaba cada verano en Menorca, de junio a septiembre, para ahorrar lo necesario y cubrir sus gastos durante el curso: alimentación, salidas y compras cotidianas. “Lo cubro con lo que ahorro en verano”, explicaba. Aunque no se detalló el salario exacto, el reparto era claro: los ingresos propios iban a los gastos diarios, mientras la familia se hacía cargo del alquiler.
La búsqueda de piso fue directa: Joan encontró alojamiento a través de la web de la universidad y contactó por WhatsApp con el primer anuncio que le encajó. No conocía a sus futuros compañeros, pero la proximidad al centro de estudios fue determinante. Según relató, el proceso resultó sencillo, aunque no todos los estudiantes tienen esa suerte. Muchos se ven obligados a largos desplazamientos diarios por no poder pagar una habitación cerca de la universidad.
El contexto del alquiler
En 2026, el informe de Fotocasa situó el precio medio de una habitación en España en 505 euros mensuales en julio, con subidas en 54 de las 67 ciudades analizadas. En Cataluña, la media alcanzó los 611 euros. Aunque la cifra de Joan era inferior, él mismo reconocía que algunos conocidos pagaban 300 o 350 euros por una habitación. Sin embargo, estos datos no reflejan el mercado local de Manresa ni garantizan que todos los estudiantes encuentren opciones asequibles.
Cataluña se mantiene como una de las regiones más caras para estudiantes, con precios de habitación en Barcelona rondando los 600 euros mensuales, mientras que en Madrid y Palma la media es de unos 550 euros. La presión sobre el mercado de alquiler obliga a muchos jóvenes a buscar alternativas lejos del centro o a compartir piso para reducir costes.
El precio del alquiler es solo una parte del gasto. La entrevista no detallaba el presupuesto completo de Joan ni cuántos meses exactos cubrían sus padres, pero sí dejaba claro que la ayuda familiar era imprescindible para sostener la vida universitaria fuera de casa.
Soledad y adaptación
El reto económico no fue el único obstáculo. Joan reconocía que las primeras semanas lejos de su familia y amigos fueron especialmente duras: “Lloré bastante y me sentía desubicado”. Compartía piso con dos chicos y una chica, todos estudiantes, y aunque surgían discusiones, valoraba la convivencia y el ambiente respetuoso. Lo más difícil seguía siendo la distancia con los suyos.
Su objetivo era aprovechar los años de formación, ahorrar y regresar a Menorca para ejercer en el ámbito de la Fisioterapia. Comprar una vivienda era solo una aspiración a largo plazo. Para quienes se plantean mudarse por estudios, la universidad UManresa ofrece información sobre alojamiento y un foro para contactar con otros estudiantes, aunque la clave sigue siendo comparar precios, duración de contratos y gastos incluidos antes de tomar una decisión.
El verdadero coste de la independencia
La historia de Joan refleja la realidad de miles de jóvenes que, para poder estudiar fuera, dependen de una combinación de trabajo estacional y apoyo familiar. El precio de una habitación, aunque relevante, no muestra el esfuerzo económico total ni las dificultades emocionales del proceso. El contexto actual, con precios medios al alza y diferencias notables entre ciudades, obliga a muchas familias a hacer cuentas y a los estudiantes a buscar fórmulas de supervivencia que van mucho más allá de la simple renta mensual.
El análisis de la situación muestra que la movilidad universitaria en España sigue siendo un privilegio condicionado por la capacidad de ahorro y el respaldo familiar. Mientras los precios del alquiler no se ajusten a la realidad de los estudiantes, historias como la de Joan seguirán siendo la norma y no la excepción.
Según el análisis de Expansión, las autoridades regionales han reconocido la necesidad de ampliar la oferta de residencias públicas y viviendas reguladas para estudiantes, especialmente en regiones como Andalucía, donde se prevé reforzar la red de plazas disponibles para el curso 2026-2027.