Verano de 2026 en España: el pronóstico augura calor superior a la media y nuevos récords. La temporada de 2026 en España podría convertirse en una de las más calurosas de los últimos años. Los pronósticos señalan temperaturas por encima de lo habitual y un aumento en la cantidad de días de calor extremo. Las autoridades alertan sobre riesgos para la salud y los recursos hídricos.
A España le espera en 2026 un verano con temperaturas por encima de los valores medios, fenómeno que será especialmente notable en las regiones centrales, orientales y mediterráneas del país. Según las previsiones estacionales, la probabilidad de calor anómalo es alta en prácticamente todo el territorio, incluidos ambos archipiélagos. En algunas zonas del suroeste, la temperatura podría mantenerse más cerca de los valores habituales, aunque incluso allí se espera un ligero exceso sobre la norma.
Los meteorólogos subrayan que no se trata de extremos diarios, sino de una tendencia basada en probabilidades: en general, el periodo estival será más cálido de lo habitual. Esto no permite especificar de antemano el número exacto de olas de calor ni los días con las temperaturas máximas, pero la tendencia general es clara: el verano se vuelve más largo y caluroso, y los episodios de calor extremo son cada vez más frecuentes y precoces.
En cuanto a las precipitaciones, las previsiones no registran desviaciones significativas respecto a la norma. Para la mayoría de las regiones de España, esto implica la continuidad de un verano seco, especialmente en el centro, en el sur y en la costa mediterránea. Incluso si la cantidad de lluvias se mantiene “dentro de lo normal”, en varias ciudades —por ejemplo, en Sevilla o Madrid— estos valores siguen siendo muy bajos: durante el verano aquí caen entre 0,6 y 19,6 mm al mes. En ciudades del norte como Bilbao, las lluvias estivales son más notorias, pero incluso allí los periodos de sequía no son infrecuentes.
La problemática de las olas de calor sigue siendo central para el verano de 2026. En los últimos años, el número de días con temperaturas extremas en España ha aumentado notablemente: en 2022 fueron 41 días, y el verano de 2025 se convirtió en el más caluroso desde que existen registros. Se considera ola de calor cuando la temperatura se mantiene por encima de un determinado umbral durante varios días consecutivos y afecta a una parte significativa del país. En los últimos años, estos periodos no solo son más frecuentes, sino también más prolongados.
Las temperaturas récord ya han alcanzado 46,9 ºC en Córdoba, 46,2 ºC en Murcia, 45,4 ºC en Badajoz y 44 ºC en Bilbao. Estas cifras no son una previsión para 2026, pero muestran el alto potencial de calor extremo en el país bajo determinadas condiciones meteorológicas.
Los meteorólogos prestan especial atención a las temperaturas nocturnas. En los últimos años ha aumentado el número de las llamadas noches tropicales, cuando la temperatura no baja de los 20 ºC, e incluso noches con mínimas por encima de 25 ºC. Esto genera una carga adicional para la salud, especialmente para las personas mayores, niños, embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas. En las ciudades, el efecto se agrava por la alta densidad de edificaciones y la falta de espacios verdes.
Ante la previsión de calor, las autoridades recomiendan prepararse con antelación para el verano: ajustar la rutina diaria, evitar la exposición al sol en las horas de mayor calor, mantener una adecuada hidratación y prestar atención a los avisos meteorológicos. En un clima seco y con altas temperaturas, aumentan los riesgos de deshidratación, golpes de calor y deterioro de las plantas y la agricultura.
Para entender la magnitud: según datos de la agencia meteorológica española, la temperatura media del país ha ido aumentando de forma constante en los últimos 30 años, y el número de días con calor extremo sigue creciendo. En 2025, España ya ha enfrentado dos grandes olas de calor: del 18 de junio al 4 de julio y del 3 al 18 de agosto. En estas condiciones, incluso un verano “normal” en cuanto a precipitaciones puede suponer un estrés adicional para los ecosistemas y la población.