Un caso insólito sacudió este martes Cabrera d’Anoia, en Barcelona. Los Mossos d’Esquadra encontraron el cadáver de un hombre de 77 años. Según contó su esposa, llevaba dos años muerto dentro de la casa. Todo salió a la luz porque varios vecinos, preocupados por el abandono visible y la ausencia de la familia, dieron la voz de alarma.
La casa, en la urbanización de Can Formiga, mostraba maleza alta, suciedad y un coche parado durante años. Nadie veía a la familia desde el inicio de la pandemia. Los vecinos llamaron al 112 tras oír ruidos esporádicos dentro, aunque por fuera todo parecía parado.
La policía catalana confirmó que el cuerpo fue hallado en avanzado estado de descomposición y que la investigación sigue abierta a la espera de los resultados de la autopsia.
Cuando llegó la policía, una mujer de 59 años abrió la puerta. Vivía allí con su hija de 22 años. Las dos dijeron que no salían desde la pandemia. Hacían todas las compras por internet y recogían los pedidos de noche para no cruzarse con nadie. Dentro, los agentes hallaron el cuerpo del hombre, tapado con una manta y ya muy descompuesto.
La esposa explicó a los Mossos que su marido murió sentado en el sofá en 2024. Tras su muerte, lo cubrieron y lo dejaron en una habitación. La policía no ha visto señales claras de crimen, pero la investigación sigue abierta para aclarar qué pasó. Según La Vanguardia y Ara, ni la fiscalía ni el ayuntamiento han hecho declaraciones públicas. El caso sigue bajo análisis policial.
Las dos mujeres fueron llevadas al hospital para revisión médica y apoyo psicológico. La casa, según la policía y medios regionales, estaba llena de cajas y tenía graves problemas de salubridad. Era el reflejo de años de aislamiento y abandono. Tras la intervención policial, los servicios sociales se hicieron cargo, siguiendo los protocolos para casos de vulnerabilidad.
Diversos medios regionales subrayan que la familia habría permanecido aislada desde la pandemia, gestionando sus necesidades básicas mediante compras online y evitando el contacto con el exterior, aunque este extremo aún debe ser confirmado oficialmente por la investigación.
Este caso muestra hasta dónde puede llegar el aislamiento social prolongado, sobre todo tras la pandemia. Cabrera d’Anoia, un pueblo pequeño de Barcelona, nunca había vivido algo así. La alerta de los vecinos fue clave para que la policía pudiera entrar y atender a las dos mujeres, que estaban totalmente desconectadas del exterior. La investigación de los Mossos d’Esquadra sigue en marcha. Por ahora, no hay pruebas de delito. El episodio deja claro lo importante que es la vigilancia vecinal y prestar atención a los signos de abandono o aislamiento, sobre todo después de años de restricciones y cambios en la vida social.
La confirmación oficial de que no hay signos evidentes de violencia y la espera de los resultados forenses han sido señaladas por La Vanguardia. El medio también destaca la colaboración de los vecinos y la actuación de los Mossos d'Esquadra en situaciones como esta.