España logra alcanzar el 2% del PIB en gasto militar tras un fuerte incremento presupuestario. Sin embargo, persisten las críticas de Donald Trump y el aislamiento en decisiones clave de la OTAN.
España ha dejado de figurar entre los países con menor gasto militar de la OTAN, tras alcanzar el objetivo del 2% del PIB en defensa. Este cambio se produce después de un aumento superior al 70% en el presupuesto militar en solo dos años, situando a España con 38.000 millones de dólares y el octavo mayor presupuesto absoluto de la Alianza. Sin embargo, la presión política no ha disminuido: Donald Trump volvió a criticar duramente a España en la Casa Blanca, calificando su aportación como insuficiente y señalando que el país no merece un trato de favor dentro de la organización.
Los datos oficiales contradicen parte de las acusaciones. Según el informe anual de la OTAN presentado por Mark Rutte, al menos tres aliados —Albania, República Checa y Eslovenia— no alcanzaron el 2% del PIB en 2025, mientras que España sí lo logró. No obstante, la Alianza ha solicitado documentación adicional a estos países antes de la próxima cumbre en Ankara, tras admitir que las estimaciones iniciales eran demasiado optimistas.
El cambio de posición de España se debe en gran parte a la inyección extraordinaria de 10.471 millones de euros aprobada en abril del año pasado para seguridad y defensa. Aunque el país sigue en la parte baja de la tabla en términos relativos, ya no está entre los últimos. Mark Rutte reconoció públicamente el esfuerzo español y recordó que el compromiso de alcanzar el 2% fue comunicado directamente por Pedro Sánchez en 2025, cumpliéndose en el plazo previsto.
El principal motivo de fricción con Estados Unidos no reside tanto en el gasto realizado, sino en la postura política de España. Pedro Sánchez fue el único líder que, en la cumbre de La Haya, rechazó comprometerse con el objetivo de elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB para 2035, una meta que incluye tanto gasto militar puro como inversiones en infraestructuras de seguridad. Aunque otros países tampoco prevén cumplir este objetivo, España ha sido la única en manifestarlo abiertamente, lo que ha generado malestar en Washington.
Rutte ha intentado mediar, asegurando que España está comprometida con los objetivos de capacidades de la OTAN, aunque considera que será necesario aumentar el gasto militar puro hasta el 3,5% para cumplirlos. Sánchez, por su parte, sostiene que es posible alcanzar esos objetivos con un 2,1%, una discrepancia que sigue sin resolverse.
En paralelo, España ha anunciado una contribución adicional a la OTAN con tres aviones de reabastecimiento, ocho cazas, una fragata y sistemas de defensa aérea. Estas medidas buscan compensar la reducción de fuerzas estadounidenses disponibles para la Alianza, tras la decisión del Pentágono de priorizar otros escenarios estratégicos como el Indopacífico.
Otro punto de tensión ha sido la negativa del Gobierno español a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón, así como del espacio aéreo nacional, para operaciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán. Aunque la postura española no difiere mucho de la de otros países europeos, Pedro Sánchez ha sido el único en expresar públicamente su rechazo, mientras que otros gobiernos han optado por evitar el enfrentamiento directo con Washington.
La exclusión de España de la reciente reunión en Berlín, donde Alemania, Reino Unido, Francia e Italia acordaron reforzar el pilar europeo de la OTAN y apoyar a Ucrania, ha acentuado el aislamiento diplomático de Madrid. Sin embargo, fuentes diplomáticas descartan que Sánchez se convierta en el principal objetivo del descontento estadounidense, en parte gracias a la buena relación con el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, anfitrión de la próxima cumbre.
En el ámbito de la cooperación bilateral, España ha reforzado sus lazos militares con Turquía mediante la compra de 30 aviones Hürjet para el Ejército del Aire y del Espacio, un contrato valorado en 2.600 millones de euros que impulsará la colaboración industrial entre ambos países. Además, España mantiene desde hace una década una batería de misiles Patriot en la frontera turca con Siria, siendo el único país de la OTAN que continúa con esta misión, clave para la defensa aérea en la región.
El debate sobre el gasto militar y la posición de España en la OTAN se produce en un contexto de crecientes exigencias a los aliados europeos. La presión de Estados Unidos para que Europa asuma más responsabilidades en defensa ha sido constante en los últimos años. En este sentido, la gestión de fondos y compromisos internacionales ha sido objeto de atención mediática, como se refleja en el análisis de movimientos financieros y decisiones políticas en un reciente reportaje sobre la gestión de fondos en el entorno de Zapatero.
La evolución del gasto militar español y su impacto en la política internacional seguirán marcando la agenda en los próximos meses, especialmente ante la inminente cumbre de Ankara y el debate sobre el futuro de la defensa europea dentro de la OTAN. Cabe recordar que el compromiso del 2% del PIB fue acordado en la cumbre de Gales en 2014, y que la presión para aumentar la inversión en defensa responde tanto a la situación geopolítica como a la necesidad de reforzar la autonomía estratégica europea.