Baltasar Garzón acusa a los tribunales de España de degradación y politización. El exjuez Garzón criticó duramente el funcionamiento de los tribunales y la policía en España. Considera que la politización y la presión socavan la confianza en la justicia. En el foco — los casos contra el entorno de Sánchez y Zapatero.
En España ha estallado una nueva ola de debates sobre la independencia del poder judicial tras las contundentes declaraciones del exjuez Baltasar Garzón. Acusó a los tribunales y a la policía de actuar cada vez más como instrumentos de lucha política, en lugar de servir a los intereses de la sociedad. Según Garzón, la situación se ha agravado tras los sonados casos relacionados con investigaciones contra el entorno del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el exjefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero.
Garzón, apartado de la judicatura en 2012, sostiene que los procesos judiciales son utilizados cada vez más para ejercer presión sobre los políticos. Señaló que la investigación sobre la esposa de Sánchez, Begoña Gómez, no habría alcanzado tal magnitud de no ser por el estatus político de su marido. A su juicio, la falta de una base jurídica clara y los constantes cambios en las acusaciones generan un clima de inseguridad legal y minan la confianza en el sistema.
Garzón prestó especial atención al papel de la policía y al llamado «lawfare»: el uso de la persecución penal para eliminar adversarios políticos. Subrayó que algunas estructuras policiales exceden sus competencias, moldeando la opinión pública y presionando a los jueces mediante la publicación de informes valorativos. Garzón considera que esta práctica difumina los límites entre la instrucción y el tribunal, y contribuye al aumento de la desconfianza ciudadana en la justicia.
También surgieron preguntas en torno a la investigación sobre Zapatero. Garzón recordó que en España el estatus de «imputado» ahora se denomina oficialmente «investigado» para evitar una condena prematura ante la opinión pública. Sin embargo, en su opinión, la presión mediática y las filtraciones de información provocan que los implicados queden «civilmente destruidos» incluso antes del juicio. También llamó la atención sobre la diferencia en la valoración de las joyas incautadas a Zapatero: mientras que los representantes del ex presidente cifraron su valor en hasta 50 mil euros, la pericia judicial las estimó en 1,3 millones. Garzón instó a esperar los resultados de la investigación y a no sacar conclusiones precipitadas.
En el libro «La democracia amenazada», Garzón analiza en detalle cómo, en su opinión, el sistema judicial se ha convertido en escenario de conflictos políticos. Critica no solo a los jueces, sino también a los representantes de las autoridades que acusan públicamente a los tribunales de parcialidad, y señala que la excesiva solidaridad corporativa dentro de la judicatura impide un autocontrol efectivo. Según él, estas tendencias incrementan la desconfianza social y alimentan el crecimiento de la influencia de fuerzas políticas radicales.
Garzón también comentó la situación del ex fiscal general, a quien el Tribunal Supremo inhabilitó para ocupar el cargo pese a las recomendaciones del Comité de Derechos Humanos de la ONU. Considera que esas decisiones ponen de manifiesto la falta de un control real sobre la más alta instancia judicial y subrayan el problema de una influencia unilateral.
En el contexto de los acontecimientos recientes, Garzón recordó que cuestiones similares ya habían surgido anteriormente, cuando el juez citó a Zapatero para dar explicaciones por el caso Plus Ultra. Entonces, como señala RUSSPAIN, la investigación se amplió tras la tasación de las joyas incautadas y la aparición de nuevas acusaciones.
Para concluir, Garzón subrayó que para restablecer la confianza en la justicia son imprescindibles la transparencia, la clara delimitación de competencias y la renuncia al uso de los procedimientos judiciales con fines políticos. También señaló que el auge de los movimientos radicales entre los jóvenes está relacionado con la falta de labor educativa y llamó a una defensa activa de los valores democráticos.
A modo de referencia: en España, el estatus de «investigado» (investigado) no implica reconocimiento de culpabilidad ni conlleva la suspensión automática del cargo. Los procesos judiciales contra altos cargos suelen ir acompañados de filtraciones y de intensos debates mediáticos, lo que puede influir en la opinión pública y en el desarrollo de la investigación. En los últimos años, la independencia judicial y la politización de la justicia se han convertido en algunos de los temas más polémicos de la agenda española.