Sònia Hernández advierte que el litigio por Sijena puede suponer una pérdida para todos. Cultura prepara planes para proteger monumentos ante incendios e inundaciones. El debate sobre la gestión y el acceso al patrimonio sigue abierto.
El conflicto por las pinturas murales de Sijena ha llegado a un punto crítico. Sònia Hernández, consejera de Cultura de la Generalitat de Cataluña, reconoce que la batalla judicial está prácticamente agotada y que el traslado de las obras podría implicar riesgos irreversibles para el patrimonio. La responsable del área subraya que, en este proceso, “todos perderemos”, ya que el movimiento de las piezas, en su estado actual, podría dañarlas de forma irreversible.
Hernández, que asumió el cargo tras dirigir Patrimonio Cultural, sitúa la defensa de los derechos culturales y la protección del legado histórico como ejes de su gestión. Entre las prioridades del departamento destaca la implementación de planes de emergencia para salvaguardar monumentos frente a incendios e inundaciones, fenómenos que se han intensificado en los últimos años en Cataluña. El reciente incendio en la comarca de Anoia, que amenazó el castillo de Claramunt, ha acelerado la elaboración de estos protocolos.
La consejera también impulsa la modernización de la experiencia cultural a través de proyectos como Els ulls de la història, que utiliza realidad virtual y experiencias inmersivas para acercar los grandes monumentos catalanes a la ciudadanía. Este sistema ya funciona en enclaves como la Vall de Boí, la Roca dels Moros de Cogul, el monasterio de Escaladei, el castillo de Miravet y Sant Pere de Rodes. Hasta 2028, se sumarán otros cinco espacios, entre ellos el castillo de Cardona y el teatro romano de Tarragona, con inversiones de entre 600.000 y 800.000 euros por monumento.
La revitalización del patrimonio no se limita a la tecnología. Hernández apuesta por renovar los relatos museográficos, dar voz a colectivos históricamente invisibilizados y ampliar la mirada sobre la historia, incluyendo la perspectiva de mujeres y niños. La consejera defiende que el contenido y la investigación deben primar sobre el espectáculo, diferenciando la oferta pública de la proliferación de experiencias inmersivas privadas de dudosa calidad.
En cuanto a la gestión de los grandes museos, Hernández reconoce los retos del MNAC, que necesita espacios más modernos y la integración del Palau Victòria Eugènia. Sobre el Macba, valora la llegada de Valentín Roma como oportunidad para reforzar su papel como referente del arte contemporáneo en Cataluña y fomentar la colaboración con otras instituciones como la Tàpies y el Santa Mònica.
La polémica por el nombramiento de la nueva directora de la Fundación Miró y el relevo en el TNC también han marcado la agenda cultural. Hernández defiende la transparencia en los procesos de selección y pide confianza en los nuevos equipos. Sobre la exclusión de Lluís Pasqual de la programación del Teatre Lliure, la consejera evita posicionarse, recordando que la decisión corresponde a los directores artísticos.
Uno de los grandes desafíos sigue siendo el desequilibrio en la oferta cultural entre Barcelona y el resto del territorio. Para corregirlo, Cultura trabaja en la aprobación de una ley de derechos culturales y en la actualización del Plan de Equipamientos y Servicios de Cataluña (PESCAT), con el objetivo de garantizar el acceso a la cultura en todas las comarcas, independientemente del código postal.
La protección del patrimonio frente a catástrofes naturales es otra prioridad. El departamento busca ubicaciones para las futuras Reservas nacionales, grandes almacenes de colecciones museísticas que no estarán en Barcelona, sino en un punto equidistante del territorio. Se prevé que estas instalaciones, de entre 30.000 y 40.000 metros cuadrados, estén disponibles en la actual legislatura.
El impulso de un Pacto nacional para la cultura es otra de las metas de Hernández, que reclama corresponsabilidad de todas las administraciones y colaboración con el poder local. La consejera insiste en que la cultura debe ocupar un papel central, especialmente ante el auge de discursos de odio y la irrupción de la ultraderecha.
La preocupación por los incendios y su impacto en el patrimonio no es exclusiva de Cataluña. Recientemente, la Comunidad de Madrid activó el nivel 2 de emergencia y confinó a miles de personas por un incendio en Lozoyuela, según relata una crónica sobre la rápida propagación del fuego en la zona. Estos episodios refuerzan la urgencia de contar con planes de protección y respuesta ante catástrofes en todo el país.
En el contexto actual, la gestión del patrimonio y la cultura en Cataluña se enfrenta a retos complejos: litigios históricos, amenazas medioambientales, modernización de infraestructuras y la necesidad de garantizar el acceso equitativo a la cultura. La experiencia reciente muestra que la protección del legado cultural requiere tanto inversión como consenso político y social. El caso de Sijena ilustra hasta qué punto las disputas pueden poner en riesgo bienes irremplazables, mientras que la digitalización y la descentralización de la oferta cultural aparecen como vías para fortalecer el vínculo entre ciudadanía y patrimonio.