Una gigantesca acumulación de ropa usada europea en Alto Hospicio, Chile, ha generado una emergencia ambiental reconocida por la ONU. El vertedero crece sin control, contamina el entorno y pone en evidencia los límites del reciclaje global.
La imagen de una montaña de ropa desechada, visible incluso desde el espacio, se ha convertido en el símbolo de una crisis ambiental que afecta al norte de Chile. Más de 60.000 toneladas de prendas usadas, en su mayoría procedentes de Europa, se amontonan junto a la ciudad de Alto Hospicio, en pleno desierto de Atacama. La ONU ha calificado la situación como una emergencia ambiental y social, mientras la acumulación sigue creciendo sin una solución clara a la vista.
El fenómeno tiene su origen en el comercio internacional de ropa de segunda mano. Según un informe de Naciones Unidas de 2024, la Unión Europea lidera la exportación mundial de textiles usados, con un 30% del total, seguida por Reino Unido y Estados Unidos. Cada año, millones de prendas que no encuentran salida comercial en Europa recorren miles de kilómetros hasta llegar al puerto chileno de Iquique, aprovechando las ventajas fiscales de la zona franca. Desde allí, los fardos de ropa se trasladan a Alto Hospicio, donde se intenta revenderlos en el mercado local o redistribuirlos a otros países latinoamericanos.
Un flujo imparable
El problema surge cuando una parte significativa de esas prendas no logra comprador. Muchas son de tercera calidad o carecen de valor suficiente para cubrir los costes de almacenamiento y transporte. Sin responsables dispuestos a asumir el gasto de su retirada, los fardos acaban abandonados en terrenos del desierto. Según datos de enero de 2026, el puerto de Iquique recibe entre 120.000 y 180.000 toneladas de ropa usada al año, lo que sitúa a Chile como el cuarto mayor importador mundial de estos residuos. La montaña de Alto Hospicio es solo la parte más visible de un flujo que no deja de aumentar.
Marcas y residuos sin control
Investigaciones de la ONG Ekō y del colectivo chileno Desierto Vestido han identificado entre los montones prendas de marcas como H&M, Zara, Hugo Boss, Adidas, Levi’s, Old Navy, Under Armour, Tommy Hilfiger y Nike. Entre los residuos aparecen desde jerséis navideños hasta botas de esquí, muchos artículos aún con sus etiquetas. Sin embargo, la presencia de grandes firmas no garantiza valor comercial: la mayoría de la ropa abandonada es invendible y refleja la sobreproducción de la moda rápida y los límites del reciclaje global.
La notoriedad internacional del vertedero comenzó en 2020, cuando las primeras imágenes del lugar circularon por redes sociales. Un estudio basado en el programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea confirmó que la superficie ocupada por los residuos textiles no ha dejado de crecer entre 2016 y 2024.
Contaminación y efectos en la comunidad
Para reducir el volumen acumulado, parte de la ropa es enterrada o quemada por operadores informales. La combustión de tejidos sintéticos y plásticos genera una capa negra sobre el terreno, descrita por activistas como “petróleo solidificado”. La quema libera compuestos tóxicos que contaminan el aire y pueden filtrarse al agua subterránea. Organizaciones como la Scientific Plastic Pollution Alliance of Chile han advertido sobre los riesgos sanitarios de estas mezclas químicas, cuyas consecuencias aún no se comprenden del todo.
Los episodios de humo afectan directamente a los vecinos de Alto Hospicio, que deben permanecer en sus casas y cerrar ventanas durante las quemas. El alcalde, Patricio Ferreira, ha expresado el sentimiento de abandono de la población, que percibe su tierra como “sacrificada” ante el problema global de los residuos textiles. Además, la imagen de la ciudad se ha visto dañada: en internet circulan vídeos que la presentan como uno de los lugares más contaminados del planeta, una fama que sus habitantes nunca buscaron.
Respuestas legales y desafíos pendientes
La presión social ha llegado a los tribunales. En 2025, el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta reconoció la responsabilidad del Estado chileno por no prevenir ni fiscalizar la disposición ilegal de residuos textiles en terrenos fiscales de Alto Hospicio, ordenando la elaboración de un plan de reparación ambiental a diez años. Sin embargo, la sentencia aún no es firme y está recurrida ante la Corte Suprema, por lo que la retirada de los residuos sigue sin fecha.
Chile ha incorporado la industria textil a su ley de responsabilidad ampliada del productor, obligando a los importadores a gestionar los residuos generados por los productos que introducen en el país. El reto es enorme: según el Observatorio de la Sostenibilidad de la Universidad de Chile, solo el 1% de las prendas posconsumo se recicla, mientras el 70% se dona o se tira.
Un problema global sin freno
La expansión de la moda rápida y la renovación constante de colecciones han multiplicado por siete el comercio mundial de ropa usada en las últimas cuatro décadas, según Naciones Unidas. Algunas iniciativas privadas, como la empresa EcoFibra, intentan transformar los residuos textiles en paneles aislantes, pero se enfrentan a obstáculos técnicos y legales por la presencia de productos químicos en la ropa.
Mientras las soluciones legales y técnicas avanzan lentamente, nuevos fardos de ropa europea siguen llegando cada semana al desierto de Atacama. La montaña de Alto Hospicio es hoy un recordatorio visible de los límites del reciclaje global y de la urgencia de repensar el modelo de consumo textil.