Madrid se cubre de amarillo: la ciudad se prepara para la visita del Papa. En Madrid ha comenzado una amplia preparación para la visita del Papa. La ciudad se engalana con decenas de miles de flores y pancartas. Las autoridades no revelan la cifra exacta del gasto, pero subrayan que los costes están justificados.
En Madrid ha comenzado una amplia campaña de embellecimiento de la ciudad con motivo de la visita del Papa León XIV. Desde esta semana, las calles de la capital se llenan de pancartas, banderas y composiciones en amarillo y blanco, colores que simbolizan el Vaticano. Según el ayuntamiento, para el 9 de junio, cuando el Pontífice viaje a Barcelona, la ciudad estará completamente decorada con la temática de la visita.
Las autoridades no revelan la cifra exacta gastada en la decoración, pero resaltan que los costes están justificados y aportarán un efecto significativo a la ciudad. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, señaló que cada estructura —desde las compañías de transporte hasta los departamentos de cultura y turismo— elabora su propio presupuesto. Al mismo tiempo, según sus palabras, se trata únicamente de los gastos en decoración y logística, y no del propio viaje del Papa.
Como parte de los preparativos, por toda la ciudad se colocan retratos en blanco y negro de León XIV sobre fondo amarillo. Se pueden ver en farolas, autobuses, pantallas del centro y grandes pancartas a lo largo de la M-30. En las zonas céntricas se instalarán 1.600 banderas y en los balcones de hoteles y edificios residenciales — adornos especiales que el ayuntamiento desarrolla junto con la Asociación de Hoteles de Madrid. Se presta especial atención a las rutas por donde circulará el Pontífice, aunque también se permitirá a otros distritos decorar sus fachadas.
En parques, calles y plazas de ocho distritos se plantarán más de 100 000 flores blancas y amarillas. Entre los puntos clave destacan El Retiro, la plaza de Cibeles, los paseos de Recoletos y del Prado, así como el Templo de Debod. En lugares emblemáticos como las plazas de Oriente y de España, los jardines de Sabatini y el parque del Retiro, se instalarán composiciones florales con letras gigantes formando el nombre de León XIV. En la Casa de Campo se colocará una enorme bandera, visible desde el aire, hecha de polvo blanco y amarillo.
Para los actos multitudinarios, incluida la misa del 7 de junio en la plaza de Cibeles, el ayuntamiento ya ha encargado 15 000 banderines de mano, así como sombreros, pulseras y abanicos para los participantes. Se ha destinado un contrato aparte, por 58 750 euros, a la compra de banderas de España y del Vaticano. Las autoridades destacan que estas medidas permitirán crear un ambiente festivo y subrayar la importancia del evento para la ciudad.
Antes de la visita, el Papa acudirá al centro Cáritas en uno de los barrios más desfavorecidos de la capital. Banners y banderas se colocarán no solo en edificios municipales, sino también en viviendas y hoteles a lo largo del recorrido. El ayuntamiento señala que el objetivo es recibir dignamente al pontífice e involucrar en el evento al mayor número posible de vecinos y visitantes de la ciudad.
Los grandes eventos urbanos y su impacto en la vida pública de Madrid han sido objeto de debate en numerosas ocasiones. Por ejemplo, recientemente en Andalucía estalló una polémica por el intento de limitar los discursos políticos durante el carnaval, lo que provocó una reacción contundente de la sociedad y las autoridades. Más información sobre este caso en el artículo sobre la controversia por la prohibición de canciones en el carnaval de Cádiz.
Para referencia: las visitas de los pontífices suelen ir acompañadas de importantes cambios urbanos y requieren considerables recursos para la organización de la seguridad, la logística y la decoración. En 2011, la llegada de Benedicto XVI también implicó grandes gastos en decoración e infraestructura. Las autoridades de Madrid destacan que las medidas actuales están dirigidas a aumentar el atractivo turístico y la imagen de la ciudad en el ámbito internacional.