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Las autoridades no lograron ponerse de acuerdo sobre el futuro del palacio, pero el artista presentó su propia propuesta

Ricardo Rubio Español.News

Publicado por Ricardo Rubio

Las autoridades no lograron ponerse de acuerdo sobre el futuro del palacio, pero el artista presentó su propia propuesta Español.News
Las autoridades no lograron ponerse de acuerdo sobre el futuro del palacio, pero el artista presentó su propia propuesta

Okuda lanza un proyecto de museo en un palacio abandonado en el centro de Santander. En Santander ha comenzado un proyecto para transformar el palacio neomudéjar Cortiguera en un museo de arte contemporáneo. El impulsor es Okuda San Miguel. Su realización depende de complejos trámites y una restauración de gran envergadura.

En el centro de Santander, tras décadas de abandono, ha comenzado la preparación para la gran rehabilitación del palacio Cortiguera. El artista Okuda San Miguel propuso convertir este singular edificio neomudéjar en un museo de arte contemporáneo y un espacio para residencias creativas. El proyecto recibió el nombre provisional de Museo del Kolor y ya ha despertado el interés hacia un inmueble que durante años permaneció fuera del foco tanto de las autoridades como de los ciudadanos.

Durante la presentación de la iniciativa, por primera vez en mucho tiempo se abrieron y limpiaron los jardines, que estaban cubiertos de maleza. Okuda señaló que le sorprende el prolongado abandono de un edificio situado en pleno centro de la ciudad. Según él, la idea surgió de manera espontánea: tras conocer la arquitectura del palacio, enseguida vio su potencial como un nuevo espacio cultural. En dos años, el equipo del artista elaboró el concepto del museo, donde está previsto albergar una colección internacional de arte contemporáneo reunida por Okuda a lo largo de tres décadas.

Por el momento, el proyecto se encuentra en una fase inicial: no existe todavía una propuesta museística aprobada, ni un plan arquitectónico ni fechas concretas. Okuda subraya que muchos aspectos dependerán de las condiciones técnicas y de las limitaciones asociadas al estatus protegido del edificio. No obstante, la iniciativa plantea crear un centro cultural abierto, con residencias artísticas, programas educativos y proyectos sociales. Según el presidente de la fundación Coloring the World, que coordina el proyecto, la explotación del palacio se planea bajo un esquema de concesión a largo plazo por 25 años, con la posibilidad de compra en los primeros tres años.

La realización del proyecto requerirá inversiones significativas: solo para la restauración serán necesarios varios millones de euros. El plazo estimado para la finalización de las obras es el año 2030; sin embargo, antes habrá que superar etapas de estudios técnicos, permisos y complejas tareas de construcción. Es fundamental que todas las intervenciones mantengan al máximo el aspecto histórico del edificio, construido entre 1888 y 1889 por encargo del doctor Joaquín Cortiguera y el arquitecto Atilano Rodríguez. El palacio destaca en el entorno urbano gracias a su estilo neomudéjar, inspirado en la arquitectura islámica de la península ibérica.

La aparición de una iniciativa privada, tras años de incertidumbre sobre el destino del palacio, ya ha cambiado la situación: el edificio vuelve a estar en el centro de atención. Okuda subraya la importancia personal del proyecto, relacionándolo con su propia experiencia de trabajo en espacios abandonados. Ejemplos similares de inversión privada en infraestructura cultural se encuentran también en otras regiones de España; por ejemplo, recientemente las autoridades de Barcelona destinaron 2,5 millones de euros a la renovación de teatros y centros culturales, lo que fue analizado en detalle en el material de russpain.com.

Para referencia: el palacio Cortiguera fue construido durante el auge de Santander como residencia privada y clínica. Su estilo arquitectónico sigue siendo una rareza en la región. En las últimas décadas, el edificio ha estado abandonado debido a la falta de una solución unificada para su uso. El nuevo proyecto puede convertirse en un ejemplo de cómo la iniciativa privada puede reactivar el destino de bienes históricos, si se logran superar los obstáculos burocráticos y técnicos.

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