Cuando Laura Matamoros dijo que el ejercicio no es un capricho, sino una necesidad, no hablaba solo de deporte. Cuestionaba una idea muy arraigada en torno a la maternidad: que cuidarse a una misma es egoísta. Su comentario ha calado en un momento en el que muchas mujeres siguen sintiendo que reservar tiempo para sí mismas es casi un acto de rebeldía.
La frase de Matamoros no es casual. Como madre de dos hijos, conoce bien la sensación de ir siempre a contrarreloj. En una entrevista con ¡HOLA!, fue clara: esperar a tener tiempo libre para cuidarse es una trampa, porque ese momento nunca llega. Hay que decidir que una también es prioridad. Ese gesto, sencillo pero poco habitual, es el verdadero cambio.
Recientes investigaciones muestran que la actividad física durante el embarazo puede estar asociada a un mejor desarrollo neurológico temprano en el bebé.
El tiempo que nunca sobra
La psicóloga y entrenadora Laura Moreno Castillo coincide con Matamoros: el ejercicio no debería verse como un lujo ocasional, sino como parte de la salud diaria. Moreno Castillo recuerda que el ser humano necesita moverse, y que el entrenamiento de fuerza es especialmente importante para las mujeres, sobre todo con la edad, cuando la masa muscular tiende a disminuir. No se trata solo de estética, sino de salud, autonomía y calidad de vida. Organismos como la ACOG y la Organización Mundial de la Salud recomiendan actividad física moderada para la mayoría de las mujeres, incluso durante el embarazo, siempre que no haya contraindicaciones médicas.
Aun así, la realidad es otra. Un estudio de DKV ya señalaba hace años que solo el 29% de las madres practicaban ejercicio físico, aunque los beneficios físicos y mentales son conocidos. Esta cifra debería contrastarse con datos más recientes de fuentes oficiales. ¿Por qué sigue costando tanto encontrar ese espacio? Según la experta, la clave está en la falta de tiempo real y en cómo se ordenan las prioridades. Si el ejercicio se deja para cuando "sobre tiempo", simplemente no ocurre. Reservar un hueco para entrenar debería ser tan básico como comer o dormir, aunque implique adaptar rutinas y aprovechar incluso veinte minutos en casa.
La culpa y el mito de la buena madre
El problema va más allá de la agenda. Durante años, la imagen de la "buena madre" ha estado ligada a la entrega total y a la renuncia personal. Por eso muchas mujeres sienten culpa al dedicar tiempo a sí mismas, incluso para algo tan básico como entrenar o descansar. Moreno Castillo lo resume así: una madre sigue siendo una mujer y necesita cuidar su salud física y mental para poder cuidar de los demás a largo plazo. El autocuidado no es egoísmo, sino una necesidad legítima.
En España, las recomendaciones oficiales subrayan que la actividad física regular ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares y a mantener la autonomía funcional en mujeres a partir de los 40 años, destacando la importancia del entrenamiento de fuerza para la salud ósea y muscular.
La presión tampoco termina ahí. Las tendencias estéticas cambian con los años y exigen cuerpos que se adapten a modas pasajeras. Ahora se habla del "cuerpo de pilates"; antes era la delgadez extrema o las curvas imposibles. La entrenadora insiste: buscar mejorar la estética no es negativo, pero la motivación principal debería ser la salud y la funcionalidad, no el ideal del momento. Además, hay ejemplos recientes de mujeres de 47, 53, 59 y hasta 71 años que han incorporado el entrenamiento de fuerza y cardio moderado en su rutina y han mejorado su composición corporal, densidad ósea y calidad de vida a cualquier edad.
El ejercicio como refugio mental
Más allá del cuerpo, el ejercicio es también un refugio mental. Ayuda a regular el estrés, mejora el ánimo y reduce la ansiedad. Para las madres, ese espacio propio tiene aún más valor: es un momento en el que dejan de atender a los demás para atenderse a sí mismas. Ese pequeño paréntesis puede marcar la diferencia en el bienestar psicológico y en la energía con la que se afronta el día.
La maternidad, como han mostrado otros testimonios recientes —como el de Marta Sanahuja sobre el duelo y la soledad—, sigue siendo un terreno donde el autocuidado choca con prejuicios y expectativas sociales. La diferencia es que ahora voces como la de Laura Matamoros empiezan a romper ese silencio y recuerdan que cuidarse no es vanidad, sino supervivencia emocional y física.
En un país donde la presión estética y la autoexigencia siguen marcando el ritmo de muchas mujeres, la reflexión de Matamoros no es solo una anécdota personal. Es un recordatorio incómodo de que el bienestar de las madres no puede seguir siendo la última prioridad. Si la maternidad es una carrera de fondo, reservar un espacio propio no es un lujo, sino la única forma de llegar a la meta sin perderse por el camino. Las recomendaciones sobre salud y autocuidado están recogidas en el portal del Ministerio de Sanidad y subrayan la importancia de integrar el ejercicio en la vida cotidiana de las mujeres.