Lola Cabrillana, referente gitana y autora de éxito, denuncia el auge del racismo y desmonta los tópicos que persiguen a su comunidad. Su testimonio, entre la literatura y la educación, reabre el debate sobre inclusión y prejuicios.
El nombre de Lola Cabrillana resuena con fuerza en el panorama social y cultural español. Educadora, escritora y activista, su voz se ha convertido en un altavoz imprescindible para entender la realidad de la comunidad gitana en la España actual. Desde Málaga, donde reside, Cabrillana no solo ha publicado cinco libros y prepara dos más, sino que ha logrado que miles de seguidores en redes sociales se detengan ante sus denuncias y reflexiones sobre discriminación, racismo y los clichés que aún pesan sobre su pueblo.
La autora de títulos como ‘La maestra gitana’ y ‘Voces color canela’ no esquiva el tema: asegura que el racismo no solo no ha disminuido, sino que se ha hecho más visible y agresivo. Según Cabrillana, antes la intolerancia se ocultaba, pero ahora se exhibe sin pudor y se contagia con facilidad, alimentada por la ignorancia y los discursos ultras. Su experiencia en redes sociales lo confirma: basta un comentario para recibir una oleada de odio. Esta tendencia, advierte, ha convertido la discriminación en una moda peligrosa.
Una trayectoria marcada por la vocación
La historia personal de Lola Cabrillana está llena de giros inesperados. Aunque de niña soñaba con ser pastelera, fue la rutina del obrador la que la empujó a buscar otro camino. La educación se cruzó en su vida casi por azar, pero pronto se convirtió en su verdadera pasión. Tras formarse en pastelería en lugares tan dispares como Nueva York y Bélgica, decidió dedicarse a la enseñanza infantil, sin abandonar nunca su amor por la repostería, que hoy mantiene como hobby.
Su labor como profesora en La Palmilla, uno de los barrios más desfavorecidos de Málaga, le ha permitido conocer de cerca las dificultades que enfrentan muchos niños y familias. Cabrillana reconoce que en estos entornos la educación compite con la supervivencia diaria, y que el profesorado debe adaptar sus objetivos a realidades duras y complejas. Aun así, su meta siempre ha sido potenciar la autonomía y el talento de sus alumnos, aunque las condiciones no siempre acompañen.
Racismo, exclusión y clichés
La activista no duda en señalar que los prejuicios hacia los gitanos siguen muy presentes. Uno de los episodios que más le ha marcado fue el despido de una alumna suya tras descubrirse que era gitana, a pesar de que su trabajo había sido impecable. Para Cabrillana, este tipo de exclusión es solo la punta del iceberg de una discriminación mucho más profunda, que se alimenta de tópicos como que los gitanos no trabajan, no pagan impuestos o viven de ayudas sociales. Especialmente doloroso le resulta el estigma colectivo: cuando una persona gitana comete un delito, todo el pueblo es señalado.
En el ámbito educativo, Cabrillana denuncia que se tiende a responsabilizar a las familias gitanas del absentismo escolar, sin tener en cuenta el fracaso del propio sistema. La falta de confianza de las familias en la escuela suele estar ligada a experiencias negativas previas. Por eso, insiste en la necesidad de una mayor comunicación y de que las familias tengan voz y voto en los centros educativos. Además, reclama que el profesorado eleve sus expectativas sobre el alumnado gitano, como paso imprescindible para la inclusión real.
El reto de la mujer gitana
Si la integración de la comunidad gitana ya es compleja, la situación de las mujeres lo es aún más. Cabrillana subraya que la esperanza de vida de la mujer gitana es diez años menor que la de la no gitana y que el desempleo es mucho más elevado. Para romper este círculo de vulnerabilidad, apuesta por la educación y por campañas institucionales de sensibilización que realmente funcionen. Solo así, sostiene, las niñas gitanas podrán acceder a la escuela con garantías de éxito y abrirse camino en la sociedad.
Lejos de considerarse una excepción, Cabrillana reivindica la existencia de muchas mujeres gitanas profesionales a su alrededor: abogadas, educadoras sociales, ilustradoras. Sin embargo, lamenta que la imagen pública siga centrada en la pobreza, porque aún es una realidad demasiado extendida.
Conocer para respetar
Para tender puentes entre culturas, Cabrillana propone empezar por conocer la historia del pueblo gitano y las más de 250 disposiciones legales que han existido en su contra, muchas de ellas recientes. Solo entendiendo este pasado se puede comprender la situación actual y desmontar los prejuicios. “No se puede amar lo que no se conoce”, resume la activista, que invita a mirar con otros ojos la riqueza y diversidad de su cultura.
El testimonio de Lola Cabrillana llega en un momento en el que la conversación sobre racismo y exclusión vuelve a estar en el centro del debate público. No es la única figura que ha puesto sobre la mesa la tensión social en Málaga: recientemente, el reencuentro entre José María Almoguera y Terelu Campos también generó titulares y comentarios sobre las relaciones familiares y los desafíos de la convivencia, como se vio en este episodio ampliamente comentado.
Según Divinity, la historia de Cabrillana es un recordatorio de que la lucha contra los estereotipos y la discriminación sigue siendo urgente. Su voz, lejos de apagarse, se multiplica en cada libro, cada aula y cada conversación que desafía el silencio.