Marisa Jara vive un verano marcado por la organización de su boda con Miguel Almansa y la vida familiar junto a su hijo Tomás. La modelo revela el detalle que aún separa a la pareja y cómo afronta esta nueva etapa.
Marisa Jara vuelve a estar en el centro de la conversación mediática tras confirmar que los preparativos de su boda con Miguel Almansa ya están en marcha, aunque no sin matices. La modelo sevillana, que acaba de cerrar su etapa en ‘Supervivientes 2026’, ha aprovechado el regreso a la rutina para volcarse en su familia y en la organización de un enlace que promete dar que hablar. Sin embargo, el gran interrogante sigue sin resolverse: la fecha exacta del gran día. Mientras Marisa apuesta por un otoño íntimo, Miguel se inclina por una celebración veraniega, y ese desacuerdo mantiene en vilo a su entorno y a los seguidores de la pareja.
Un verano con sabor familiar
La vida de Marisa Jara ha dado un giro desde que nació su hijo Tomás en 2022. Ahora, cada verano tiene un ritmo distinto, marcado por los planes en familia y la atención constante al pequeño, que ya tiene cuatro años. Según relata la propia modelo en el plató de ‘El verano se mueve’, donde colabora, las vacaciones han dejado de ser sinónimo de descanso absoluto para convertirse en una sucesión de escapadas y momentos compartidos. Cádiz, Almería e Ibiza ya han sido testigos de sus días en familia, y la ruta aún no termina: el norte de España espera a la pareja y a su hijo en las próximas semanas.
Preparativos y prioridades
La organización de la boda no está siendo sencilla. Los compromisos profesionales de ambos apenas dejan espacio para cuadrar agendas y avanzar en los detalles. Aun así, Marisa asegura que tanto ella como Miguel están completamente volcados en el proceso, revisando opciones y soñando con una celebración que reúna a todos sus seres queridos. El único punto de fricción sigue siendo la estación del año: ella sueña con octubre o noviembre, él prefiere el calor del verano. Una diferencia que, lejos de empañar la ilusión, añade un toque de suspense a la historia.
Rutinas, retos y nuevos proyectos
Más allá de la boda, Marisa Jara reconoce que el verano trae consigo propósitos que no siempre se cumplen al pie de la letra. Su intención de retomar una rutina estricta de alimentación y ejercicio se ha visto condicionada por el ritmo familiar, aunque no renuncia a cuidarse. Tras su paso por ‘Supervivientes’, la modelo ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la presión estética y la importancia de no convertir el cuerpo ajeno en objeto de juicio constante. En este sentido, Marisa se muestra especialmente preocupada por el auge de medicamentos como Ozempic y su impacto en el movimiento body positive, una causa que lleva años defendiendo públicamente.
El debate sobre la imagen
La reflexión de Marisa sobre la presión estética conecta con otras historias recientes del panorama mediático español. No es la única figura pública que ha puesto sobre la mesa los retos de la maternidad y la conciliación, como demostró Estela Grande al compartir sus propias dificultades con la alimentación de sus mellizos en una reciente entrevista. En el caso de Marisa, la defensa de la diversidad corporal y la preocupación por los mensajes que reciben las nuevas generaciones siguen marcando su discurso, especialmente en un momento en el que la exposición mediática es máxima.
Según Divinity, la historia de Marisa Jara y Miguel Almansa es la de una pareja que, tras conocerse en la Feria de Abril en 2019, ha construido una familia y ahora se enfrenta al reto de organizar una boda que refleje su nueva realidad. Entre viajes, debates y compromisos, la modelo demuestra que la vida pública y la privada pueden convivir, aunque no siempre sea sencillo encontrar el equilibrio perfecto.