Mientras prepara su regreso a Netflix con "El problema final", Martiño Rivas sigue encontrando su refugio lejos de los platós y las alfombras rojas. El lugar que más lo define no es un set de rodaje, sino Vimianzo, el pueblo de la Costa da Morte donde pasó su infancia y que, según ha contado, sigue siendo su patria emocional.
La relación de Martiño con Vimianzo no es una pose de famoso que presume de raíces cuando le conviene. Es una conexión real, tejida desde los seis años, cuando su familia se mudó allí por el trabajo de su madre, que era profesora. Pasó nueve años de vida rural, primero en el pueblo y luego en una aldea pequeña, mucho antes de que la televisión lo hiciera conocido.
El traslado de la familia Rivas a Vimianzo estuvo motivado por el trabajo docente de la madre del actor, lo que convirtió este municipio en el verdadero hogar de su infancia.
En Vimianzo, Martiño era simplemente "el hijo del escritor", lejos de los círculos culturales y mediáticos que hoy frecuenta. La vida allí pasaba entre vecinos con animales, partidos de fútbol improvisados y sueños que entonces no tenían nada que ver con la televisión. Él mismo ha contado que, si pudiera elegir un partido perfecto, sería en el polideportivo del colegio de Vimianzo, rodeado de sus amigos de los doce años y con una hamburguesa en el London para terminar la tarde.
Pero el pueblo donde creció Martiño no es solo un escenario de recuerdos personales. Vimianzo sorprende con su castillo medieval, conocido como Torres de Martelo, que aún conserva torres, murallas y un foso. Cada julio, el castillo se convierte en el centro de la fiesta Asalto ao Castelo, donde la localidad revive las revueltas irmandiñas del siglo XV con una mezcla de historia, humor gallego y una batalla de agua que ya es tradición.
Más allá del castillo, la zona guarda un patrimonio que va desde los Batáns e Muiños do Mosquetín, con sus antiguos molinos y batanes hidráulicos junto al río Grande, hasta los dólmenes de Pedra da Arca y Casa dos Mouros, testigos de una presencia humana de miles de años. Los petroglifos y las formaciones graníticas de los Penedos de Pasarela y Traba completan un paisaje donde la naturaleza y la historia se mezclan sin esfuerzo.
El evento Asalto ao Castelo, celebrado cada julio en Vimianzo, es una recreación histórica de las revueltas irmandiñas y constituye uno de los principales atractivos culturales de la Costa da Morte, según la prensa gallega.
El entorno de Vimianzo no solo esconde monumentos y rutas rurales. También permite llegar fácilmente a algunos de los paisajes más emblemáticos de la Costa da Morte, con caminos hacia Camariñas, Muxía o Laxe, donde las playas y los faros muestran una Galicia menos turística y más auténtica. Incluso el Pazo de Trasariz y Porto de Cereixo, aunque menos accesibles, suman a ese aire de misterio y tradición que rodea la zona.
El vínculo de Martiño con Galicia va mucho más allá de la nostalgia. El actor sigue volviendo cada verano y en Navidad, buscando ese "universo de los tíos, las tías, mis primos" que define como su verdadera felicidad. Aunque también vivió en Tui y Arzúa, fue Vimianzo el lugar donde más tiempo pasó y donde, según sus propias palabras, se forjaron los recuerdos que realmente importan.
Ahora, con una carrera consolidada y tras su paso por "Ella, maldita alma" —la adaptación televisiva de un relato de su padre, Manuel Rivas—, Martiño se prepara para el estreno de "El problema final", donde compartirá pantalla con José Coronado, María Valverde y Maribel Verdú. La promoción de la serie ha llevado recientemente a Rivas y Coronado a visitar el programa El Hormiguero, y la fecha de estreno en Netflix está fijada para el 20 de septiembre de 2026, como ha destacado la prensa nacional y medios como Agencia EFE.
Como ya se contó en otro reportaje reciente, su relación con Galicia es mucho más que una anécdota para entrevistas: es una elección consciente de volver siempre que puede.
En un panorama donde muchos famosos solo miran al pasado para alimentar titulares, Martiño Rivas demuestra que hay raíces que no se negocian. Su historia con Vimianzo no es solo un guiño a la infancia, sino una declaración de principios: el éxito puede llevarte lejos, pero hay lugares y personas que siguen siendo el verdadero centro de gravedad. Y en el caso de Martiño, ese centro sigue estando en la Costa da Morte, entre castillos, piedras milenarias y recuerdos que no necesitan focos para seguir vivos.