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Más de 50 años solos en una isla croata

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

Más de 50 años solos en una isla croata Español.News © espanol.news
Más de 50 años solos en una isla croata © espanol.news

Ana y Werner Kohl llevan más de medio siglo como únicos habitantes de Male Srakane, una isla croata sin tiendas, carreteras ni agua corriente. Su historia refleja los retos y la soledad de la vida insular permanente.

Ana y Werner Kohl han pasado más de cincuenta años viviendo solos en Male Srakane, una pequeña isla croata situada entre Susak y Unije, al oeste de Lošinj. Desde 1965, este matrimonio alemán ha sido el único residente permanente de un lugar donde no existen tiendas, carreteras ni restaurantes, y donde el suministro de agua es inexistente. Su decisión de instalarse en la isla surgió por motivos de salud: un médico recomendó a la familia buscar un entorno más favorable para el asma de su hijo, y el mar resultó ser la mejor opción.

La llegada de los Kohl coincidió con una época en la que Male Srakane aún conservaba cultivos, viñedos y una pequeña comunidad dedicada a la vida tradicional. Sin embargo, con el paso de los años, la despoblación fue avanzando hasta dejar a Ana y Werner como los únicos habitantes durante todo el año. Mientras que algunos turistas y propietarios de segundas residencias visitan la isla en verano, solo ellos permanecen en invierno, enfrentando la rutina diaria sin servicios básicos ni compañía.

Una vida marcada por la autosuficiencia

La vida en Male Srakane exige una autosuficiencia poco común. No hay coches, ni comercios, ni cafeterías. El agua debe recogerse y almacenarse, y cualquier necesidad implica una planificación meticulosa. La isla solo está conectada por barco con Mali Lošinj, y para que la embarcación haga parada, los pasajeros deben avisar previamente a la tripulación. La sequía es un problema recurrente: los cultivos de frutas como la sandía han desaparecido, y la producción se limita a tomates, pimientos y judías, adaptándose a la escasez de agua.

En la vecina Vele Srakane, la situación es algo diferente. Allí, cuando se publicó el reportaje, vivían tres personas: Igor y Blanka Rukavina y el pescador Dubravko Balenović. Aunque disponen de electricidad, agua e internet, también reclaman una mejor conexión con el exterior. Igor, con dos décadas en la isla, reconoce que regresar a la ciudad resulta más difícil que soportar la soledad y las limitaciones del entorno insular.

El silencio y las campanas

En Male Srakane, el silencio solo se rompe por el sonido de las campanas de la iglesia, que marcan la festividad de Nuestra Señora del Monte Carmelo o sirven de señal de emergencia para los habitantes de Vele Srakane. La ausencia de tráfico y bullicio urbano convierte a la isla en un refugio de tranquilidad, pero también en un lugar donde cada desplazamiento y cada necesidad cotidiana requieren esfuerzo y previsión.

La historia de Ana y Werner Kohl conecta con otras experiencias de vida autosuficiente en Europa, aunque en su caso la motivación no fue la búsqueda de aislamiento, sino una necesidad familiar. Su permanencia en la isla, a pesar de las dificultades, refleja tanto la resistencia personal como el proceso de despoblación que afecta a muchas islas del Adriático.

Desafíos y contexto actual

La despoblación de las islas croatas es un fenómeno que se ha acelerado en las últimas décadas. En los años 50, Vele Srakane llegó a albergar cerca de un centenar de habitantes dedicados a la pesca, la agricultura y la ganadería. Hoy, la mayoría de estas islas solo reciben visitantes en verano, mientras que la vida permanente queda reservada a unos pocos. La falta de servicios, el aislamiento y la dificultad para acceder a recursos básicos explican por qué tan pocos deciden quedarse todo el año.

Según los datos recogidos por medios croatas como HRT y Dalmacija Danas, la historia de los Kohl sigue despertando interés como ejemplo extremo de vida insular. Su caso ilustra los retos de la autosuficiencia, la soledad y la adaptación a un entorno donde la naturaleza y la logística marcan el ritmo de cada día. Aunque la isla ofrece paz y libertad, también exige renuncias y una capacidad de adaptación poco común.

La experiencia de Male Srakane permite entender mejor los desafíos de la vida en pequeñas islas del Adriático, donde la despoblación y la falta de servicios son realidades cotidianas. Para quienes buscan tranquilidad y contacto directo con la naturaleza, la historia de Ana y Werner Kohl es un recordatorio de que la vida aislada implica tanto belleza como dificultad.

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