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Mateo, el madrileño de 90 años que transforma radiografías en arte único

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

Mateo, el madrileño de 90 años que transforma radiografías en arte único Español.News
Mateo, el madrileño de 90 años que transforma radiografías en arte único

José Antonio Mateo, conocido como Mateo, lleva 50 años creando más de 600 cuadros a partir de radiografías desechadas. Su técnica, el grapel, exige precisión y meses de trabajo para cada pieza. Ahora expone en Valdezarza.

En una pequeña parroquia del distrito madrileño de Valdezarza, José Antonio Mateo, conocido artísticamente como Mateo, expone parte de una obra que desafía los límites de la paciencia y la creatividad. A sus 90 años, este madrileño ha dedicado medio siglo a una técnica tan singular como exigente: transformar radiografías negras en cuadros detallados, utilizando únicamente un bisturí, cartulina y un pulso firme.

Mateo nació en Puebla de Sanabria, Zamora, en 1936. La vida le llevó por Galicia, León, Extremadura, Francia y Alemania antes de asentarse en Madrid, donde encontró estabilidad laboral. De profesión electrónico, trabajó en hospitales como La Paz y el 12 de Octubre, encargándose de equipos médicos. Fue precisamente en el entorno hospitalario donde, por casualidad, descubrió el potencial artístico de las radiografías desechadas.

El nacimiento del grapel

La técnica que Mateo bautizó como grapel —una fusión de grabado y película— surgió de la observación y la curiosidad. Al ver radiografías veladas apiladas junto a bisturíes y cartulinas, experimentó rascando la superficie y notó que, según la presión, podía obtener diferentes tonos. Así desarrolló una escala de 17 intensidades: 12 en la emulsión y 5 en el soporte plástico de la placa. El proceso exige pensar al revés: partir de un fondo negro y, eliminando material con precisión, revelar la imagen deseada.

Meses de trabajo en cada cuadro

Cada obra comienza con un dibujo detallado en cartulina, que luego traslada a la radiografía. El margen de error es mínimo: cualquier marca es irreversible. Por eso, aunque la mayoría de los cuadros requieren alrededor de un mes, las piezas más complejas pueden llevar hasta nueve meses de trabajo. En cinco décadas y más de 600 obras, Mateo afirma haber perdido solo una, prueba de la destreza y el control que exige el grapel.

Exposición en Valdezarza

Hasta el 26 de junio, la Parroquia Cena del Señor acoge una selección de sus trabajos. La elección del lugar tiene sentido personal: Mateo vive justo enfrente y ya hace una década sus cuadros decoraron las paredes del templo. Esta vez, la muestra está dedicada a sus vecinos y amigos del barrio, que han seguido de cerca su trayectoria.

Entre las piezas expuestas destacan representaciones arquitectónicas, animales y escenas del sistema solar. Algunas, como la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela o el Acueducto de Segovia, superan los dos metros de altura y están compuestas por varias radiografías ensambladas. Aunque ha trabajado otros motivos, Mateo selecciona cuidadosamente qué mostrar en la iglesia, dejando fuera, por ejemplo, los desnudos.

El valor de la paciencia y la técnica

Para apreciar el grapel, conviene observar no solo el resultado final, sino el proceso: cada tono surge de una presión distinta del bisturí sobre la placa. En una época dominada por la inmediatez digital, la obra de Mateo reivindica la artesanía y la paciencia. El visitante puede descubrir en cada cuadro la huella de un trabajo minucioso, donde no se añade materia, sino que se elimina con precisión.

La colaboración con fabricantes como Kodak o Fujitsu ha permitido que algunas de sus obras viajen a simposios internacionales en ciudades como Tokio o Nueva York. A cambio, Mateo ha recibido cajas de radiografías, asegurando así la continuidad de su materia prima.

Un arte sin precio

A pesar de las ofertas económicas recibidas, Mateo rechaza vender sus cuadros. Lo explica con sencillez: tiene lo necesario para vivir y no busca enriquecerse con su arte. Para él, el verdadero valor está en el proceso y en el significado personal de cada pieza. Sus hijos y su descubrimiento del grapel ocupan el lugar más importante en su vida.

La exposición en Valdezarza es una oportunidad poco común para conocer de cerca una técnica única en España y la historia de un hombre que ha hecho del detalle, la constancia y la creatividad su forma de vida.

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