Mercedes-Benz rompe esquemas al confiar la producción del motor M252 de su nuevo CLA híbrido a fábricas chinas, aunque mantiene el control técnico. Geely y Renault participan en la operación, marcando un giro en la estrategia industrial de la marca alemana.
El nuevo Mercedes-Benz CLA híbrido, destinado al mercado europeo, incorpora un motor de gasolina que no sale de las históricas plantas alemanas de la marca, sino de fábricas en China. El bloque M252 de 1,5 litros, aunque diseñado y calibrado por Mercedes-Benz, se produce íntegramente en colaboración con Aurobay, una empresa en la que participan Geely y Renault. Esta decisión representa un cambio relevante en la estrategia industrial de la firma alemana y pone de relieve la creciente interdependencia global en la fabricación de automóviles.
El motor M252 es un cuatro cilindros turboalimentado que emplea el ciclo Miller para optimizar la eficiencia. Con una relación de compresión de 12:1, recubrimiento Nanoslide en los cilindros y un colector de escape parcialmente integrado en la culata, este propulsor se ensambla entre la planta de Aurobay en Yiwu y Beijing Benz Automotive, la 'joint venture' de Mercedes en Pekín. En el CLA 220 híbrido, el motor térmico entrega 190 CV y se combina con una máquina eléctrica de 30 CV integrada en la transmisión automática de doble embrague y ocho velocidades. El sistema alcanza una potencia conjunta de 211 CV y un par máximo de 380 Nm.
La tecnología híbrida se apoya en una batería de 48 voltios con 1,3 kWh de capacidad, capaz de mover el vehículo en modo eléctrico a baja velocidad y permitir la circulación por inercia con el motor apagado hasta 100 km/h. Además, el sistema puede recuperar hasta 25 kW durante las fases de deceleración, mejorando la eficiencia en el uso diario.
Producción global, control alemán
Mercedes-Benz mantiene la responsabilidad sobre el diseño, la integración mecánica y la calibración del M252, que forma parte de su familia modular FAME. Sin embargo, la gestión de proveedores y la fabricación recaen en Aurobay, reflejando una división de tareas que responde a la lógica de la industria actual. No se trata de un motor de Geely con logotipo alemán, ni de una mecánica fabricada en Alemania: la arquitectura es de Mercedes, pero la producción es china.
Aurobay, integrada en la compañía Horse Powertrain, cuenta con la participación de Geely (45%), Renault Group (45%) y Aramco (10%). Aunque la fabricación se concentra en China, la estructura empresarial es internacional, lo que añade complejidad y matices a la procedencia real del propulsor.
Colaboraciones que marcan tendencia
La apuesta de Mercedes por socios externos no es nueva. Desde 2010, la marca alemana ha colaborado con la alianza Renault-Nissan en el desarrollo y suministro de motores de tres y cuatro cilindros, tanto diésel como gasolina. Modelos como el Clase A y el Clase B ya han montado mecánicas de origen Renault, adaptadas a los estándares de Mercedes. La diferencia ahora es el traslado de la producción a China y la ampliación de la red de alianzas, que incluye a Geely y Aramco.
¿Qué implica para el comprador?
El hecho de que el motor del nuevo CLA híbrido se fabrique en China no altera la responsabilidad de Mercedes sobre la calidad, la integración y la homologación del vehículo. La marca sigue controlando los aspectos clave del producto, desde la electrónica hasta la calibración específica para el modelo. La procedencia china no implica necesariamente una menor fiabilidad o calidad, pero sí confirma que las grandes marcas europeas dependen cada vez más de alianzas internacionales para desarrollar tecnologías híbridas competitivas y adaptarse a las exigencias del mercado.
Contexto y perspectivas
La decisión de Mercedes-Benz de confiar la producción de un motor clave a fábricas chinas refleja la transformación de la industria automovilística, donde la eficiencia de costes y la rapidez en la innovación obligan a buscar socios globales. El caso del CLA híbrido ilustra cómo las fronteras industriales se difuminan y cómo la colaboración entre empresas de diferentes países se convierte en la norma para responder a los retos tecnológicos y regulatorios. Para el consumidor europeo, el cambio puede pasar desapercibido en el uso diario, pero marca un precedente sobre el futuro de la fabricación de vehículos premium en un mundo cada vez más interconectado.