En Madrid endurecen las reglas de limpieza: las pertenencias de personas sin hogar se tiran sin aviso. Las autoridades de Madrid han cambiado el enfoque sobre la limpieza de los lugares donde pernoctan las personas sin hogar. Ahora sus pertenencias pueden ser desechadas sin previo aviso. Esta medida afecta especialmente a los jóvenes migrantes que se han quedado sin apoyo.
En Madrid, las condiciones para las personas sin hogar se han endurecido tras el cambio en las normas municipales de limpieza. Ahora los empleados de los servicios municipales pueden tirar las pertenencias de quienes duermen en la calle sin previo aviso. Esta situación afecta especialmente a los jóvenes migrantes que, al cumplir la mayoría de edad, quedan sin apoyo y se ven obligados a sobrevivir en las calles de la capital.
Uno de estos casos es la historia de Badr El Merroun, un joven de 19 años originario de Tetuán (Marruecos), que terminó en la calle tras salir del sistema de protección. Según cuenta, en el último mes ha perdido todas sus pertenencias en tres ocasiones debido a los nuevos protocolos de limpieza: los empleados no avisan sobre las limpiezas programadas y todo lo que posee —desde ropa hasta documentos— acaba en la basura. El joven señala que la lista de espera para acceder a un albergue municipal puede durar años y no hay plazas disponibles.
Antes, los servicios municipales avisaban a las personas sin hogar sobre las limpiezas programadas para que pudieran recoger sus cosas. Ahora, según la administración de la ciudad, la notificación solo se realiza si la persona está presente en el lugar. Sin embargo, los trabajadores sociales confirman que las pertenencias son desechadas incluso en ausencia de sus dueños. Esto genera una presión adicional entre los grupos vulnerables, que ya enfrentan la falta de recursos y la amenaza constante de perder sus últimas posesiones.
El sistema de apoyo a menores migrantes en Madrid no da abasto: tras cumplir los 18 años, la mayoría acaba en la calle. Los albergues están llenos y las listas de espera para conseguir alojamiento temporal se alargan durante meses. Según los trabajadores sociales, las nuevas normas de limpieza colocan a los jóvenes en una situación aún más vulnerable. En el reportaje se analizan las consecuencias de la prohibición de avisar a las personas sin hogar sobre la retirada de sus pertenencias, lo que provocó protestas entre especialistas y organizaciones sociales.
Badr El Merrun señala que se ve obligado a cambiar constantemente de lugar para dormir, para no perder sus pocas posesiones. Sabe dónde es más fácil encontrar ropa o comida, pero la competencia entre las personas sin hogar es fuerte y el riesgo de ser robado o desalojado por la policía es una realidad diaria. Los trabajadores sociales confirman que las barreras burocráticas y la falta de recursos hacen que superar las dificultades sea prácticamente imposible para los jóvenes migrantes.
Según los datos de 2026, en Madrid existen varios programas municipales de apoyo a personas sin hogar, pero su capacidad no responde a la demanda real. En la capital vive un número considerable de menores migrantes procedentes del norte de África, quienes, al salir del sistema de tutela, se quedan sin vivienda ni documentación. Las nuevas normas de limpieza aumentan su vulnerabilidad, y el acceso a la ayuda social sigue siendo limitado por la burocracia y la falta de plazas. La situación pone de manifiesto la necesidad de revisar los enfoques de apoyo a los grupos vulnerables y de una mejor coordinación entre los servicios municipales.