Miles de personas accedieron a Ceuta por mar y tierra durante la noche. Las fuerzas marroquíes apenas intervinieron en la frontera. España refuerza el control ante la presión migratoria.
La frontera entre Marruecos y Ceuta vivió una de sus noches más tensas tras la entrada masiva de miles de migrantes irregulares, en su mayoría jóvenes y menores, que lograron acceder a la ciudad autónoma por mar y tierra. A pesar del despliegue de varias líneas de gendarmes, fuerzas auxiliares y policías marroquíes equipados con material antidisturbios, el flujo de personas no se detuvo. Los agentes mantenían posiciones en la zona de Findeq (Castillejos), pero permitieron el paso de grupos enteros por la playa, a escasos metros de las barreras policiales, sin que se produjeran intervenciones directas.
Durante la madrugada, decenas de vehículos policiales, tanquetas y un camión lanza-agua formaban parte del dispositivo de seguridad, mientras centenares de jóvenes lanzaban piedras desde las colinas cercanas. El ambiente era de tensión, con barricadas improvisadas y vehículos dañados, pero la vigilancia se centró en contener a quienes intentaban asaltar la valla fronteriza, no en frenar el paso por la costa. Según un suboficial de las fuerzas auxiliares, se esperaba la llegada de refuerzos para intentar controlar el flujo, aunque la prioridad era dispersar a los grupos concentrados en las colinas.
En paralelo, familias enteras, muchas procedentes de Tánger, aguardaban en las inmediaciones del puesto fronterizo del Tarajal con la esperanza de cruzar legalmente. Algunos, como Said, su esposa Nesma y sus hijos, optaron por no arriesgarse por la playa y esperaban que la frontera se abriera al día siguiente. Otros, sin visado, pasaban la noche en parques y solares de Findeq, encendiendo fogatas y esperando una oportunidad para llegar a suelo español.
La situación en Ceuta se repite en Melilla, donde la frontera con Marruecos fue cerrada para evitar nuevos intentos de entrada. El fenómeno migratorio se ha visto amplificado por la difusión de información en redes sociales, que alimenta la creencia de que es posible cruzar sin obstáculos. Miles de personas se han desplazado en los últimos días hacia ambas ciudades españolas, generando una presión inédita desde 2021.
Este episodio recuerda a situaciones anteriores en la frontera de Ceuta, donde la llegada masiva de migrantes ya puso a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades. En ocasiones previas, como recoge un reportaje sobre la intervención de la Guardia Civil y la Marina Real de Marruecos, la colaboración entre ambos países fue clave para contener el flujo migratorio, aunque en esta ocasión la pasividad marroquí ha sido especialmente notoria.
Ceuta y Melilla, enclaves españoles en el norte de África, representan la única frontera terrestre de la Unión Europea con el continente africano. La presión migratoria en estos puntos suele aumentar en periodos de tensión diplomática o crisis regionales. El control fronterizo depende en gran medida de la cooperación entre España y Marruecos, que en los últimos años ha experimentado altibajos. La situación actual pone de relieve la vulnerabilidad de las fronteras y la necesidad de mecanismos de respuesta coordinados para evitar episodios similares en el futuro.