Secretos de las parejas felices: psicólogo español sobre los fundamentos de una relación sólida. El otoño suele traer crisis en las parejas. Muchas relaciones no resisten la rutina diaria. Existen bases poco evidentes para mantener una relación fuerte. Descúbralas en nuestro artículo.
Cada año, con la llegada del otoño, los tribunales españoles registran un aumento en las solicitudes de divorcio. Este fenómeno incluso ha recibido el nombre informal de «divorcios de septiembre». Sin embargo, la causa no es simplemente el verano en sí. Según la psicóloga Sofía García-Faya, las vacaciones largas actúan como una lupa, revelando y acentuando los problemas que durante la rutina diaria pasaban desapercibidos. El regreso al ritmo habitual de vida se convierte en un momento de verdad, cuando las parejas deben hacer balance y, lo más importante, iniciar el diálogo.
La especialista propone ver la relación como un juego en equipo. Después de cada partido, los jugadores analizan no solo los errores, sino también los aciertos, para desarrollar la mejor estrategia de cara al futuro. El objetivo de este análisis no es reprocharse mutuamente, sino crecer juntos y fortalecer el equipo. Es fundamental centrarse en lo que ha funcionado bien. «Hay que enfocar como si fuera una linterna sobre las acciones más positivas para que no queden en la sombra. Aquello que reconocemos y valoramos, se consolida y tiene más posibilidades de repetirse», explica ella, sin utilizar palabras textuales.
Aunque no existe una fórmula universal para la felicidad, hay un elemento fundamental que a menudo pasa desapercibido. Se trata de una buena educación, pero no en el sentido superficial de cortesía. Es algo más profundo: la delicadeza, el respeto por el espacio personal, la capacidad de estar cerca sin agotar ni invadir. Esta cualidad hace que la comunicación sea fácil y agradable. Una persona que ha aprendido a cuidarse, a escuchar sus propias necesidades y a tratarse con amabilidad, suele tener más recursos para construir relaciones sanas. No necesita estar siempre a la defensiva ni descargar su insatisfacción interna sobre la pareja. El amor propio no es un requisito para ser amado, sino una herramienta que ayuda a crear una unión hermosa sin agotarse.
En el mundo actual, donde muchos viven en «piloto automático», la cuestión de compartir tiempo de calidad en pareja cobra especial relevancia. Pero no se trata solo de salir a un restaurante o al cine. Las tareas cotidianas —limpiar, hacer compras, preparar la cena— pueden convertirse en una oportunidad de unión si se abordan de manera consciente. La clave está en hacerlas juntos, tras ponerse de acuerdo previamente. Este enfoque pone la conexión entre los compañeros por encima de la prisa y de las obligaciones domésticas. Vale la pena preguntarse si la urgencia es realmente tan importante, o si es posible bajar un poco el ritmo y disfrutar juntos del proceso. Esto fortalece enormemente los lazos.
Cuando llegan hijos a la familia, la rutina se vuelve aún más exigente. En estos momentos, la comunicación asertiva se convierte en el mejor aliado. Su esencia es sencilla: expresar una necesidad, reconocer una fortaleza de la pareja y formular la petición en forma de pregunta. Por ejemplo: «Por las mañanas tienes más energía, mientras que a mí me cuesta despertarme. ¿Qué te parece si esta semana tú preparas el desayuno y yo la cena? Así actuaremos como un equipo, en vez de sobrevivir por separado». Este enfoque busca encontrar una solución, no entrar en una batalla de egos.
Es importante no dejar que la situación llegue al límite. Si sienten que las emociones están subiendo de tono, es mejor acordar una pausa. No es una huida, sino una muestra de cuidado mutuo. No acumulen resentimientos: aborden los problemas a medida que surjan. Y, por supuesto, no intenten adivinar lo que el otro piensa. Las suposiciones y malentendidos enfrían la relación, mientras que el diálogo abierto la fortalece. La confianza no da derecho a la rudeza. Hablen con su pareja con el mismo respeto que tendrían con un desconocido en la calle. A veces conviene dejar que las emociones se calmen para distinguir entre una reacción momentánea y un problema que realmente requiere atención.