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Óscar Puente desafía al Rey Felipe VI y desata tensión institucional

Ricardo Rubio Español.News

Publicado por Ricardo Rubio

Óscar Puente desafía al Rey Felipe VI y desata tensión institucional Español.News © espanol.news
Óscar Puente desafía al Rey Felipe VI y desata tensión institucional © espanol.news

Óscar Puente calificó de "absoluta ignominia" el saludo del Rey Felipe VI a Javier Negre. El gesto del ministro de Transportes marca un precedente y agrava la distancia entre Moncloa y Zarzuela.

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha provocado una fuerte controversia institucional tras calificar como "absoluta ignominia" el reciente saludo del Rey Felipe VI al periodista Javier Negre. El episodio, que se produjo durante la toma de posesión del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, en Cali, ha generado un clima de tensión inédito entre la Casa Real y el Gobierno central.

La polémica estalló cuando Puente reposteó en la red social X un mensaje de un perfil anónimo, Bilboa III República (@BILBOAANTIFA), acompañado de la exclamación "¡República ya!". El vídeo difundido mostraba a Javier Negre solicitando al monarca un saludo y una fotografía, peticiones que Felipe VI aceptó sin conocer la identidad del interlocutor. Para Puente, el hecho de que el Rey accediera a la petición de un agitador de ultraderecha y asesor de gobiernos radicales constituye una afrenta pública.

El uso del término "ignominia" por parte del ministro, que implica deshonor y vergüenza pública, ha sido interpretado como un ataque directo a la figura del jefe del Estado. Sin embargo, Puente no detalló en qué consistía exactamente la supuesta ofensa, más allá de la interacción entre el Rey y Negre. La situación resulta especialmente delicada porque la Constitución española exige que los ministros refrenden los actos del Rey y asuman la responsabilidad política derivada de ellos, lo que convierte la crítica pública de un miembro del Ejecutivo en un hecho sin precedentes recientes.

El encuentro entre Felipe VI y Negre se produjo en un espacio cerrado, con la presencia del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, encargado de coordinar los detalles del viaje junto a la Casa del Rey. La reacción de Puente ha sido vista como un gesto de deslealtad institucional, en un contexto donde las relaciones entre Moncloa y Zarzuela ya venían mostrando signos de enfriamiento.

La tensión entre ambas instituciones se ha hecho más visible en los últimos meses, especialmente a raíz de la crisis en Ceuta, donde el papel del Rey ha quedado en segundo plano frente a la gestión directa del presidente Pedro Sánchez. En este sentido, la coordinación entre el Gobierno y la jefatura del Estado no es sistemática, y los despachos presenciales entre ambos no siempre se celebran, a pesar de lo que marca la Constitución. Esta deriva ha sido señalada por académicos como un posible avance hacia un modelo presidencialista impulsado desde sectores de la izquierda.

El episodio protagonizado por Puente se suma a otros gestos que evidencian la distancia entre el Ejecutivo y la Corona. Según espanol.news, la gestión de la crisis migratoria en Ceuta ya había puesto de manifiesto la falta de sintonía entre ambas instituciones, con el Gobierno reforzando su respuesta estatal y relegando la visibilidad del Rey en la toma de decisiones (más detalles sobre la gestión de la crisis en Ceuta).

En el contexto actual, la crítica de Óscar Puente no solo marca un precedente en la relación entre el Gobierno y la Casa Real, sino que también reabre el debate sobre los límites de la libertad de expresión de los miembros del Ejecutivo respecto al jefe del Estado. La situación subraya la fragilidad del equilibrio institucional en España y la importancia de los gestos públicos en la dinámica política nacional. Cabe recordar que la figura del Rey, según la Constitución, debe mantenerse al margen de la confrontación política, mientras que los ministros están obligados a asumir la responsabilidad de los actos del monarca. La controversia generada por Puente podría tener repercusiones en la percepción pública de la estabilidad institucional y en la relación futura entre Moncloa y Zarzuela.

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