Cómo los corresponsales de EL PAÍS en Valencia cambiaron el periodismo regional. Hace cincuenta años, los corresponsales de EL PAÍS en Valencia fueron testigos de cambios políticos decisivos. Su labor estableció los estándares de un periodismo regional independiente. Recordamos los principales momentos y desafíos de aquella época.
Hace cincuenta años, cuando se publicó el primer número de EL PAÍS, los corresponsales en Valencia se encontraron en el epicentro de los cambios políticos. En el ocaso del régimen franquista, los periodistas regionales se convirtieron en un canal clave para transmitir información sobre los movimientos democráticos emergentes. Ya en la edición debut del periódico, la atención se centró en la política antifranquista y la preparación de las futuras elecciones, que se anunciaron para la primavera de 1977.
En aquellos años, en Valencia se estaban configurando activamente tres plataformas políticas: representantes de los populares, demócrata-cristianos y partidos de izquierda. Entre ellos destacaban figuras como Emilio Attard, que buscaba aprovechar el legado de Luis Lucia y Gil Robles, así como Vicente Ruiz Monrabal, con una postura cercana al centro. En la izquierda, Manuel Broseta y Josep Lluís Albinyana buscaban nuevos acuerdos y líderes para unir esfuerzos entre la Junta Democrática y el Consell Democràtic.
Primeros pasos y desafíos
El trabajo de los corresponsales en Valencia en la década de 1970 estuvo marcado por la búsqueda constante de nuevos formatos y espacios. Muchos comenzaron de forma independiente, sin el respaldo de grandes redacciones, alquilando pequeñas oficinas en el centro de la ciudad y compartiendo espacio con colegas de otros medios como _Avui_ y _Marginados_. Más tarde se sumaron representantes de _Mundo Obrero_ y diseñadores que colaboraban con publicaciones ecologistas y nacionalistas. Todos ellos eran jóvenes periodistas que apenas empezaban a construir su carrera fuera de la prensa local tradicional.
Con el desarrollo del proceso constitucional en España y el surgimiento de nuevas autonomías, la demanda de información regional creció de forma abrupta. La temática valenciana pasó a ser parte fundamental de la agenda nacional y los corresponsales de provincias poco a poco adquirieron el estatus de actores clave en la formación de la opinión pública. Como señala EL PAÍS, fue precisamente en este periodo cuando los medios centrales comenzaron a comprender que sin tener en cuenta los intereses regionales era imposible construir una España democrática.
Tecnologías y vida cotidiana de los corresponsales
La transmisión de información en aquellos años distaba mucho de los estándares actuales. Los corresponsales dictaban sus materiales por teléfono a los empleados de la redacción, quienes mecanografiaban los textos para su publicación. En caso de vacaciones o viajes de trabajo, era necesario designar un reemplazo con antelación; así, por ejemplo, Bel Carrasco y Miguel Ángel Villena más tarde asumieron cargos importantes en las redacciones de Madrid y Barcelona. Para todo nuevo empleado era obligatorio _El libro de estilo_, que definía los estándares periodísticos de EL PAÍS.
Hechos relevantes, como la tragedia del camping Los Alfaques en Tarragona en el verano de 1978, exigían la movilización urgente de corresponsales de distintas regiones. Entonces, el número de víctimas mortales ascendió a 215 personas y los periodistas, incluidos los enviados de Valencia, trabajaron sobre el terreno en condiciones difíciles. Para desplazarse por la región, tenían que utilizar coches propios, comprados a plazos con sus primeros honorarios.
Crecimiento de la redacción regional
A comienzos de los años ochenta, los corresponsales de EL PAÍS en Valencia obtuvieron su propia oficina en la calle Moratín, y en 1986 se puso en marcha la primera redacción regional con un suplemento diario de cuatro páginas. La apertura contó con la presencia de directivos del periódico, como Jesús Polanco y José Ortega Spottorno, quienes destacaron la importancia de un periodismo regional independiente y crítico.
Uno de los episodios más destacados para los corresponsales fue la tragedia en la presa de Tous en octubre de 1982. En aquella ocasión, la rotura del embalse en el río Júcar provocó una devastación a gran escala y supuso la remuneración más alta por publicaciones en todos los años de trabajo. Durante la cobertura, los periodistas de EL PAÍS no solo transmitieron la información con rapidez, sino que además se entrevistaron en persona con los afectados, como ocurrió con el empresario Luis Sunyer, quien perdió toda su documentación y desconocía cuánto dinero le quedaba para reconstruir su empresa.
Continuidad y nuevos desafíos
Con los años, muchos corresponsales de las regiones asumieron cargos directivos en la redacción central. Su experiencia y los estándares profesionales se convirtieron en la base para las nuevas generaciones de periodistas. Al recordar los primeros años de trabajo, los participantes señalan que fue precisamente la cohesión colectiva y el apoyo del equipo directivo lo que permitió afrontar intentos de presión y preservar la independencia del medio.
La importancia del periodismo regional y su influencia en la agenda nacional también queda demostrado por otros acontecimientos de los últimos años. Por ejemplo, en Madrid, una avería en la estación de metro Carpetana provocó la interrupción del servicio durante cinco horas, convirtiéndose en tema de debate no solo en la capital, sino también en otras regiones del país. Puede leer más sobre este tema en el reportaje sobre las consecuencias del incidente en la línea 6.