Rusia ha subido el tono contra la OTAN. Ha advertido que podría usar armas nucleares si la Alianza intenta aislar Kaliningrado, el enclave ruso entre Polonia y Lituania. La amenaza llegó en una nota diplomática enviada al secretario general de la OTAN, Mark Rutte. El mensaje aparece en un momento de máxima tensión en el Báltico. Moscú acusa a la OTAN de preparar acciones para cortar el acceso a Kaliningrado.
La nota, que Rusia califica de "informal" y que no lleva firma de altos cargos, dice que cualquier intento de aislar Kaliningrado podría provocar una respuesta militar inmediata. Moscú avisa que usaría todo su arsenal. Señala que las maniobras de la OTAN en la zona y el envío de más tropas a Lituania aumentan el riesgo de un choque armado directo. También critica la operación Baltic Sentry, que protege infraestructuras clave en el mar Báltico, y la llama una provocación innecesaria.
Reuters y Associated Press confirman que la advertencia rusa fue enviada como nota diplomática formal, no mediante declaración pública de alto nivel.
La OTAN ha tachado la advertencia rusa de "intolerable". No ha subido su nivel de alerta. Mark Rutte insiste en que la Alianza es defensiva y que sus movimientos no amenazan a Rusia. La organización pide a Moscú que termine la invasión de Ucrania y evite acciones peligrosas contra los aliados.
Kaliningrado, entre Polonia y Lituania, siempre ha sido un punto de fricción. Tras la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN, la zona es aún más sensible. Rusia mantiene allí fuerzas militares importantes, incluidos misiles. Teme que la OTAN pueda bloquear el Báltico e interceptar barcos que van al enclave. Además, Moscú usa Kaliningrado para operaciones híbridas, como el bloqueo de sistemas GPS en la región, según agencias de inteligencia europeas.
Las amenazas nucleares no son nuevas en la estrategia del Kremlin. Desde que empezó la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Moscú recurre al chantaje atómico cada vez que los aliados europeos refuerzan a Kiev. En 2024, Vladimir Putin cambió la doctrina nuclear rusa para permitir el uso de armas de destrucción masiva si hay un ataque convencional contra territorio ruso. Ahora vuelve a usar ese argumento con Kaliningrado.
La OTAN ha reiterado oficialmente que sus ejercicios y operaciones en la región báltica no suponen ningún riesgo para ninguna parte de Rusia, subrayando que el bloque no tiene como objetivo a Kaliningrado.
Las tensiones han crecido también por el aumento de ataques híbridos atribuidos a Rusia. Incluyen sabotajes, incursiones con drones y campañas de desinformación. Kaja Kallas, alta representante de la UE para Política Exterior y Seguridad, confirma que hay informes de inteligencia sobre nuevos planes del Kremlin para este tipo de acciones en Europa.
Kaliningrado es a la vez fortaleza militar y punto débil para Rusia. Está rodeado por países de la OTAN y la UE, lo que complica el envío de suministros y refuerzos si hay conflicto. El corredor de Suwalki, que une Polonia y Lituania, es clave para la seguridad de los países bálticos y podría ser un objetivo si la tensión sube.
La retórica rusa sobre armas nucleares se ha hecho más frecuente en los últimos años. Los medios estatales hablan a menudo de la capacidad de atacar ciudades europeas desde Kaliningrado en segundos. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dice que estas advertencias son "naturales" y que Rusia solo responde a declaraciones que considera extremistas de las capitales europeas.
El Báltico se ha convertido en uno de los principales escenarios de la rivalidad entre Rusia y la OTAN. La amenaza nuclear, aunque repetida, muestra la fragilidad de la seguridad europea y la importancia de Kaliningrado. Moscú apuesta por la disuasión y la presión sobre los aliados, lo que mantiene la región en alerta. La OTAN refuerza su defensa y busca contener la situación. Quiere evitar una escalada directa, pero la gestión del conflicto es cada vez más compleja, con líneas rojas que cambian al ritmo de la retórica y las maniobras militares.
Según información de El País, la preocupación por la seguridad en el Báltico ha crecido mucho tras la entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN. La región está más sensible ante cualquier movimiento militar.