Santiago Calatrava, uno de los arquitectos e ingenieros más reconocidos de las últimas décadas, rechaza la imagen del creador tocado por la inspiración repentina. Para él, detrás de cada proyecto hay años de formación, pruebas y una búsqueda incansable de soluciones. Así lo dejó claro en una conversación organizada por la Fundación Arquia, donde repasó los hitos y decisiones que han marcado su carrera internacional.
Calatrava nació en 1951 en Benimàmet, cerca de Valencia, y creció entre el paisaje agrícola y la ciudad. Desde joven mostró interés por el dibujo y las artes plásticas, aunque su camino hacia la arquitectura no fue lineal. Tras un intento frustrado de estudiar Bellas Artes en París por los acontecimientos de mayo del 68, se formó en Valencia y se graduó en Arquitectura en 1974. Más tarde, en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, se especializó en Ingeniería Civil y obtuvo el doctorado con una investigación sobre estructuras plegables, un tema que anticiparía su lenguaje arquitectónico.
Formación y primeros proyectos
La combinación de arte y técnica se convirtió en la base de su método. Sus primeros encargos, como el Instituto Wohlen y las puertas del almacén Ernsting, fueron laboratorios de experimentación. Cada fachada, cada detalle, era una oportunidad para ensayar nuevas soluciones. Calatrava insiste en que ningún edificio es un resultado aislado: cada obra alimenta la siguiente, y el aprendizaje es constante.
El reconocimiento internacional llegó con la estación de Stadelhofen en Zúrich en los años 80. A partir de ahí, los puentes se convirtieron en una de sus señas de identidad: Bac de Roda en Barcelona, el Alamillo en Sevilla o el Lusitania en Mérida. Para Calatrava, puentes y estaciones no solo resuelven necesidades funcionales, sino que pueden transformar el entorno urbano y dotar de identidad a una ciudad.
De Valencia al mundo
En los años 90, la escala de sus proyectos creció. La estación de Lyon-Saint-Exupéry, la Torre de Telecomunicaciones de Montjuïc, el aeropuerto de Bilbao y el Auditorio de Tenerife consolidaron su prestigio. Pero fue la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia la que se convirtió en su obra más emblemática, uniendo formas escultóricas, espacios públicos y la fusión entre arquitectura e ingeniería.
Calatrava vincula esta etapa con la transformación de España tras la dictadura, cuando el país apostó por la modernidad y la proyección internacional. Su actividad se extendió a Estados Unidos y Europa, con obras como el Museo de Arte de Milwaukee, el Turning Torso de Malmö, el complejo olímpico de Atenas y el Oculus del World Trade Center en Nueva York. En todos estos proyectos, la investigación estructural y la búsqueda de una experiencia espacial singular son el hilo conductor.
El método Calatrava
Más allá de la arquitectura, Calatrava nunca ha dejado de dibujar, pintar y esculpir. Sus obras artísticas, expuestas en museos como el Metropolitan, el MoMA o los Museos Vaticanos, funcionan como un laboratorio de ideas que alimenta su trabajo arquitectónico. El propio Calatrava cita a Le Corbusier para definir su actitud: «búsqueda paciente».
Rechaza la imagen del hallazgo milagroso. Cada avance es fruto de la persistencia, el dibujo y el trabajo diario. «No hay milagros: hay trabajo, hay dibujos y persistencia», resume. Esta filosofía conecta con la experiencia de otros profesionales que, como el restaurante Buenuena en Arrasate, han construido su legado sobre la base del esfuerzo y la dedicación, como se relata en la historia del cierre de un referente local tras décadas de trabajo.
Contexto y legado
La trayectoria de Calatrava ilustra cómo la arquitectura puede ser un proceso de aprendizaje continuo, donde el error y la experimentación son tan valiosos como el éxito. Su método, basado en la integración de arte y técnica, ha influido en generaciones de arquitectos y sigue generando debate sobre el papel de la creatividad y la disciplina en la construcción de ciudades.
Actualmente, la filmoteca digital de la Fundación Arquia ofrece materiales audiovisuales sobre su obra y pensamiento, permitiendo profundizar en el enfoque de un creador que ha llevado el nombre de Valencia al mundo sin perder de vista la importancia del trabajo paciente y la innovación constante.