El arquitecto José Luis Esteban Penelas sostiene que la lucha contra el calor extremo no pasa por soluciones temporales, sino por rediseñar las ciudades con más vegetación, materiales adecuados y mejor orientación de los edificios. Su visión apunta a un cambio profundo en el urbanismo español.
En pleno repunte de las temperaturas, las grandes ciudades españolas vuelven a mostrar sus límites frente al calor: calles de asfalto, plazas sin sombra y edificios que retienen el bochorno durante horas. Para el arquitecto y catedrático José Luis Esteban Penelas, la solución no está en abanicos ni paraguas, sino en transformar la propia estructura urbana. Así lo defendió en La Brújula de Onda Cero, donde subrayó que la vegetación, los materiales y la orientación de los edificios deben ocupar un lugar central en la estrategia contra el calor.
Vegetación como infraestructura
Penelas no se limita a proponer la plantación aislada de árboles. Su planteamiento es más ambicioso: convertir la vegetación en una infraestructura urbana esencial. Esto implica aumentar el arbolado, instalar fachadas vegetales, crear pérgolas y corredores de sombra, y diseñar espacios capaces de retener humedad nocturna para liberarla durante el día. Según el arquitecto, solo así se puede combatir el fenómeno de la isla de calor urbana, que convierte los centros de las ciudades en auténticos hornos durante el verano.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha explicado que el asfalto y los tejados cerámicos absorben y retienen la radiación solar, mientras que las zonas verdes y los tejados vegetales ayudan a reducir la acumulación de calor. Esta diferencia se traduce en una brecha térmica de hasta 6 o 7 grados entre el centro urbano y su entorno, según Penelas.
Materiales y orientación: factores decisivos
El experto señala que el uso masivo de asfalto negro y hormigón en las ciudades españolas contribuye a elevar la temperatura ambiente, ya que estos materiales almacenan calor y lo liberan lentamente durante la noche. Esto dificulta el descanso y agrava los efectos de las olas de calor, especialmente en zonas densamente edificadas.
La orientación de los edificios también juega un papel clave. Un diseño adecuado puede favorecer interiores más frescos, reducir la dependencia del aire acondicionado y hacer que los espacios públicos sean más habitables en los meses más calurosos. Penelas insiste en que la arquitectura debe anticipar el clima y adaptarse a él, no solo responder con soluciones tecnológicas o temporales.
Recuperar soluciones tradicionales
Entre las medidas que propone el catedrático figura la recuperación de elementos históricos, como los canales de agua que recorrían las calles antes de la llegada del Canal de Isabel II. También aboga por el uso de materiales tradicionales como el granito y la piedra natural en el pavimento, que absorben menos radiación y reducen la sensación térmica en comparación con el asfalto o el hormigón.
Estas propuestas no solo buscan mejorar el confort, sino también proteger la salud pública. El Ministerio de Sanidad estimó que entre mayo y septiembre de 2025 se produjeron 3.832 muertes atribuibles al exceso de temperatura, mientras que los datos de MoMo recogidos por EFE cifran en 1.029 los fallecimientos por calor solo en junio de 2026. Más sombra, vegetación y materiales adecuados pueden reducir el estrés térmico en trayectos diarios, colegios, paradas de autobús y viviendas.
Contexto y retos futuros
El debate sobre cómo adaptar las ciudades al cambio climático se ha intensificado en los últimos años, a medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes y severas. Diversos estudios internacionales coinciden en que la renaturalización urbana y la recuperación de soluciones tradicionales pueden ser herramientas eficaces para mitigar el impacto del calor extremo. Sin embargo, la transformación de las ciudades requiere inversiones sostenidas, voluntad política y una visión a largo plazo que priorice la habitabilidad y la salud de la población.
La propuesta de Penelas se suma a un movimiento creciente que reclama un urbanismo más humano y resiliente. El reto, según los expertos, es pasar de las palabras a los hechos y convertir la adaptación climática en una prioridad real para el futuro de las ciudades españolas.