Jia Mingxuan, estudiante de Mongolia Interior, desarrolló un sistema de riego que utiliza la condensación del aire para hidratar árboles sin necesidad de electricidad. Su prototipo fue premiado en la feria iENA 2025 y despierta interés internacional.
Jia Mingxuan tenía solo 14 años cuando ideó un sistema de riego capaz de captar la humedad del aire y transformarla en agua para las raíces de los árboles, sin depender de electricidad ni de fuentes externas. El prototipo, construido en Mongolia Interior, se basa en una observación cotidiana: el vapor que se condensa en superficies frías. A partir de esa idea, Jia diseñó un dispositivo que combina tubos de acero enterrados, botellas reutilizadas y una entrada de aire, logrando que la humedad atmosférica se condense y llegue directamente a las raíces.
El proyecto nació en marzo de 2025, tras una propuesta escolar. Inspirado por el fenómeno de la condensación en los azulejos de su casa, Jia aplicó principios de física para crear una solución práctica a un problema real: el riego de plantones en zonas áridas. El sistema utiliza un tubo hueco de acero de hasta dos metros, enterrado bajo tierra. Una caperuza movida por el viento fuerza la circulación del aire, que al enfriarse bajo tierra condensa el vapor en gotas. Estas gotas descienden hasta las raíces, permitiendo el riego sin bombas ni energía eléctrica, aunque el rendimiento depende del viento y de la diferencia térmica entre la superficie y el subsuelo.
El esfuerzo detrás del invento fue notable. Jia, que estudiaba en un internado, recorría 30 kilómetros para llegar a su casa y comprobar el funcionamiento del prototipo. En varias ocasiones, se levantó a las cuatro de la mañana para desenterrar el sistema y medir la humedad antes de regresar a clase. Estas pruebas permitieron ajustar el diseño y comprobar su eficacia en un entorno seco, donde el riego tradicional resulta costoso y poco eficiente.
Reconocimiento internacional
El dispositivo fue presentado en la 77.ª edición de la feria iENA de Núremberg, celebrada en noviembre de 2025, donde compitió con más de 540 inventos de 21 países. El jurado valoró especialmente el uso de principios físicos sencillos para resolver una necesidad agrícola concreta, otorgando a Jia la medalla de oro juvenil. El proyecto, inscrito oficialmente como «Automatic Tree Watering Device for Arid Regions», destacó frente a propuestas tecnológicamente más complejas, como robots quirúrgicos o interfaces cerebro-ordenador.
La historia de Jia recuerda a otros casos de jóvenes que, desde la observación cotidiana, logran soluciones innovadoras. Un ejemplo similar es el de Ashton Meyer, un niño de 11 años que creó un servicio de limpieza de contenedores en Canadá y cuya iniciativa fue recogida en un reportaje sobre talento precoz.
Desafíos y futuro del invento
Tras el reconocimiento internacional, Jia comenzó a colaborar con un equipo de investigación en Shanghái para perfeccionar el diseño y evaluar su viabilidad en proyectos de reforestación. El reto ahora es comprobar la durabilidad del sistema frente a la arena, la corrosión y los cambios térmicos, así como determinar qué materiales ofrecen la mejor relación entre coste y resistencia. Hasta el momento, no se han publicado datos precisos sobre la cantidad de agua recogida por día, el coste por unidad o la vida útil del dispositivo, por lo que aún no puede considerarse un sustituto universal del riego convencional.
El caso de Jia Mingxuan pone de relieve el potencial de la ciencia aplicada desde edades tempranas y la importancia de buscar soluciones adaptadas a las condiciones locales. Aunque el prototipo necesita más pruebas y ajustes antes de una posible aplicación a gran escala, su éxito en iENA 2025 demuestra que la innovación puede surgir de la observación y la perseverancia, incluso en contextos alejados de los grandes centros tecnológicos.
En el contexto de la lucha contra la desertificación en regiones como Mongolia Interior, donde la escasez de agua limita la reforestación, iniciativas como la de Jia abren nuevas vías para el desarrollo sostenible. El reconocimiento obtenido en Alemania no solo premia la creatividad individual, sino que también señala la necesidad de seguir explorando soluciones de bajo coste y bajo impacto para los desafíos ambientales actuales.