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Vox reactiva el franquismo sociológico en las élites y desafía la memoria democrática

Ricardo Rubio Español.News

Publicado por Ricardo Rubio

Vox reactiva el franquismo sociológico en las élites y desafía la memoria democrática Español.News
Vox reactiva el franquismo sociológico en las élites y desafía la memoria democrática

El franquismo sociológico sigue presente en las élites españolas. Vox ha sabido canalizar ese legado con un discurso posmoderno y antipolítico. El debate sobre la memoria histórica y el papel de la ultraderecha vuelve al centro de la política.

El análisis de Francesc-Marc Álvaro, excolumnista de La Vanguardia y actual diputado de ERC, pone el foco en un fenómeno que sigue marcando la política española: la permanencia del franquismo sociológico en las zonas de poder. Según Álvaro, Vox ha logrado transformar ese legado en un producto político adaptado a la era digital, combinando elementos del franquismo tardío con estrategias inspiradas en el trumpismo estadounidense.

Álvaro, que decidió dar el salto a la política tras una larga carrera en el periodismo, destaca que Vox no rehúye la etiqueta de franquista o neofranquista. El partido, según su visión, aglutina perfiles muy diversos: desde antiguos dirigentes del PP hasta activistas antiabortistas y figuras históricas de la ultraderecha, junto a personas que en otro momento habrían estado cerca de movimientos rupturistas como el 15-M. Esta amalgama ha permitido a Vox ofrecer una propuesta que, aunque se presenta como novedosa, se apoya en viejas brasas nunca extinguidas en las élites españolas.

El franquismo sociológico, según Álvaro, no desapareció con la Transición. Se mantuvo como un clima normalizado en sectores clave: la alta magistratura, grandes empresas, funcionariado, jerarquía católica, despachos de abogados y hasta en el deporte. Vox, afirma, ha sabido dar a ese poso un envoltorio posmoderno, eficaz para conectar con la antipolítica y reactivar un discurso autoritario que nunca fue completamente marginado.

El fenómeno no se limita a quienes vivieron la dictadura. Álvaro subraya que la cultura política heredada del franquismo es tan profunda que persiste incluso cuando desaparecen las generaciones que la vivieron. Esta percepción, que distingue el franquismo de otros regímenes totalitarios europeos, ha facilitado la reivindicación de ciertos aspectos del pasado autoritario. El Partido Popular, pese a su origen en exministros franquistas, había evolucionado hacia una derecha democrática, pero la irrupción de Vox ha tensionado de nuevo esa frontera ideológica.

En cuanto a las políticas de memoria, Álvaro es crítico con el PSOE, al que acusa de falta de audacia y de impulsar leyes difíciles de aplicar y poco efectivas para las víctimas. Considera que la oportunidad de una memoria democrática efectiva se perdió en los primeros años de la Transición y que, cuando el PSOE intentó recuperarla, la derecha ya había reforzado su posición y perdido los complejos del pasado.

Álvaro advierte que la estrategia de Vox replica el modelo de Donald Trump, aplicando lo que denomina “efecto rana”: un autoritarismo que avanza gradualmente, reduciendo el perímetro de la democracia sin rupturas bruscas. El objetivo, según su análisis, es restringir los márgenes democráticos, un proyecto compartido por las ultraderechas globales.

El atractivo de la ultraderecha entre los jóvenes, señala, no es nuevo. El fascismo histórico también captó a la juventud por su carácter contracultural. Lo que ha cambiado es la capacidad de la propaganda digital para llegar de forma directa e individualizada, lo que refuerza su impacto en las nuevas generaciones.

Sobre el crecimiento de Vox, Álvaro matiza que, aunque el procés catalán alimentó parte de su discurso, el principal motor ha sido la cuestión migratoria. La ultraderecha española activa dos enemigos: el nacionalismo catalán y vasco en el interior, y el inmigrante musulmán en el exterior. En Cataluña, Vox ni siquiera se presentó en las primeras elecciones bajo el 155, lo que refuerza la idea de que su auge responde a factores más amplios.

En el panorama catalán, Álvaro compara a Vox con Aliança Catalana, señalando que ambos comparten una agenda trumpista y un enfoque excluyente hacia la inmigración musulmana. Sin embargo, distingue que Vox es neofranquista, mientras que Aliança Catalana rompe con la tradición integradora del catalanismo. A pesar de que existieron pulsiones excluyentes en el pasado, como las de Heribert Barrera, siempre fueron minoritarias y ajenas al mestizaje que caracteriza a Cataluña.

Respecto a posibles alianzas, Álvaro considera que Junts debería mantener la tradición integradora del catalanismo, recordando que la identidad catalana se ha definido históricamente por la inclusión de quienes viven y trabajan en Cataluña.

En el ámbito interno de ERC, reconoce que la propuesta de Gabriel Rufián de una entente de izquierdas genera tensiones, pero subraya que la prioridad es reforzar la marca y el papel del partido en Cataluña, en línea con la estrategia de Bildu y BNG. No descarta colaboraciones puntuales con otras fuerzas de izquierdas, siempre que no diluyan la identidad propia de ERC.

El debate sobre el franquismo sociológico y la memoria democrática sigue siendo central en la política española. Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas, la preocupación por el auge de la ultraderecha ha crecido en los últimos años. La Ley de Memoria Democrática, aprobada en 2022, busca reparar a las víctimas del franquismo, pero su aplicación sigue siendo objeto de controversia. Vox, por su parte, mantiene un discurso crítico con estas políticas y ha logrado consolidar su presencia en el Congreso, reflejando la persistencia de viejas tensiones en la sociedad española.

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