Según la Sociedad Brasileña de Angiología y Cirugía Vascular, el lipedema afecta a cerca del 11 % de las mujeres cisgénero. Sin embargo, la afección sigue rodeada de incertidumbres. A pesar de los avances significativos en la comprensión de su fisiología, diagnóstico y tratamiento, se necesita más claridad a medida que aumenta la conciencia y los diagnósticos.
En el último Congreso Internacional sobre Obesidad (ICO) celebrado en São Paulo, Brasil, el Dr. Philipp Scherer, director del Touchstone Diabetes Center, analizó las complejidades del lipedema. “Es una enfermedad extremadamente frustrante para alguien como yo, que ha pasado toda su vida estudiando el tejido adiposo funcional y disfuncional. Estamos tratando de comprender la fisiología de esta patología, pero es un desafío y, hasta ahora, no hemos podido encontrar una respuesta concreta”, señaló.
El lipedema se caracteriza por la acumulación anormal de tejido adiposo subcutáneo, especialmente en las extremidades inferiores, y afecta casi exclusivamente a mujeres cisgénero. La razón de esta disparidad de género no está clara. Podría ser una característica intrínseca de la enfermedad o el resultado de la falta de familiaridad de los médicos con el lipedema, lo que a menudo conduce a un diagnóstico erróneo de obesidad. Este diagnóstico erróneo hace que menos hombres busquen tratamiento.
La investigación se ha centrado predominantemente en las mujeres y la evidencia sugiere que las hormonas desempeñan un papel crucial en la fisiopatología de la enfermedad. El lipedema suele manifestarse durante períodos de cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo, la menopausia y las terapias de reemplazo hormonal, lo que refuerza la idea de que las hormonas influyen significativamente en el desarrollo y la progresión de la enfermedad.
Síntomas principales
Jonathan Kartt, director ejecutivo de la Lipedema Foundation, destacó que el dolor intenso en las zonas de acumulación de tejido adiposo es un síntoma distintivo del lipedema, que lo distingue de la obesidad. Los niveles de dolor pueden variar ampliamente entre pacientes, desde moderados a severos, con picos insoportables en ciertos días. Kartt destacó la importancia de reconocer y abordar este síntoma a menudo subestimado.
El lipedema se caracteriza por un aumento de masa bilateral y simétrico en comparación con el resto del cuerpo. Se suele distinguir por el “signo del manguito”, una separación entre el tejido normal de los pies y el tejido anormal desde el tobillo hacia arriba. Otros síntomas frecuentes son sensación de pesadez, malestar, fatiga, hematomas frecuentes y cansancio. Un signo destacable es la presencia de nódulos subcutáneos con una textura similar a la de los granos de arroz, que son cruciales para diferenciar el lipedema de otras afecciones. La palpación durante la anamnesis es esencial para identificar estos nódulos y confirmar el diagnóstico.
“Es fundamental investigar los antecedentes familiares para determinar la predisposición genética. Además, es fundamental preguntarse si, incluso con la pérdida de peso, las zonas afectadas conservan la grasa acumulada. También se deben evaluar cuidadosamente los cambios hormonales, los síntomas de dolor y el impacto en la calidad de vida”, aconsejó Kartt.
Herramientas diagnosticas
André Murad, consultor clínico del Instituto Lipedema Brasil, ha estado explorando nuevos enfoques de diagnóstico para el lipedema más allá de la anamnesis tradicional. Durante su presentación en el ICO, estudios compartidos sobre la eficacia de los exámenes de imagen como la ecografía, la tomografía y la resonancia magnética para diagnosticar el aumento característico del tejido subcutáneo asociado al lipedema.
También se refirió a la linfangiografía y la linfogammagrafía, destacando el uso de la linfangiografía por resonancia magnética para evaluar los vasos linfáticos dilatados que se observan con frecuencia en pacientes con lipedema. “Esta técnica, al inyectar contraste en los pies, permite evaluar los vasos, que suelen estar dilatados, lo que indica una sobrecarga del sistema linfático característica en el lipedema. La linfogammagrafía es fundamental para detectar el linfedema asociado, revelando retraso del flujo linfático y asimetría entre las extremidades en casos de lipedema sin linfedema”, explicó.
A pesar de las diversas opciones diagnósticas, Murad destacó dos estudios de gran eficacia. Un estudio brasileño utilizó la ecografía para establecer un punto de corte de 11,7 mm en el espesor del tejido subcutáneo pretibial, logrando una especificidad del 96% para el diagnóstico. Otro estudio Enfatizó el valor de la absorciometría de rayos X de energía dual (DXA), que demostró una sensibilidad del 95%. Este método evalúa la distribución de la grasa al correlacionar la cantidad presente en las piernas con el cuerpo total, lo que brinda una opción rentable y accesible para los especialistas.
“La DXA permite una evaluación matemática precisa de la distribución de la grasa en relación con el cuerpo total. Una relación pierna-cuerpo de 0,38 es un indicador significativo de alta sospecha de lipedema”, destacó Murad. “En la práctica clínica, muchos pacientes se autodiagnostican lipedema, pero el examen clínico a menudo no revela ninguna desproporción, siendo común en estos casos una relación pierna-cuerpo inferior a 0,38”, añadió.
Enfoques de tratamiento
Los tratamientos para el lipedema aún están en evolución y existe un gran debate sobre cuál es el mejor abordaje. Mientras algunos especialistas abogan exclusivamente por el tratamiento conservador, otros recomiendan combinar estos métodos con intervenciones quirúrgicas, dependiendo del estadio de la enfermedad. La relativa novedad del lipedema y la escasez de estudios sólidos a largo plazo contribuyen a la incertidumbre en torno a la eficacia del tratamiento.
El tratamiento conservador suele incluir técnicas compresivas, de drenaje linfático y presoterapia. También se recomienda un estilo de vida activo y una dieta saludable. Aunque estas medidas no evitan la acumulación de tejido adiposo, ayudan a reducir la inflamación y a mejorar la calidad de vida. “Aunque no se conocen del todo las causas del lipedema, el manejo del estilo de vida es fundamental para controlar los síntomas, empezando por una dieta antiinflamatoria”, subraya Murad.
Dado que la insulina promueve la lipogénesis, es recomendable seguir una dieta que evite los picos de glucemia y de insulina. La resistencia a la insulina puede exacerbar la formación de edemas, por lo que una dieta mediterránea puede ser beneficiosa. Esta dieta limita los carbohidratos de rápida absorción, como el azúcar añadido, los cereales refinados y los alimentos ultraprocesados, a la vez que promueve los carbohidratos complejos procedentes de cereales integrales y legumbres.
Murad también presentó un estudio Evaluar los posibles beneficios de una dieta baja en carbohidratos y alta en grasas para pacientes con lipedema. El estudio demostró pérdida de peso, reducción de la grasa corporal, control del volumen de las piernas y, sobre todo, alivio del dolor.
En los estadios más avanzados del lipedema, la cirugía plástica suele considerarse cuando los métodos conservadores no dan resultados satisfactorios. Algunos especialistas abogan por la cirugía como una forma eficaz de eliminar las células adiposas enfermas y reducir la acumulación excesiva de grasa, lo que puede mejorar la apariencia física y el dolor asociado. Existe un consenso creciente de que la intervención quirúrgica debe realizarse de forma temprana, idealmente en el estadio I o IV, para maximizar la eficacia y prevenir la progresión de la enfermedad.
El Dr. Fábio Masato Kamamoto, cirujano plástico y director del Instituto Lipedema Brasil, compartió sus conocimientos sobre los tratamientos quirúrgicos para el lipedema. Habló de técnicas que van desde la liposucción hasta la retracción avanzada de la piel y la dermolipectomía, fundamentales para abordar las etapas más avanzadas de la enfermedad. “Es un proceso complejo que exige precisión para proteger el sistema linfático, especialmente teniendo en cuenta los nódulos característicos del lipedema”, señaló.
Los beneficios del tratamiento quirúrgico del lipedema pueden ser duraderos. Kamamoto señaló que la grasa tiende a no volver a acumularse en las zonas tratadas y que los pacientes suelen experimentar una pérdida de peso, una reducción del edema y una disminución del dolor con el tiempo. “Si bien esperamos que los pacientes no recuperen peso, los beneficios de la cirugía persisten incluso si se recupera peso. Por lo tanto, la combinación de tratamientos conservadores y quirúrgicos sigue siendo un enfoque válido y eficaz”, concluyó.
Scherer destacó que, a pesar de los diversos enfoques, aún no existe una “firma mágica” definitiva que explique por completo el lipedema. Esta falta de claridad afecta directamente a la eficacia de los diagnósticos y tratamientos. Expresó su esperanza de que la futura integración de datos de diferentes estudios y enfoques conduzca a la identificación de una firma molecular clínicamente útil. “La verdadera causa del lipedema sigue siendo desconocida, por lo que se requieren más especulaciones, formulación de hipótesis y pruebas para obtener descubrimientos significativos. Esta situación es frustrante, ya que la enfermedad afecta a muchas mujeres que carecen de un diagnóstico claro que las diferencie de las pacientes con obesidad, así como de recomendaciones basadas en la evidencia”, concluyó.
Esta historia fue traducida del Edición en portugués de Medscape Utilizando varias herramientas editoriales, incluida la IA, como parte del proceso. Editores humanos revisaron este contenido antes de su publicación.

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