Aliança Catalana se posiciona como tercera fuerza en Cataluña según la última encuesta oficial. El partido de Sílvia Orriols acelera su crecimiento y provoca tensiones internas y externas. El panorama político catalán se reconfigura.
Aliança Catalana ha irrumpido con fuerza en la escena política catalana tras los últimos datos del CEO de la Generalitat, que la sitúan como la tercera fuerza en intención de voto. El ascenso del partido liderado por Sílvia Orriols ha generado inquietud entre formaciones tradicionales como Junts, que ahora ven amenazada su posición en el Parlament. La reacción no se ha hecho esperar: Junts ha reactivado la comisión parlamentaria encargada de sancionar a Orriols por sus declaraciones sobre el velo islámico, en un contexto de creciente tensión política.
El crecimiento de Aliança Catalana se apoya en el desencanto de una parte del electorado, que busca alternativas a los partidos convencionales. Según los datos de la encuesta, el partido podría superar los 30 escaños, lo que obliga a incorporar nuevos candidatos a sus listas de manera acelerada. Este proceso ha provocado ya las primeras fricciones internas, como la reciente entrada de Xavier Capelles López, exmilitante de Fuerza Nueva y candidato en las europeas por Comunión Tradicionalista Carlista, que ha motivado la salida de otros miembros por discrepancias ideológicas.
La estructura de Aliança Catalana, al igual que ocurrió en su día con Ciudadanos, Podemos, Vox o Sumar, se basa más en un estado de ánimo colectivo que en una organización política tradicional. La falta de militancia consolidada y de cuadros experimentados plantea dudas sobre la capacidad del partido para gestionar un crecimiento tan rápido y mantener la cohesión interna. La experiencia de otras formaciones surgidas del descontento muestra que estos movimientos suelen enfrentarse a conflictos internos, casos de corrupción o problemas de gestión que terminan debilitando su impulso inicial.
El auge de Aliança Catalana también tiene consecuencias para el equilibrio político en Cataluña. Junts, que ha oscilado entre el enfrentamiento y la colaboración con el Estado, podría quedar relegado a un papel secundario si se confirma la tendencia de las encuestas. Además, Sílvia Orriols ha descartado presentarse a las elecciones generales, subrayando que su proyecto se limita al ámbito catalán. En este contexto, la estrategia de aislar a Aliança Catalana mediante cordones sanitarios podría resultar contraproducente, ya que refuerza la percepción de que el partido representa una alternativa real frente a la política tradicional.
En los últimos años, Cataluña ha sido escenario de la aparición y desaparición de partidos que canalizan el malestar social, como Ciudadanos, Podemos, Vox y Sumar. Estos movimientos suelen captar el voto de castigo y el desencanto, pero su permanencia depende de su capacidad para consolidar estructuras y evitar los errores que han lastrado a sus predecesores. El caso de Aliança Catalana pone de relieve la volatilidad del electorado y la dificultad de mantener el apoyo cuando el estado de ánimo colectivo cambia. Según datos del CEO, la fragmentación política en Cataluña sigue en aumento, lo que complica la formación de mayorías estables y obliga a los partidos a adaptarse a un escenario cada vez más incierto. El fenómeno de Aliança Catalana refleja una tendencia más amplia en la política española, donde el surgimiento de nuevas fuerzas responde a la demanda de renovación y ruptura con el pasado, pero también enfrenta los desafíos de la consolidación y la gestión interna.