Andrew Funk, tras perder su empresa y quedarse sin hogar en Barcelona, denuncia las graves secuelas físicas y emocionales del sinhogarismo. Su organización ha apoyado a miles de personas en 21 países, apostando por la autonomía y la dignidad.
Andrew Funk conoce de primera mano el precio de quedarse sin hogar. En 2015, tras perder su empresa en Barcelona, se vio obligado a dormir en la calle y a distanciarse de su hijo. Aquella experiencia marcó un antes y un después en su vida y le llevó a fundar Homeless Entrepreneur, una organización que ya ha ayudado a más de 3.500 personas en 21 países a recuperar su autonomía a través del empleo y la formación.
En una reciente entrevista en el podcast Roca Project, Funk recuerda el momento en que escuchaba a su hijo llorar desde otra habitación, mientras él pasaba la noche en la calle. Para él, el sinhogarismo no comienza cuando alguien duerme al raso, sino mucho antes: con la pérdida de ingresos, de vínculos y de la red de apoyo que sostiene a cualquier persona.
Consecuencias físicas y emocionales
Funk es tajante al describir el impacto del sinhogarismo: “El estrés mata. Dormir en la calle reduce la esperanza de vida entre 13 y 30 años”. Los datos lo respaldan. Un estudio publicado en Environment and Planning A señala que las personas sin hogar tienen tasas de mortalidad 25 veces superiores a quienes cuentan con vivienda. El Royal College of Nursing sitúa la edad media de fallecimiento de quienes duermen al raso en 44 años para hombres y 42 para mujeres, frente a los 76 y 81 años de la población general.
Pero el daño no se limita al frío o al hambre. La falta de descanso, la humedad, la inseguridad y el miedo constante deterioran tanto el cuerpo como la salud mental. Funk insiste en que el verdadero peligro aparece cuando el agotamiento vence y la persona queda expuesta a la violencia y la indiferencia.
Recuperar la autonomía
Homeless Entrepreneur no ofrece limosna, sino un proceso de recuperación de la autonomía personal. La organización identifica a personas sin hogar que desean reincorporarse a la vida laboral y social, y las conecta con recursos, oportunidades profesionales y una red de apoyo. Según Funk, el empleo puede devolver la dignidad solo si va acompañado de escucha, acompañamiento y continuidad.
Su propia historia es ejemplo de esa filosofía: de dormir en la calle en Barcelona a liderar un proyecto internacional que combate la invisibilidad y la exclusión social.
El poder del lenguaje y la mirada
Funk rechaza términos como “vagabundo”, “indigente” o “sintecho”, que despersonalizan y estigmatizan. Defiende hablar de personas sin hogar, recordando que detrás de cada situación hay una historia y un nombre. También denuncia la herida menos visible: la indiferencia social. “Cuando estás en la calle, te conviertes en alguien invisible”, afirma. La falta de mirada y de reconocimiento agrava el daño y convierte la exclusión en una violencia cotidiana.
Contexto y retos actuales
El sinhogarismo sigue siendo un problema estructural en España y en Europa. Según datos recientes, miles de personas duermen cada noche en la calle en ciudades como Barcelona y Madrid. Las causas son diversas: pérdida de empleo, ruptura familiar, problemas de salud mental o falta de acceso a la vivienda. Organizaciones como Homeless Entrepreneur apuestan por soluciones integrales que combinen empleo, acompañamiento y políticas públicas de vivienda.
La experiencia de Andrew Funk pone el foco en la urgencia de mirar más allá de los estereotipos y de actuar antes de que la exclusión se convierta en una condena irreversible. Su mensaje es claro: el sinhogarismo no es solo una cuestión de techo, sino de dignidad, salud y derechos.