La Puerta del Sol de Madrid ya no es solo un punto de paso. Ahora es el centro de una protesta que ha roto el círculo habitual del activismo. La cultura ha ocupado la plaza. Tras el desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años, la acampada en su apoyo ha atraído a nombres del cine, la música y la literatura. Han decidido poner el foco en la crisis de la vivienda en España, justo en el corazón de la capital.
El domingo, Pedro Almodóvar llegó a la plaza con una bolsa de comida. Dijo que la situación es "insufrible" y que el problema de la vivienda no puede esperar más. Su gesto cambió el tono de la protesta. Dejó de ser solo una acampada. Se convirtió en un escenario donde la cultura se planta contra los desalojos y la especulación.
El desahucio de Maricarmen Abascal, tras más de setenta años en la misma vivienda, ha sido considerado por la ONU como una posible violación de los compromisos internacionales de España sobre el derecho a la vivienda.
Pocas horas después, el Sindicato de Inquilinas de Madrid montó el Fuck Rent Fest. Fue un festival improvisado. Músicos y artistas llenaron Sol. Teo Lucadamo, junto a su madre Aitana Sánchez Gijón, abrió con un rap que atacaba a inversores y rentistas. Las Petunias cambiaron su repertorio para lanzar mensajes directos a la presidenta regional. Blanca Paloma y Samantha Hudson reforzaron la convocatoria desde el escenario y las redes. El ambiente mezcló denuncia, creatividad y ganas de resistir.
La protesta fue más allá de la música. Juan Diego Botto usó un cuento infantil para hablar de la desigualdad en el acceso a la vivienda. Animó a los jóvenes a sumarse a la acampada y recordó que los derechos se conquistan, no se piden. Carlos Bardem, desde el escenario, pidió acabar con el sistema rentista. Defendió que la cultura debe estar con la gente, no con los poderosos. Para él, la cultura solo tiene sentido si es contestataria y sirve para empujar los límites.
La brecha generacional también se notó. Elizabeth Duval, escritora que vivió el 15-M siendo niña, dijo que la movilización de ahora es más organizada y con objetivos claros. Explicó que está en Sol más como inquilina que como autora. El problema, subrayó, afecta a quienes pagan alquiler, no solo a los creadores.
El contrato de alquiler de Maricarmen, heredado de sus padres desde 1956, fue declarado extinguido por los tribunales, que dieron la razón a la empresa propietaria Urbagestión. El Ayuntamiento de Madrid rechazó la propuesta de incluir la vivienda en el programa ReViva, cerrando así la vía para que Maricarmen pudiera regresar a su casa.
El grupo Biznaga, que lleva años colaborando con el Sindicato de Inquilinas, llamó la jornada histórica y necesaria. Para Jorge Navarro, su bajista, escuchar sus canciones en Sol, coreadas por miles fuera de la lógica comercial, fue la prueba de que la música puede ir más allá y formar parte de la vida de quienes luchan por un derecho básico.
El caso de Maricarmen Abascal ha sido la chispa que ha encendido un malestar social que venía de lejos. La acampada y la implicación de la cultura han devuelto a Sol la energía de las grandes protestas, quince años después del 15-M. Como reportado antes, la indignación por el desalojo ha convertido la plaza en símbolo de la lucha por la vivienda.
La crisis de la vivienda en Madrid se agrava con el alza de los precios del alquiler, la presión de los fondos de inversión y la falta de alternativas para quienes no pueden acceder a una vivienda digna. El apoyo de artistas y músicos no solo da más fuerza a la protesta. Obliga a las instituciones a mirar de frente un problema que afecta a miles de familias. Según datos de El Independiente, la manifestación previa a la acampada reunió entre 25.000 y 300.000 personas. Así se ve la magnitud del descontento social.
La cultura, lejos de ser un lujo, se ha convertido en motor de cambio y altavoz de las demandas sociales. Lo que pasa en Sol muestra que, cuando la injusticia se hace visible, la sociedad busca nuevas formas de reclamar derechos y exigir respuestas a una crisis que ya no admite excusas.