El Palacio de Buckingham ha enviado una carta oficial a altos cargos del Gobierno y del Ejército británico para dejar claro que el príncipe Harry y Meghan no recuperan ningún papel activo en la familia real, pese a su reciente regreso al Reino Unido. El mensaje, firmado por el lord chambelán, es directo: los duques de Sussex seguirán apartados de la vida institucional y no podrán utilizar sus títulos reales en actos públicos.
La decisión de hacer pública esta comunicación responde a la preocupación de que la falta de claridad sobre el estatus de Harry y Meghan pudiera generar confusión o intentos de crear una corte paralela. El rey Carlos III ha ordenado que la información se comparta con todos los representantes personales del monarca en el país, los llamados lord lieutenants, así como con los responsables de seguridad y protocolo.
En la carta oficial se especifica que los estilos de His/Her Royal Highness (HRH) permanecen en suspenso y no pueden ser utilizados públicamente por Harry y Meghan, aunque mantienen los títulos de duques de Sussex.
La carta también aclara que cualquier actividad benéfica que emprendan los duques será a título estrictamente privado. Además, cualquier cuestión sobre su seguridad operativa dependerá exclusivamente de las agencias policiales competentes, sin intervención directa de la Casa Real ni acceso automático a fondos públicos.
El control sobre la protección policial de Harry y Meghan sigue en manos del comité gubernamental RAVEC, encargado de decidir si corresponde restablecer la vigilancia financiada por el Estado. Desde que la pareja renunció a sus funciones oficiales en 2020, perdió ese derecho, y cualquier petición debe pasar por los cauces oficiales, sin trato de favor. Según fuentes de AP y PBS, la decisión sobre la seguridad recae en este comité y no en la Casa Real, lo que ha generado debates recurrentes sobre la protección de la pareja.
La misiva también advierte que cualquier solicitud de atención, cortesía o recursos públicos para los duques debe dirigirse directamente al Palacio de Buckingham, evitando así decisiones unilaterales por parte de organismos estatales o regionales.
En varias publicaciones se señala que el aviso sobre el regreso de la familia a Reino Unido se realizó con muy poca antelación, lo que pudo complicar la organización de la seguridad y el protocolo. En algunos informes se menciona que el plazo estándar de notificación suele ser de 28 días.
Este movimiento no cambia el estatus de Harry y Meghan, pero refuerza la línea marcada por la monarquía británica desde su salida: no hay vuelta a la vida oficial ni privilegios asociados a la institución. El mensaje busca evitar malentendidos y proteger la imagen de la familia real ante posibles interpretaciones interesadas. En un contexto donde la reputación y la gestión de fondos públicos están bajo escrutinio, la Casa Real opta por la transparencia y el control directo sobre cualquier aspecto que pueda afectar a su funcionamiento. Así, la decisión de Carlos III cierra la puerta a un regreso institucional de los duques y marca un precedente sobre cómo se gestionan los límites entre la vida privada y los privilegios reales en el Reino Unido.