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Cómo el apoyo de Italia y la postura de Londres influyeron en el desenlace de la guerra en España

Ricardo Rubio Español.News

Publicado por Ricardo Rubio

Cómo el apoyo de Italia y la postura de Londres influyeron en el desenlace de la guerra en España Español.News
Cómo el apoyo de Italia y la postura de Londres influyeron en el desenlace de la guerra en España

Diplomacia española durante la Guerra Civil: nuevos documentos revelan detalles. En Madrid se ha presentado una obra sobre el papel de los diplomáticos españoles durante la Guerra Civil. Nuevos archivos muestran quién apoyó a la República y quién colaboró con los sublevados. Destaca la influencia de las potencias extranjeras.

En Madrid se ha publicado una extensa obra titulada «Al servicio de la democracia», dedicada al papel de los diplomáticos españoles durante la Guerra Civil. Por primera vez, los autores revelan documentos de archivo que muestran cómo las fuerzas externas y las acciones de determinados embajadores influyeron en el curso de los acontecimientos. El libro, coordinado por el historiador Ángel Viñas, se basa en materiales de archivos nacionales y extranjeros, correspondencia oficial y entrevistas para analizar por qué el frente diplomático fue tan crucial como el militar.

Se presta especial atención a cómo los monárquicos y los partidarios de Franco prepararon con antelación el apoyo de Italia. Diecisiete días antes del inicio del levantamiento en julio de 1936, en Roma se firmaron contratos para el suministro de material bélico y armamento con la empresa aeronáutica italiana SIAI. Según los autores, estos acuerdos fueron clave para el comienzo de las operaciones militares. El régimen italiano de Mussolini, según el libro, fue la primera dictadura europea que apoyó abiertamente a los conspiradores, con la esperanza de instaurar en España un régimen afín al fascismo.

El libro analiza en detalle las acciones de los diplomáticos españoles en Roma y Berlín. En particular, el embajador en Italia, Manuel Aguirre de Carcer, se vio obligado a dimitir bajo la presión de los partidarios del levantamiento, mientras que los agregados militar y naval participaron activamente en las negociaciones con las autoridades italianas. En Berlín, el embajador Francisco Agramonte apoyó al bando de Franco, lo que queda confirmado por una correspondencia con el general Mola publicada por primera vez. En una de las cartas, Mola agradece directamente al diplomático por su “comportamiento de verdadero español” y promete utilizar sus contactos en beneficio de los sublevados.

No menos relevante fue el frente diplomático en Londres. Según los autores, las acciones del embajador Julio López Oliván y de otros diplomáticos contribuyeron a que Reino Unido y Francia insistieran en la política de no intervención. Esta decisión privó de facto a la República del acceso a sus mercados tradicionales de armas y determinó el desenlace de la guerra. En la capital británica, los intereses de los sublevados estaban representados por reconocidos monárquicos, y los intentos de los diplomáticos republicanos por cambiar la postura de Londres y París no tuvieron éxito. Finalmente, en febrero de 1939 ambos países reconocieron oficialmente al gobierno de Franco.

El libro también revela episodios poco conocidos relacionados con la actividad de varios diplomáticos. Por ejemplo, José Antonio Sangroniz, quien fue designado representante en Caracas, se vio involucrado en maniobras financieras y contactos con falangistas locales. A pesar de las irregularidades detectadas, no enfrentó consecuencias: el aparato represivo del régimen estaba dirigido exclusivamente contra los opositores de Franco.

Un capítulo aparte está dedicado a las primeras mujeres diplomáticas de España. Ya a principios de la década de 1930 obtuvieron el derecho a trabajar en el Ministerio de Asuntos Exteriores, algo inusual en la Europa de aquella época. Durante la guerra y después de ella, muchas de ellas, incluidas Margarita Salaverría y Victoria Kent, se dedicaron a evacuar niños y ayudar a los refugiados. Tras la victoria de Franco, la mayoría de las diplomáticas se vieron obligadas a emigrar, continuando su carrera profesional en México y Suiza.

La influencia de actores externos en los procesos internos de España en los años 30 sigue generando debate entre los historiadores. Como señalan los autores, el apoyo de Italia y Alemania fue decisivo para el éxito de los sublevados, mientras que la política de no intervención de Reino Unido y Francia aisló de facto a la República. Las cuestiones de lealtad y traición en el cuerpo diplomático siguen siendo relevantes hoy en día, especialmente en el contexto de los actuales conflictos internacionales. Por cierto, sobre cómo las condiciones externas pueden frustrar incluso grandes acuerdos, se informó recientemente en un artículo sobre el fracaso de las negociaciones para la venta de un club de fútbol: detalles del acuerdo con el Sevilla.

Para entender el contexto: España en la década de 1930 se convirtió en escenario de luchas entre diversas fuerzas políticas e ideológicas de Europa. La Guerra Civil de 1936–1939 dio paso a la dictadura de Franco, que se mantuvo hasta 1975. Durante este periodo, el país estuvo aislado de la mayoría de las instituciones europeas y muchos participantes de aquellos acontecimientos acabaron en el exilio. Las cuestiones relacionadas con la memoria histórica y la valoración del papel de los diplomáticos siguen siendo objeto de debate social y académico.

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