Pedro Sánchez ha presenciado el desmontaje de la Verja en la frontera con Gibraltar. El acuerdo elimina controles y modifica el tránsito para miles de trabajadores. La medida afecta a residentes y comercios de ambos lados.
La frontera entre España y Gibraltar ha vivido este miércoles un cambio histórico con el inicio del desmontaje de la Verja, símbolo de décadas de separación y controles. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, acudió a la retirada de una de las puertas en el lado español, destacando que se trata del “último muro de la Europa continental”. El acto, que tuvo lugar apenas horas después de la eliminación simbólica de la barrera en la parte gibraltareña, marca el fin de una etapa marcada por restricciones y largas esperas para miles de personas que cruzan a diario.
El acuerdo alcanzado tras cinco años de negociaciones redefine el paso fronterizo y elimina los controles tradicionales, afectando directamente a los más de 15.000 trabajadores transfronterizos, de los cuales el 70% son españoles. Entre las novedades, se garantiza el acceso a prestaciones de desempleo y se prevé la creación de un fondo de cohesión para reducir desigualdades. Además, se ha anunciado que las pensiones de estos empleados estarán protegidas y podrán complementarse según los mínimos españoles, aunque los detalles aún deben concretarse.
Durante su visita, Sánchez recorrió a pie el tramo español de la frontera acompañado por Fabian Picardo, ministro principal de Gibraltar, el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares y alcaldes del Campo de Gibraltar. Sin embargo, el presidente no utilizó el aeropuerto de Gibraltar ni pisó suelo gibraltareño, pese a que el aeropuerto abrirá ahora a vuelos comerciales con países fuera del Reino Unido. Sánchez subrayó que el acuerdo se ha alcanzado sin renunciar a los principios de cada parte y defendió que protege los intereses españoles y respeta el derecho internacional.
El ambiente en la frontera era de transición: garitas policiales vacías, edificios sin uso definido y nuevas instalaciones temporales para la Policía Nacional, que ha trasladado los controles junto al aeropuerto. Según fuentes policiales, la plantilla de 90 agentes podría reducirse a la mitad en el futuro. La eliminación de la Verja supone también cambios para los residentes, como la aplicación de una tasa del 15% a las importaciones en Gibraltar, medida que busca reducir la diferencia de precios con España respecto al IVA. Esta novedad ya se ha hecho notar en comercios y supermercados, generando tanto expectación como incertidumbre entre los habitantes de ambos lados.
El impacto económico del acuerdo es uno de los puntos de atención. Comerciantes y portavoces de grupos transfronterizos advierten que la nueva fiscalidad podría afectar a estancos, tiendas de bebidas alcohólicas y productos electrónicos en Gibraltar, que perderán parte de su ventaja competitiva. Sin embargo, representantes españoles confían en que el aumento del flujo turístico compense posibles pérdidas. La situación recuerda a otros momentos de tensión política en la península, como los recientes debates sobre candidaturas en Valencia, donde la incertidumbre institucional también ha marcado la agenda, según se recoge en informaciones sobre divisiones internas en el PP valenciano.
El acuerdo sobre la Verja de Gibraltar afecta a unos 40.000 gibraltareños y 64.400 linenses, modificando rutinas y relaciones comerciales. La frontera, conocida en llanito como la focona, ha sido durante décadas un punto de fricción, desde el cierre franquista hasta la reapertura en los años 80 y la incertidumbre del Brexit. Ahora, la eliminación de los controles abre una nueva etapa, aunque persisten dudas sobre la aplicación práctica de algunas medidas y el impacto real en la economía local. El proceso de adaptación será clave para evaluar el alcance de este cambio en la vida diaria de la zona.
Como contexto, Gibraltar es un territorio británico de ultramar situado en el extremo sur de la península ibérica, cuya soberanía ha sido motivo de disputa entre España y Reino Unido desde el siglo XVIII. La Verja fue instalada en 1909 y reforzada durante el franquismo, permaneciendo cerrada entre 1969 y 1985. El paso fronterizo es vital para la economía local, especialmente para los trabajadores españoles que cruzan a diario. El nuevo acuerdo busca facilitar la movilidad y reducir tensiones, aunque la cuestión de la soberanía sigue sin resolverse y dependerá de futuros desarrollos diplomáticos.