Diego Luna no esquiva el tema. El actor y director mexicano denuncia un "odio generalizado y destapado" contra los migrantes. Lo ve claro en las políticas migratorias recientes de Estados Unidos y en la actitud de parte de la sociedad europea. Luna dice que este rechazo ya no se esconde. Se muestra con orgullo y alimenta una persecución diaria contra quienes buscan una oportunidad lejos de su país.
Su reflexión nace de su nueva película, Ceniza en la boca, basada en la novela de Brenda Navarro. Luna dirige el filme, que se presentó en el Festival de San Sebastián. Cuenta la historia de dos hermanos mexicanos que emigran a Madrid para reencontrarse con su madre, que lleva años en España sin papeles. La cinta ha sido reconocida por tratar temas sociales, políticos y de género desde la experiencia migrante.
La película de Diego Luna fue galardonada en San Sebastián con el premio Agenda 2030 Euskadi Basque Country por su sensibilidad social y enfoque migratorio.
En La Revuelta, Luna insistió en que nadie deja su país por gusto. Dijo que los movimientos migratorios van en aumento y que la respuesta de las sociedades receptoras define la convivencia. Lamenta que, en vez de empatía, domine la ignorancia y el rechazo, sobre todo cuando las políticas oficiales refuerzan la hostilidad.
Para Luna, el cine puede romper esa barrera. "Te enseña la vida de otros", afirma. Cree que mostrar historias migrantes en la pantalla puede cambiar la incomodidad y el miedo por respeto o, al menos, por apertura. Europa, y en especial España, se han vuelto destinos clave para la migración latinoamericana. Esto hace más urgente pensar en el papel de quienes reciben. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), solo en el segundo trimestre de 2026 llegaron a España cerca de 34.000 colombianos, 23.300 venezolanos y 16.800 peruanos. España se consolida así como uno de los principales destinos para migrantes latinoamericanos.
El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de España informó que a 30 de junio de 2026 había 542.953 extranjeros con autorización de residencia por arraigo, un 54,7% más que el año anterior.
La película de Luna no solo muestra la experiencia de quienes se ven obligados a dejarlo todo. También invita a cuestionar la actitud de las sociedades de acogida. El director pide más apoyo al cine independiente. Está convencido de que la cultura puede ayudar a una convivencia más justa. Así, la conversación sobre migración se cruza con otros debates recientes sobre vulnerabilidad y arte, como el que abrió Igor Yebra al hacer pública su enfermedad.
Hoy la migración es un fenómeno estructural, no una excepción. España, por su posición y su historia reciente, es uno de los principales destinos para migrantes latinoamericanos y africanos. Las políticas migratorias de Estados Unidos bajo Donald Trump, que Luna menciona, endurecieron y criminalizaron la movilidad. Esta tendencia se ha repetido en otros países occidentales. La presión sobre los sistemas de acogida, la fragmentación familiar y la dificultad de integración siguen siendo retos que no se resuelven con rechazo o indiferencia. Luna apuesta por el cine como espacio de empatía y reflexión. Llama a no resignarse ante la normalización del odio. Con la movilidad humana en aumento, la capacidad de las sociedades para recibir y respetar a quienes llegan será una de las pruebas más claras de su madurez democrática y cultural.
El crecimiento de la población migrante y su integración en el mercado laboral español ha sido destacado en informes recientes del Ministerio de Inclusión, que subrayan el carácter estructural de la migración en España.