Igor Yebra, bailarín y coreógrafo, ha decidido contar en voz alta lo que llevaba años guardando. Desde 2015, vive con esclerosis múltiple. Hasta ahora, solo su círculo más cercano lo sabía. Lo cuenta en su autobiografía, donde explica cómo la enfermedad ha cambiado su día a día y su carrera.
Yebra nació en Bilbao y tiene 54 años. Es un nombre clave de la danza clásica internacional. El diagnóstico llegó cuando ya había dejado los escenarios y se dedicaba a la coreografía, la dirección y la enseñanza. El libro, titulado ¿Por qué somos tan estúpidos y no estamos ya bailando?, lo publica Bao Bilbao. Por primera vez, Yebra detalla el impacto real de la esclerosis múltiple en su vida.
Hasta 2021, solo una docena de personas del entorno más cercano de Yebra conocían su diagnóstico de esclerosis múltiple, que él mantuvo en secreto durante años.
La aceptación no fue fácil. Tras una punción lumbar en 2015, Yebra prefirió no saber el diagnóstico exacto. No fue hasta 2017, por un descuido de un médico, cuando supo el nombre de la enfermedad. Los síntomas empeoraron en 2021. Tuvo que empezar un tratamiento con efectos secundarios visibles y contar la verdad a más gente. Hasta ese momento, solo una docena de personas lo sabían.
La esclerosis afecta sobre todo a su pierna izquierda y le dificulta moverse, aunque Yebra dice que consigue disimularlo en público. Su rutina es dura: entrena temprano y mantiene una disciplina estricta. Durante años pensó que el esfuerzo físico podía tapar cualquier debilidad. Ahora admite que ese empeño pudo empeorar los síntomas.
La carrera de Yebra nunca fue la típica. Debutó con 15 años en el Ballet de Víctor Ullate, junto a Tamara Rojo y Ángel Corella. Pronto eligió ir por libre y se convirtió en uno de los pocos bailarines freelance en la danza clásica, actuando como estrella invitada en compañías europeas de primer nivel. En 2004 fue el primer no ruso en bailar Iván el Terrible en el Teatro del Kremlin. También se subió a un ring de boxeo con Sol Picó en La lucha libre vuelve al Price.
Según diversas publicaciones, los primeros síntomas de la enfermedad aparecieron en 2013, pero el diagnóstico definitivo solo llegó tras una punción lumbar en 2015. En 2017, Yebra conoció el nombre de su dolencia por casualidad, tras un comentario de un médico.
En el libro, Yebra evita el drama y la queja. Prefiere mirar de frente la vulnerabilidad, tanto en la enfermedad como en el arte. Recuerda su infancia en Bilbao, sus primeras mallas rojas y el peso de los abusos sufridos por un profesor de danza, hechos que marcaron su carácter reservado y su relación con el mundo artístico.
El libro incluye dibujos de su madre, retratos de amigos, fotos familiares y textos de colegas y especialistas. Es un mosaico íntimo y coral. Yebra da mucha importancia a la palabra escrita y a la literatura, y cita a autores como Zelda Fitzgerald y Sarah Manguso. Reconoce que publicar su historia ha sido un reto personal.
En 2018, mientras dirigía el Ballet Nacional del Sodre en Uruguay, también presentó el programa de televisión Fama! A bailar. Aquella etapa, llena de viajes entre España y Uruguay, coincidió con el empeoramiento de los síntomas. El propio Yebra admite que ese ritmo frenético no ayudó a su salud.
Ahora, su prioridad es frenar el deterioro físico. También quiere que su libro sirva para abrir conversaciones y crear comunidad en torno a la danza y la vulnerabilidad. Su testimonio se suma a otros relatos recientes de figuras públicas que han decidido visibilizar enfermedades crónicas, como se ha visto en reportes anteriores sobre historias personales que impulsan cambios sociales.
La esclerosis múltiple es una enfermedad neurológica crónica que afecta a más de 55.000 personas en España, según datos de asociaciones especializadas. No tiene cura, pero los tratamientos actuales pueden ralentizar su avance y mejorar la calidad de vida. El caso de Yebra pone el foco en la necesidad de dar visibilidad a quienes conviven con enfermedades invisibles, sobre todo en profesiones donde el cuerpo y la imagen pública lo son todo. Su decisión de contar su experiencia no busca compasión, sino abrir una reflexión sobre la fortaleza y los límites en el arte y en la sociedad. Más detalles sobre la trayectoria y el testimonio de Yebra pueden leerse en El País Uruguay.