La protesta de este sábado en el centro de Madrid dejó claro que PP y Vox no van de la mano, aunque intentaron mostrar unidad. Miles se reunieron en la Gran Vía para pedir elecciones anticipadas y exigir que Pedro Sánchez sea investigado por traición. Pero la sintonía entre los dos grandes partidos de la derecha se rompió a la vista de todos.
La convocatoria fue obra de Sociedad Civil Española (SCE), una plataforma que agrupa a más de 150 asociaciones de todo el país. Algunos informes elevan la cifra a casi 200 entidades. El recorrido oficial arrancó a las 10:00 en la Plaza de Cibeles y debía terminar sobre las 14:00 en el Arco de la Victoria, en Moncloa. Así lo confirmaron varias publicaciones independientes y la propia organización.
La manifestación de Madrid fue la segunda 'Marcha por la Dignidad', tras una primera edición en mayo que reunió a decenas de miles de personas, mostrando el crecimiento de la movilización en torno a Ceuta y la oposición a Sánchez.
Santiago Abascal, líder de Vox, no esperó ni al inicio de la marcha para lanzar reproches al PP. Acusó a los populares de rechazar su propuesta de formar un gobierno conjunto en Ceuta y de negarse a impulsar en el Congreso una investigación por traición contra Sánchez. Abascal fue directo: no entiende por qué el PP se niega a sentar al presidente ante el Tribunal Supremo.
Por su parte, Miguel Tellado, secretario general del PP, marcó distancia al llegar a la concentración. El PP apoyó la protesta, pero dejó claro que no respalda el manifiesto que pide juzgar a Sánchez por traición y atentado contra la seguridad del Estado. Tellado insistió en que el PP quiere elecciones, pero confía en la justicia y en las diligencias abiertas en la Audiencia Nacional. Así evitó sumarse a las acusaciones más graves. Medios como El País destacan que el PP solo pidió elecciones y confió en los cauces judiciales ya abiertos, sin exigir activar el artículo 102 de la Constitución para procesar a Sánchez.
Entre los manifestantes, el ambiente era de enfado. Se vieron carteles con la imagen de Sánchez tras las rejas y se escucharon cánticos como “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” y “Pedro Sánchez a prisión”. Algunos, como Paco, llevaban pancartas dirigidas tanto a Sánchez como a Feijóo. Otros justificaban los insultos por la frustración acumulada. La sospecha de fraude electoral estuvo presente, alimentada por el texto de la convocatoria que hablaba de “maniobras torticeras” del Gobierno y de un supuesto "pucherazo electoral". Pero esta acusación sigue siendo política, sin pruebas judiciales.
El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, calificó el manifiesto de la marcha como un 'delirio de la derecha y ultraderecha', distanciándose del contenido y criticando las acusaciones de 'invasión' en Ceuta.
La preocupación por Ceuta y la política migratoria fue uno de los temas centrales. Vox y los organizadores citaron la llegada de unos 80.000 migrantes a la ciudad hasta finales de julio. Este dato se repitió en los discursos para criticar la gestión del Gobierno y pedir medidas más duras. También hubo críticas a la política de vivienda. Jóvenes como Gala y Natalia, envueltas en banderas de España, lamentaban la falta de opciones para independizarse y la inacción del Ejecutivo en el alquiler. No todos sabían que esa misma tarde se celebraba en Madrid otra manifestación por el derecho a la vivienda.
Sociedad Civil Española, la organizadora, logró reunir a grupos de todo el espectro conservador. Pero la falta de acuerdo sobre la acusación de traición dejó clara la distancia entre PP y Vox. El PP eligió una postura más institucional. Vox presionó para llevar el conflicto político a los tribunales. Según Europa Press, no hay ninguna resolución judicial que haya declarado a Sánchez culpable de traición. Esto subraya que las acusaciones lanzadas en la marcha son políticas.
El clima político en España sigue marcado por la polarización y la desconfianza hacia el Gobierno. La protesta de Madrid se suma a otras movilizaciones recientes que han puesto en duda la legitimidad del Ejecutivo y la respuesta de la oposición. Mientras tanto, otros asuntos como los festivos autonómicos también han estado en la agenda, como se contó en información anterior.
La jornada en Madrid muestra que la derecha española no logra unirse en una estrategia común frente a Pedro Sánchez. Vox quiere llevar el conflicto al terreno judicial. El PP prefiere esperar a los procesos legales ya abiertos. Esta división debilita a ambos partidos y les impide convertir el descontento social en una alternativa clara. El Gobierno resiste y la calle sigue siendo el escenario principal del pulso político.
Más detalles sobre la convocatoria y las posturas de los partidos están en el análisis de El País.