La República Democrática del Congo enfrenta el tercer mayor brote de ébola registrado. La OMS confirma más de 2.000 casos y casi 800 muertes. Uganda logra contener la emergencia y da el alta al último paciente.
La República Democrática del Congo (RDC) atraviesa una de sus crisis sanitarias más graves tras confirmarse que el actual brote de ébola ya es el tercero más grande de la historia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de casos ha alcanzado los 2.073, con 796 fallecimientos, cifras que superan ampliamente la evolución de brotes anteriores en el país. En solo dos meses desde la declaración oficial de la epidemia, la propagación del virus ha desbordado las previsiones iniciales y ha puesto en jaque a los equipos de respuesta internacional.
La provincia de Ituri se ha convertido en el principal foco de preocupación para las autoridades sanitarias. Más del 80% de los nuevos contagios se producen fuera de los contactos identificados, lo que evidencia la dificultad para rastrear las cadenas de transmisión y controlar la expansión comunitaria. Además, dos tercios de las muertes se registran en entornos comunitarios, afectando a personas que no han recibido atención médica en centros especializados.
Frente a este escenario, la OMS, en colaboración con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África (Africa CDC) y el gobierno congoleño, ha intensificado el despliegue de recursos. Actualmente, la capacidad hospitalaria supera las 800 camas y el número de laboratorios de diagnóstico ha pasado de uno a dieciséis. El rastreo de contactos alcanza ya una efectividad cercana al 80%, y más de 21.000 trabajadores comunitarios han sido formados para reforzar la respuesta sobre el terreno.
En paralelo, la investigación científica avanza con ensayos clínicos de nuevos tratamientos y vacunas. Entre las iniciativas más destacadas figuran el uso del anticuerpo monoclonal MBP134, el antiviral remdesivir y la vacuna ChAdOx1, cuyo primer ensayo de seguridad está liderado por la Universidad de Oxford. Además, se ha iniciado la profilaxis post-exposición con el antiviral obeldesivir para personas en contacto con casos confirmados pero aún asintomáticas. A pesar de la ausencia de tratamientos aprobados, 377 personas han logrado recuperarse, lo que subraya la importancia del diagnóstico temprano y la atención adecuada.
Mientras tanto, Uganda ofrece un contrapunto esperanzador en la región. El país ha dado el alta al último paciente confirmado de ébola y comienza la cuenta atrás de 42 días para declarar oficialmente el fin del brote en su territorio. El balance en Uganda se ha mantenido contenido, con 20 casos diagnosticados y solo dos fallecimientos.
La gestión de emergencias sanitarias en África Central se enfrenta a retos similares a los que viven otras regiones ante catástrofes naturales o crisis epidemiológicas. Por ejemplo, la reciente ola de incendios en Zaragoza obligó a evacuar a decenas de personas y puso a prueba la capacidad de respuesta de los servicios locales, como se detalla en el análisis sobre el avance del fuego en Asín.
El brote actual de ébola en la RDC pone de relieve la vulnerabilidad de los sistemas sanitarios en contextos de conflicto y movilidad poblacional. El virus del ébola, identificado por primera vez en 1976, ha provocado varios brotes en África Occidental y Central, siendo el más letal el registrado entre 2014 y 2016 en Guinea, Liberia y Sierra Leona, con más de 11.000 muertes. La rápida expansión en la RDC subraya la necesidad de fortalecer la vigilancia epidemiológica y la cooperación internacional para contener futuras emergencias. La OMS mantiene la alerta y continúa supervisando la evolución de la situación, mientras la comunidad científica sigue buscando soluciones efectivas para frenar la transmisión y reducir la mortalidad.