Hace tres décadas, unas imágenes de Daniel Ducruet con una stripper en la piscina pusieron en jaque a la familia Grimaldi. El episodio, lleno de traiciones y chantajes, sigue siendo uno de los momentos más comentados de la crónica rosa europea.
Treinta años después, el eco de aquel verano de 1996 sigue resonando en la memoria de la prensa del corazón. Daniel Ducruet, entonces marido de Estefanía de Mónaco, fue protagonista involuntario de uno de los escándalos más sonados de la realeza europea. Las imágenes explícitas junto a una mujer en una piscina no solo pusieron en jaque a la Casa Grimaldi, sino que redefinieron el concepto de escándalo mediático en los años noventa.
La historia, que hoy sería difícil de imaginar en la era de la sobreprotección mediática, comenzó en el circuito de las 24 Horas de Spa-Francorchamps, en Bélgica. Allí, Ducruet, con 31 años y aún reciente en su papel de príncipe consorte, conoció a Fili Houteman, una joven de 24 años con el título de Miss Bélgica Sin Ropa 1995. Lo que parecía una simple coincidencia se transformó en una trampa cuidadosamente orquestada: un compañero de escudería, la propia Fili y el paparazzi Stéphane de Lisiecki se aliaron para captar el encuentro más comprometido de la temporada.
El resultado: 396 fotografías y un vídeo de alto voltaje, capturados desde una propiedad vecina, que mostraban a Ducruet en una situación imposible de justificar. El material, según relata Divinity, fue ofrecido a varios medios y, pese a los intentos de Ducruet por frenar su publicación en Francia, acabó en manos de una revista italiana y, poco después, en la portada de Interviú en España, que incluso distribuyó el vídeo en formato VHS. El impacto fue tal que el asunto trascendió la prensa rosa y llegó a programas de análisis como 'Informe semanal', demostrando el alcance mediático del caso.
Una traición con eco internacional
La reacción no se hizo esperar. El matrimonio entre Estefanía y Ducruet, ya marcado por la presión mediática y los rumores, no resistió el golpe. El divorcio fue casi inmediato, y la imagen de la familia Grimaldi quedó, una vez más, en el centro de todas las miradas. Ducruet, por su parte, intentó defender su honor en los tribunales, alegando invasión de la intimidad y asegurando que había sido víctima de una trampa en la que incluso, según su versión, fue drogado. Aunque ganó el juicio en el año 2000, la indemnización recibida fue muy inferior a la que reclamaba.
Durante estos años, Ducruet ha mantenido que aquella noche fue manipulado y que, al regresar a casa, confesó todo a Estefanía. Según su relato, la princesa rompió a llorar, pero en ese momento no hablaron de separación. Sin embargo, la presión aumentó cuando recibió una llamada anónima advirtiéndole de la existencia de las imágenes. El escándalo ya era imparable.
Después del escándalo
La vida de ambos siguió caminos distintos, pero siempre bajo la sombra de aquel episodio. Estefanía rehízo su vida sentimental, fue madre de su tercera hija y se casó de nuevo. Ducruet, por su parte, protagonizó montajes mediáticos en España, participó en programas de televisión y volvió a casarse en 2018 con Kelly Marie Lancien, con quien tiene una hija. A pesar de todo, la relación entre la princesa y su exguardaespaldas ha evolucionado hacia una cordialidad pública: celebran juntos los cumpleaños de sus hijos y mantienen una convivencia familiar ejemplar, según han declarado en los últimos años.
El caso Ducruet-Estefanía se mantiene como uno de los grandes hitos de la crónica social europea, comparable en repercusión a otros episodios mediáticos recientes, como el gesto íntimo de Sandra Bullock tras la enfermedad de Bryan Randall, que también generó un intenso debate sobre la exposición pública de las figuras conocidas (más detalles aquí).
Un escándalo que no se olvida
Treinta años después, la historia de la piscina sigue siendo un referente de cómo una imagen puede cambiarlo todo en la vida de una familia real. La Casa Grimaldi, acostumbrada a los titulares, vivió entonces uno de sus momentos más delicados, y la prensa del corazón encontró en aquel episodio una fuente inagotable de titulares, análisis y debates sobre los límites de la privacidad y el precio de la fama.